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El alma al aire

Enganchada por la pasión en la final de tenis

Enganchada por la pasión en la final de tenis

No soy persona especialmente interesada por los acontecimientos deportivos. Ocurre a veces que mientras mi familia está reunida para comer, si están retransmitiendo a esa hora alguna carrera de Fórmula Uno, sentada de espaldas al televisor, casi tengo que hacerme invisible en una esquina de la mesa para no entorpecer la visión de mi yerno y de mis hijos, fieles seguidores de Fernando Alonso.

Ayer por la tarde sin embargo me ocurrió algo inesperado. El grupo familiar había aumentado hasta diez personas. Al terminar de comer, las mujeres nos levantamos de la mesa para encargarnos de las tareas domésticas y los hombres ocuparon los sofás, dispuestos a no perderse ni un detalle de la final del famoso torneo de tenis Roland Garros en el que participaba el español Rafael Nadal.

Los comienzos del partido resultaron duros para nuestro representante. El suizo Federer, primer jugador en el ranking mundial de tenis, parecía además contar con el apoyo de la mayor parte de los espectadores, a juzgar por los constantes gritos de ánimo y aplausos que le dedicaban. Cuando todo en la cocina quedó limpio y ordenado, me uní al grupo familiar. Y… al poco rato… ¡Me sorprendí jaleando a nuestro tenista! ¡Gozando con sus triunfos y sufriendo con sus reveses! A veces la balanza parecía nivelarse, para a continuación inclinarse hacia uno u otro jugador. ¡Qué zozobra! Cuando Nadal se tumbó de espaldas sobre la tierra rojiza para celebrar su victoria, un grito unánime de alegría y de orgullo se escapó de nuestras gargantas. Era como si cada uno de nosotros hubiésemos ganado con él.

Alzarse con el triunfo dos años consecutivos en el Roland Garros es considerado una proeza.

¡Enhorabuena, campeón! ¡Eres un monstruo!

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La soledad y el amor

La soledad y el amor

Recuerdo que allá por los días de mi juventud, en la programación de la tarde de una emisora de radio emitían el consultorio sentimental de Doña Elena Francis. Todavía me parece escuchar su pegadiza sintonía. Muchos oyentes, la mayor parte mujeres, escribían para exponerle sus problemas, de lo más variopintos que uno pueda imaginar, esperando que ella encontrase una solución para los mismos.

No me parece que tenga yo vocación ni dotes para esos menesteres, pero, por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a darle a un amigo mi opinión.

Si un día, tal vez cuando menos lo esperes, conoces a una chica, y al mirarla a los ojos quieres perderte en ellos, si notas que al estar a su lado una oleada ardiente te recorre por dentro, si no concibes la vida sin vivirla con ella… es que el amor llamó a tu puerta. ¡Ábrele! No te emparejes nunca por el único hecho de no encontrarte solo. La soledad en muchas ocasiones puede resultar una bendición. ¡La compañía de dos personas sin amor, en una gran parte de los casos se convertirá en un infierno!

A vueltas con el queso

A vueltas con el queso

Recientemente, Eberth Vargas Soto pasó por mi página, y clikeando en mi primer mes de andadura por el mundo de los blogs, fue a parar a mi artículo: "Reflexiones sobre el libro ¿Quién se ha llevado mi queso?"

Me dice que haga un resumen sobre el mismo.

¡Puf! Casi lo tengo olvidado después de dos años y medio de su lectura.

Bastaría con que Eberth tecleara el título en un buscador, Google por ejemplo, para encontrar páginas con información sobre él. Pero, voy a hacerlo. Veamos.

¿Consideras que la vida te ha tratado bien hasta el presente? ¿Tienes salud, familia, casa, trabajo, amor, amistad…? ¡Qué suerte! ¡Pero no te confíes! ¡No te duermas en los laureles! La vida está en constante mudanza, y cuando menos lo esperes puede arrastrar consigo todas tus "seguridades": Enfermedad, accidente, inundación, terremoto, guerra, desamor, despido laboral, desahucio… ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo afrontar ese momento difícil?

Este libro contiene una pequeña fábula sobre dos ratoncitos y dos liliputienses que viven en un laberinto. Los cuatro se mantienen del queso que hay almacenado en una habitación del mismo. Pero, un día, sin haberse dado cuenta de lo que se avecinaba, se encuentran con que el queso ha desaparecido. Nuestros protagonistas reaccionan de muy diferentes maneras ante lo que supone para ellos una catástrofe. Los ratones desde el primer momento se internan por los intrincados pasillos en busca del nuevo queso, en cambio los liliputienses durante muchos días se dedican tan sólo a lamentarse por lo injusto de la situación y esperan que todo vuelva a ser como antes. Por fin, uno de ellos piensa en los ratones y sigue su ejemplo sin amilanarse ante lo desconocido, mientras el otro es incapaz de dar un paso para cambiar la situación.

Y ahora… ¡Me estoy planteando pedir una comisión al autor por la publicidad gratuita y repetida de su libro! ¡Ja, ja, ja!

El dinero nos hace libres

El dinero nos hace libres

Sea porque mi salud se ha resentido últimamente, o porque estoy dedicando más tiempo libre a la lectura, o porque mi cuerpo me pide, no sé por qué razón, dejar pasar los días sin más, me siento especialmente vaga para la escritura. Pero esta tarde, mientras doy mi acostumbrado repaso a la revista XLSEMANAL, me he topado con una página dedicada a la publicidad de Caja Madrid. Sobre el cielo de un paisaje marino, en el que aparece fotografiado de la cintura hacia abajo un hombre, joven a juzgar por su aspecto, aparece esta frase lapidaria que me ha producido una especie de arañazo en el estómago: "El dinero nos hace libres"

Hasta hoy yo siempre había oído decir aquello de "La verdad os hará libres", pero ahora parece ser que no, que lo que en realidad nos hace libres es el dinero.

¿Es así? –me pregunto. Y estoy un buen rato dándole vueltas al tema en mi cabeza. Y voy poniendo en dos columnas los pros y los contras que encierra el vil metal.

Es verdad que no se puede prescindir de él. El dinero cubre nuestras necesidades materiales, nos hace la vida más fácil, nos abre muchas puertas, nos permite hacer un sin fin de cosas que no podríamos hacer sin él. Pero… No es cierto que el dinero nos dé la libertad. El dios dinero, a menudo esclaviza y corrompe como ninguna otra cosa en el mundo. Por su culpa puede perderse la honradez, la vergüenza y la amistad, por él se miente, se traiciona, y hasta se mata.

Como todo ser humano, yo encierro en mi corazón unas enormes ansias de libertad, pero sé muy bien que no será en el dinero donde pueda encontrarla.

 

 

 

Desde el hospital

Desde el hospital

El miércoles por la tarde ingresó mi marido en el hospital. El neumólogo le había programado un estudio del sueño para esa noche. Seguramente necesitará un respirador para dormir porque  ha disminuido considerablemente su capacidad respiratoria. En principio pensábamos que el jueves volveríamos a casa, pero tenía que tener un periodo de adaptación al aparato porque, según nos han dicho, hay enfermos que encuentran dificultad para tolerarlo. En un principio nos dijeron que tendríamos que pasar el fin de semana en "este hotel".

¡Qué lento transcurre el tiempo aquí! Cada hora se alarga, se alarga… Tenemos un compañero de habitación tremendamente nervioso. Lleva ya quince días ingresado, y cuatro días esperando la última prueba que le permitirá irse a su casa.  Constantemente entra y sale de la habitación, resopla y muestra su enfado. Enciende la televisión para matar el tiempo. "Aquí hay tomate" primero, "Supervivientes" después. No veo nunca esos programas. No me gustan. Es más, y que me perdonen los que intervienen en ellos o los espectadores aficionados a los mismos, me parecen un horror y una enorme pérdida de tiempo.

Me canso de estar sentada. En pie para estirar las piernas, miro a través de la ventana. Abajo se divisa un paisaje multicolor de coches aparcados frente a la entrada de Urgencias. A la izquierda, una pareja de deportistas solitarios corre sobre el césped de un campo de fútbol cercano. Detrás, la ciudad con sus altos edificios bañados por el sol de la tarde se extiende hasta la lejanía.

 Ya ha pasado otra noche. Hemos logrado dormir razonablemente bien. Alrededor de las siete, el hospital parece despertar. Se escucha por el pasillo la voz de las enfermeras, sus pasos apresurados, el deslizar de los carros de ruedas que portan el material sanitario. Tras la tormenta nocturna el cielo aparece despejado. Los coches aparcados brillan al sol. Unos hombres con camisetas rojas cortan el césped del campo de fútbol. Una ligera brisa hace espejear las hojas de los árboles.

Estamos contentos. Mi marido ha superado con éxito las distintas sesiones con el respirador. El médico nos dice que esta tarde podemos volver a casa. ¡Hogar, dulce hogar!

Viendo pasar la vida

Viendo pasar la vida

He viajado a Zaragoza acompañada de mi hija para acudir a una de las ya casi incontables visitas médicas de esta temporada. Tenía la hora fijada para las ocho menos cuarto de la tarde, pero hemos llegado con bastante tiempo de adelanto porque ella tenía que realizar unas gestiones. Así que nos separamos, tras ponernos de acuerdo para juntarnos en un punto cercano al lugar en donde iba a estar ella.

Yo no tengo mucho que hacer y me entretengo observando una numerosa y original colección de leones de tamaño natural, decorados por distintos pintores. Están colocados en la parte exterior de los soportales del Corte Inglés del Paseo de la Independencia, con motivo del 25 aniversario de la apertura de estos almacenes en la ciudad. Entro en el local para hacer mi acostumbrado recorrido y deleitar mi vista por las secciones de libros y compro dos pequeños ejemplares. Después me dedico a caminar sin prisas paseo arriba hasta llegar al lugar convenido. Sentada en un banco vacío, dejo pasar el tiempo observando el ruidoso y variopinto ir y venir de peatones y vehículos. Tengo el sol de frente y sopla una suave brisa. ¿Qué más podría pedir?

Hay un tráfico intenso. Gentes esperando el autobús, parejas de enamorados que celebran su encuentro con un beso apasionado, grupos de jóvenes alegres, personas solas, con rostros pensativos, preocupados, tristes, indiferentes…cada cual absorbido por sus propios pensamientos. Me pongo a leer uno de los libros recién adquiridos: Historia de una maestra, de Josefina R. Aldecoa. Quizás lo haya comprado por afinidad profesional, aunque sé muy bien que no existen dos vidas iguales. Al rato, se sienta junto a mí una joven mamá. Lleva en el cochecito una pequeña niña con la carita redonda, el pelo muy rubio y unos ojos azules y vivarachos. Dejo de leer y la miro con detenimiento. Me gustan los bebés. Me producen ternura y me entran ganas de tomarlos en mis brazos. (Debe de ser mi condición de abuela algo frustrada por la espera.) La mamá comienza a darle la merienda. Parece una papilla de frutas que la niña va comiendo formalmente con su cuchara blanca. Todo va bien, hasta que de repente comienza a espurrear con sus morritos fruncidos y la papilla se va extendiendo a su alrededor en pequeñas bolitas. La mamá la llama al orden con cierta severidad, pero ella le ha cogido gusto al invento. No puedo evitar sonreír. El sol va escondiéndose tras de los altos tejados. La mamá se marcha con su niña diciéndome educadamente adiós. El tiempo ha pasado sin sentir. Tenemos lo justo para llegar a la cita médica. Acudo convencida de que, como ocurre con las películas proyectadas por capítulos, también aquí el médico me mostrará el famoso cartel diciendo: (CONTINUARÁ)

¡Estoy malita!

¡Estoy malita!

¡Malditos microbios! Después de pasar la consiguiente revisión ginecológica anual ( de la que tuve que alegrarme porque obtuve en ella resultados normales) pasados unos pocos días empecé a notar molestias en las partes bajeras. ¡Ay, Dios mío! Me puse a temblar. La experiencia me ha enseñado que el problema empieza muy fácil, pero acabar con él ya es otro cantar. Reconozco que siempre tardo en poner manos a la obra, esperando que todo se cure de forma natural. ¡Ya se pasará! – me digo con un ingenuo optimismo. ¡Pero no!

Si me salió todo bien en ginecología será cosa de empezar por el urólogo –pensé.

Y empieza el martirio. Pido hora de consulta, que aún con un poco de suerte, me la darán dentro de unos días. Y mientras, el enemigo va actuando. Por fin llega el momento tan deseado. Y te esfuerzas en contarle al urólogo lo mejor que sabes todos los síntomas. Esto parece problema ginecológico, te contesta. Y te receta unos sobres para lavados y te manda hacer un análisis de orina. Entre tanto nos hemos metido en las fiestas de la Semana Santa que todo lo trastocan. Así que no queda más remedio que esperar. Tengo que acudir dos veces a urgencias para aliviar los malditos escozores. Parezco una abuelita arrebujada en la manta eléctrica, medio derrumbada en el sofá. Por fin el martes puedo entregar el tarrito de la orina, y a esperar al viernes para conocer los resultados. Me ha salido infección. Ahora me mandan hacer un cultivo de orina y tengo que acudir a la clínica para que me hagan una…una cistología, o algo así.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Que esto no me huele nada bien! Llego un poco nerviosa. Menos mal que no tengo que esperar. Te mandan desnudarte y envolverte en una bata verde, con unas bolsas de plástico verde en los pies. La enfermera te acompaña a través de unos largos pasillos hasta lo que parece ser un quirófano. ¡Plof! ¡Plof! – me late el corazón. Te invitan a sentarte en un sillón ginecológico y empiezas a sentir como la sonda se introduce hasta tu vejiga dejando un rastro ardiente. ¡Socorro! ¡Socorro! Siento ganas de chillar a grito pelado. ¡Ya está! El médico dice que la prueba ha salido normal. Salgo con paso vacilante, recordando los partos de mis hijos.

Y aquí estoy hoy, esperando el resultado del cultivo de orina. Si las sospechas del urólogo se confirman, el calvario continuará…

MANDAMIENTOS GARFIELD PARA UNA VIDA FELIZ

MANDAMIENTOS GARFIELD PARA UNA VIDA FELIZ

Coma solamente lo necesario para sentirse bien…

Duerma siempre que tenga sueño…

Abrace mucho, bese más y ría, ya que la vida es alegría…

¡Pida! Siempre habrá alguien que le dará lo que está precisando…

Olvídese de lo que ya pasó. Quien vive del pasado es un museo con patas.

¡¡¡Pare de preocuparse!!!

Perdónese por sus burradas y Fracasos.

Siempre rece para agradecer. Vd. ya recibió más que lo suficiente para crecer y ser feliz.

No pierda el tiempo en discusiones inútiles. En vez de gritar cante una canción, tome un baño frío, dé una vuelta en bicicleta por el parque, o asista al cine con un buen cucurucho de maíz inflado.

Desista de meterse en la vida de los otros.

Adopte la filosofía del CABALLO DEL DESFILE 16 DE Septiembre: "Cagando, andando y siendo aplaudido"

Cuide de sí mismo como si estuviera cuidando a su mejor amigo.

Exprese su individualidad…

Cambie algo de sí mismo todos los días. Hable con alguien y escriba a aquellas personas sde las que hace tiempo que no sabe nada.

Haga lo que siempre quiso hacer y no lo hizo por vergüenza…

Cometa nuevos errores.

Simplifique su vida.

Vagabundee, a veces es bueno perder tiempo.

CREA EN EL AMOR.

Los grandes amigos no se pierden en pequeñas disputas; si se pierden es porque no eran amigos, y mucho menos grandes. En caso de duda siga el olfato que le indique su propia nariz.

Sepa que muchas veces la felicidad de aquel que está a su lado depende de su felicidad.

¡¡¡SEA SIEMPRE MUY FELIZ!!!

 

 

(Lástima no poder compartir con vosotros las viñetas que acompañan este texto)

Espero que lo disfrutéis.

¡Estoy con la depre!

¡Estoy con la depre!

 

Acabo de terminar de leer La tregua, un pequeño libro de Mario Benedetti.

¡No tengo remedio! Cada vez que viajo a Zaragoza y dispongo de un poco de tiempo, entro en El Corte Inglés del Paseo de la Independencia, e irremediablemente salgo de allí con la correspondiente bolsa conteniendo en su interior 3 ó 4 libros. Eso sí. Acostumbro a comprarlos de ediciones de bolsillo que resultan más económicos.

- Mamá – suele decirme mi hija. Deberías quedarte a vivir aquí. Serías feliz.

Creo que sí. Se me van los ojos mirando tantos y tan variados libros de las más diversas materias. Me gusta tocarlos, olerlos…

El caso es que compré este libro por pura casualidad. Bueno… para decir toda la verdad he de confesar que leí en la contraportada el pequeño resumen que traía sobre el mismo. "Relata en forma de diario un breve periodo de la vida de un empleado viudo, próximo a la jubilación…"

- Mira - me dije - éste está a punto de pasar por la misma experiencia que yo.

Y lo compré. Encontré algunos párrafos con los que me sentí totalmente identificada.

"Ese ir contando el tiempo que queda de trabajo y el de imaginar qué harás con tu tiempo libre cuando haya terminado la obligación" "El derecho a trabajar en lo que quiero" "Hay momentos en que tengo y mantengo la lujosa esperanza de que el ocio sea algo pleno, rico, la última oportunidad de encontrarme a mí mismo"

¡Ay, qué bonita suena la música! Pero… una cosa es la teoría y otra la práctica.

Tras el glorioso periodo del verano, con mis salidas al monte, mi vida relajada, mis sesiones de fotografía, mi dedicación a la lectura y a la escritura, mis páginas web… llegó la vuelta a la vida cotidiana. ¡Todos los días el mismo maldito polvo en los muebles! ¡Los mismos suelos que barrer o fregar! La compra, las comidas, la lavadora, la plancha…¡Esto no se acaba nunca! Y, sobre todo, el sufrimiento diario de ver a tu hombre desmoronándose poco a poco…

A veces no puedo más. Entonces no me queda más remedio que escapar con la imaginación. Huyo hasta la cima del monte. Y allí me estoy un largo rato. Tumbada de cara al cielo, con los ojos cerrados, la brisa moviendo mis cabellos, trayéndome los deliciosos olores de las plantas silvestres y el jadeo acompasado de la respiración de mi perro. ¡Ay, Señor! ¡Qué bien se está aquí! ¡Quedémonos!

La luz de la esperanza

La luz de la esperanza

En el día de ayer, unos encapuchados pertenecientes a la banda terrorista ETA, que tanto dolor, muerte y destrucción ha causado en España durante los últimos treinta años, declararon ante las cámaras a través de un portavoz, su voluntad de comenzar un alto al fuego permanente. Desde aquel momento, todos los medios de comunicación se han volcado en la noticia: Entrevistas a políticos del gobierno, al principal partido de la oposición y demás partidos políticos, sindicalistas, empresarios extorsionados por la banda, cargos electos del País Vasco que precisan escolta, víctimas de atentados, familiares de los fallecidos, gente de la calle…

No puede negarse que este comunicado ha conseguido prender en todos nosotros una llama de esperanza. En todos los corazones ha surgido al unísono el mismo deseo: ¡Basta ya! ¡Qué acabe el terror!

¡Sí! ¡Eso es lo que queremos! ¡Que no se apague esta pequeña luz! ¡Que brote con fuerza la hermosa semilla de la paz!

He aprendido...

He aprendido...

 

"He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo…

He aprendido que no puedo compararme con lo mejor que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo mismo…

He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, sólo convertirme en alguien que debe amar…

He aprendido que se pueden necesitar años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla… Por eso debo cuidarla.

Y seguiré aprendiendo…"

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La pequeña Alba

La pequeña Alba

Se llama Alba y sólo tiene cinco años de edad. Lleva ya unos cuantos días ocupando espacio en todos los medios de comunicación por haber tenido que ser ingresada en estado de coma en el Hospital Valle de Hebrón de Barcelona, como consecuencia de las lesiones producidas por el maltrato de sus familiares más directos. Las últimas noticias son alentadoras, aunque tendrán que transcurrir unos meses para que los médicos puedan saber con exactitud si arrastrará de por vida secuelas físicas y psíquicas por lo sucedido.

¡Pequeña Alba! Yo, que durante tantos años he estado en contacto directo con niños y niñas como tú, que los he visto crecer despreocupados y felices, ajenos a la maldad humana, alegres y retozones, con tantas ganas de vivir… me pregunto cómo puede la raza humana producir esos monstruos terribles, capaces de destrozar la más hermosa inocencia.

¡Que te pongas pronto buena, Alba!¡ Que encuentres personas que te envuelvan en un inmenso manto de cariño y que sean capaces de convencerte con sus actos de que existe la bondad, y que llegue un día en el que puedas llegar a pensar que esto tan terrible que te pasó no fue otra cosa que un mal sueño.!

No logro sentir piedad

No logro sentir piedad

Se llamaba Slobodan Milosevic, y alguien lo apodó como El carnicero de los Balcanes. Apareció muerto ayer, en la cama de su celda del centro de detención de la ONU en Scheveningen, en La Haya, probablemente por problemas cardíacos. Llevaba ingresado en aquel lugar desde hace unos cinco años para ser juzgado por crímenes de guerra, genocidio y crímenes contra la Humanidad. El exdictador, un día tuvo un sueño. Soñó con una gran patria serbia, y para conseguirla no tuvo inconveniente en masacrar a miles de seres humanos, personas de otras etnias y religiones, a los que él consideraba inferiores y que por tanto no encajaban en su gran proyecto. Su familia hace responsable de su muerte a los jueces del tribunal por no haberle permitido desplazarse a Rusia para recibir tratamiento médico. No dejan de resultar chocantes esas exigencias en una persona que no demostró el menor signo de piedad con sus víctimas.

Su muerte no ha permitido llevar a buen término el juicio humano por sus incontables crímenes. Como creyente, no me cabe la menor duda de que a estas alturas ya habrá sido sometido al juicio justo de Dios.

La primavera

La primavera

Esta mañana he viajado a Zaragoza con motivo de una visita médica. Yo, tan amiga de vender el momento presente a todo el que me escucha, en ocasiones no puedo sustraerme a oscuros pensamientos sobre el incierto futuro, y mi cuerpo se resiente. Así que ando estos días a la busca de un buen remiendo.

Los almendros visten ya su hermoso traje blanco a ambos lados de la carretera. Corre por sus duras venas la sangre ardiente de la vida que renace tras los fríos del invierno. Y al mirarlos, algo muy dulce se va extendiendo lentamente por las mías. ¡Bienvenida sea, primavera!

El dinero

El dinero

Con dinero podemos comprar…

Una cama, pero no el sueño.

Libros, pero no cultura.

Comida, pero no apetito.

Adornos, pero no la belleza.

Una casa, pero no un hogar.

Medicinas, pero no salud.

Lujos, pero no simpatía.

Diversiones, pero no felicidad.

Conocidos, pero no amigos.

Placer, pero no amor.

Con dinero serás capaz de conseguir muchas cosas, pero no podrás sobornar a la muerte cuando se acerque a tu lecho.

Todas las cosas verdaderamente importantes son gratis.

Vivir el presente

Vivir el presente

Son muchas las personas empeñadas en aferrarse al ayer como se aferra el náufrago a la tabla de salvación. Esto es más frecuente en las personas de edad que ven cómo la vida se les escapa como el agua entre los dedos. Piensan en lo que han vivido hasta ahora, sobre todo en los momentos buenos, y suelen adornar los acontecimientos de tal manera que les parece que sólo en el pasado están los días más felices de sus vidas. También las hay que se atormentan por todo lo que hicieron mal, por lo que deberían haber hecho y no hicieron, por el mal que causaron, como si el simple hecho de pensar en ello pudiera solucionar todo aquello que los atormenta. Otras muchas, sobre todo los jóvenes, piensan, casi viven, en el futuro, haciendo hermosos planes para el mañana y esperando que la vida les sonría. Las personas de edad por el contrario, con la mayor parte del camino de su vida recorrido, enfrentan el futuro con inquietud, porque saben que las limitaciones, la enfermedad y la muerte, cada vez están más próximas.

Con frecuencia, unos y otros olvidamos lo más importante: el hoy. En realidad es lo único que tenemos y deberíamos esforzarnos en vivir cada minuto poniendo en cada cosa que hagamos lo mejor de nosotros mismos. "Trataré con ternura y afecto cada hora porque no retornará más… Hoy abrazaré a mi marido y lo besaré dulcemente, mañana ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado; mañana ya no clamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar y no habrá nada que recibir. Viviré hoy como si fuese el último día de mi vida. Lo saborearé y daré gracias. Haré que sea el mejor de todos los días de mi vida…"

La libertad de expresión y las caricaturas de Mahoma

La libertad de expresión y las caricaturas de Mahoma

Ando yo estos días, supongo que como otros muchos ciudadanos, oyendo y leyendo muchas cosas sobre el gran "pollo" que se ha montado en el mundo a causa de las tan traídas y llevadas caricaturas de Mahoma, que por supuesto no he visto. Oigo los argumentos de unos y otros. Los de los que defienden a capa y espada la libertad de expresión y los de los que se sienten gravemente ofendidos en sus creencias más íntimas.

Supongo que todavía podrán correr, o correrán, ríos de tinta sobre el tema.

Mi opinión personal es la que sigue:

Primero: El mundo en nuestros días es justamente una aldea global. Todo lo que sucede en una punta del mismo se transmite con gran rapidez al otro extremo. Creo que todos lo sabemos.

Segundo: El mundo podría compararse con una gran familia, y todos tenemos la experiencia de la nuestra. Y sabemos que a veces, aunque podamos pensar que estamos en la verdad, o que tenemos la razón, hay cosas que debemos callar en aras de una buena convivencia. "Yo pienso esto, pero no lo digo porque sé que tú no lo compartes. Entonces, yo me callo para que podamos entendernos."

Pienso que el límite de la libertad de expresión ha de ser el respeto a los otros, lo que muchas veces no se cumple. Y yo abogo por ese respeto.

Aparte de esto quiero permitirme dejar en el aire estas preguntas:

¿Cómo puede ejercer su libertad de expresión la gente de la calle, la que no tiene acesso a los medios de comunicación? La verdad es que los periodistas son los que nos llevan una gran ventaja en esto.

¿Cómo es que estas viñetas, que se publicaron según dicen en septiembre, salen verdaderamente a la luz ahora, cuando hay una fuerte marejada en el mundo árabe? ¿Quién está moviendo los hilos? ¿Quién espera sacar tajada con lo que está pasando?

¡Felicidades, un día más!

¡Felicidades, un día más!

" Y yo, Victoria, me entrego a ti, Miguel. Y te prometo serte fiel, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de nuestra vida"

En ello estamos.

¡Felicidades, amor!

¡Felicidades también para todos los que estéis enamorados!

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¡Gracias, Mozart!

¡Gracias, Mozart!

Hoy, 27 de enero, día en el que se cumple el doscientos cincuenta aniversario del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart, me congratulo de pertenecer a la raza humana que ha dado a luz a tantos y tan extraordinarios genios en las distintas ramas del saber.

¡ Gracias al genial compositor que hizo posible que millones de personas, en todos los rincones de la Tierra, hayan podido gozar de su música inigualable!

El código da Vinci

El código da Vinci

Acabo de leer El código da Vinci, el libro de Dan Brown que lo hizo famoso principalmente a causa de las protestas de la jerarquía de la Iglesia Católica, convencida de que en el mismo se atacan los principios cristianos.

No me lo compré cuando el libro llevaba tanto ruido, aunque debo confesar que sentía una gran curiosidad por conocer qué había en él que lo convertía en objeto de tal controversia. Llegó a mis manos a través de mi hijo, que a su vez lo consiguió por una amiga. Así que lo he leído para sacar mis propias conclusiones. El libro puede encontrarse en cualquier librería o biblioteca. Se han vendido más de 25 millones de ejemplares y pronto se estrenará una película con ese título, y el autor, gracias a tanta polémica, al día de hoy estará ya con el riñón bien cubierto, como decía mi madre al referirse a una persona rica.

¿Qué pienso del libro? Si he de decir la verdad no me ha parecido gran cosa. Tiene una trama entretenida, pero encuentro que hay en él demasiada revoltina de secretos, cosas misteriosas, argumentos que parece que son verdad pero que no acaban de serlo, de descalificaciones para las creencias tradicionales de los cristianos de a pie… No es un libro de esos que te enganchan desde las primeras páginas y te hacen que casi dejes aparcadas tus obligaciones para llegar cuanto antes al final.

La historia gira en torno al misterio del Santo Grial, que normalmente se ha identificado con la copa de la Sangre de Cristo, y que aquí se considera que además de eso es un conjunto de documentos secretos por medio de los cuales se demostraría que Jesucristo estuvo casado con María Magdalena y que este matrimonio tuvo descendencia.

Yo estoy segura de que después de 2000 años, habrá bastantes cosas de las que leemos o escuchamos de la vida y el mensaje de Jesús que no serán del todo tal y como sucedieron, porque es muy difícil una transmisión exacta de los hechos durante un periodo tan largo de tiempo. Mi posición como creyente respecto a Jesucristo es ésta: No me importa que estuviera casado o que fuera célibe, ni si tuvo hijos o no los tuvo. Me basta con el hermoso mensaje que hizo prender en el corazón de los hombres de que es posible otro mundo más justo y solidario y con la esperanza de que la muerte no es el final de la vida.

 

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