El alma al aire cambia de alojamiento

A partir de hoy, El alma al aire se traslada al dominio Blogger. Esto no es una despedida. Sólo un hasta ahora mismo. Me encontraréis en http://elalmaalaire2.blogspot.com/
Gracias a Blogia por haberme permitido asomarme al mundo a través de su ventana durante estos, casi siete años.
Necesitamos Quijotes

Anoche, haciendo zapping en mi televisor, descubrí que la segunda cadena había programado Irma la Dulce, una comedia romántica estrenada en 1963 y protagonizada por Jack Lemmon y Shirley Maclaine. Me gustó la idea de volver a verla, y he de decir que pasé un buen rato. Néstor, el joven gendarme recién llegado al distrito parisino de las Halles, descubre que en las aceras de una de las calles un buen número de prostitutas está a la espera de sus potenciales clientes. Llevado por el celo de su recién estrenada profesión, entra en el bar en el que se reúnen las mujeres y sus chulos. El dueño le ofrece una copa, que el policía rechaza porque está de servicio, y aquel intenta hacerle ver lo inútil que le resultará comenzar una batalla que según él está perdida de antemano.
En el transcurso de su conversación, Moustache suelta esta perla: “Ser honesto en un mundo deshonesto es como desplumar una gallina contra el viento. Se te llenará la boca de plumas.” ¡Vaya con la frasecita! Resulta bien triste comprobar que mucha gente está convencida de que no es posible hacer nada para transformar este mundo nuestro en el que los corruptos campan a sus anchas, que se dé por hecho que los honestos acabarán corrompidos o que sus esfuerzos serán del todo inútiles. No quiero perder la esperanza. Necesitamos personas con ideales. Gente que no se deje comprar. Gente que no se deje ganar por el desaliento. Gente capaz de prestar un servicio a la comunidad desde la honradez, incluso desde la gratuidad. ¡El día que nuestro mundo se quede sin Quijotes estaremos perdidos!
¡Bendita risa!

He de confesar que últimamente, por las circunstancias que me toca vivir en el terreno personal y familiar, y que ahora no vienen al caso, no estoy precisamente para tirar cohetes. Así que no es algo usual en estos días el hecho de escucharme a mí misma soltando una buena carcajada. Tampoco, quizás sea por la difícil situación económica que se está viviendo en nuestro país, veo a la gente demasiado risueña. ¡Deberíamos reírnos más! Reírnos, principalmente de nosotros mismos. Sería un ejercicio muy sano.
Acabo de leer esta frase: "La risa es la mermelada que sazona el pan de la vida: le da sabor, le quita la sequedad y la hace más llevadera". (Diane Jhonson)
¡Completamente de acuerdo!
Y a propósito. Recuerdo el ataque de risa que padecí, hace sólo unos días, al leer el contenido del archivo que me envió una buena amiga mía sobre algo que escribió el escritor Pedro Muñoz Seca. Todavía siento el regusto.
Dice así:
"D. Pedro, vivía en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba autentico afecto.
Falleció la mujer, y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad, pues era un matrimonio profundamente enamorado.
El hijo de los porteros se dirigió a D. Pedro y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios
Corría el año mil novecientos veintitantos... y en aquella época era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos, así que D. Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid para que modificara el verso, puesto que nadie, ni siquiera el Obispo, podían afirmar, de un modo tan categórico, que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin mas.
D. Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:
Fueron muy juntos los dos
el uno del otro en pos
donde va siempre el que muere
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.
Nueva carta de la Curia. Tras recriminar al autor lo que cree, con toda razón, que es un choteo de Muñoz Seca, le exige una rectificación, ya que no es el Obispo el que no quiere, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que D. Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamas colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamas le contestó:
Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
sin saber que es lo que harán
porque, desgraciadamente,
ni Dios sabe donde están.
Al filo de la actualidad política

Nací en la década de los cuarenta. Mis ojos vieron la luz en un pueblo perdido de Castilla del que hasta el día de hoy siento nostalgia. ¡Cómo pasan los años! Parece que fue ayer.
Crecí con escasez de pan y hartura de miedos y silencios.
¡Sssssss! ¡Sssssss! Y entre silencios aprendí que, apenas antes de que yo naciera, en nuestra patria hubo una guerra. ¡La más terrible de las guerras! Una guerra entre hermanos.
¡Nunca más! ¡Nunca más! Así me lo enseñaron. Así lo he sentido siempre en mis entrañas.
Pero la vida no se detiene nunca. Y aunque pienso que ninguno de nosotros debería olvidar lo que pasó para que no puedan repetirse los errores... ¡Que no pretenda nadie mantenernos anclados para siempre en el pasado! ¡Dejemos a los muertos descansar en paz! ¡Que nadie intente comerciar con ellos!
Y, llegados hasta este punto, me temo que habrá ya alguien que me esté gritando: ¡Facha! Suelen hacerlo casi siempre los que se creen con todos los derechos porque militan en el partido que estuvo entonces en el bando perdedor.
No tengo que pedir perdón a nadie. No viví aquella guerra. No soy responsable de ninguna muerte. Tampoco lo fueron mis padres.
Por suerte, los años me enseñaron a pensar. A lo largo de este periodo de democracia he votado a las izquierdas y a las derechas, según me pareció mejor en cada ocasión.
No me gusta dejarme atrapar por demagogias baratas. Tengo muy claro que no existe el bando siempre bueno y el bando siempre malo. Ni que los que militan en un mismo partido, son todos buenos, ni todos malos ¡Lo único que quiero es que mis representantes sean honrados!
¡No deberíamos permitir que a los que nos mandan se les quede el culo pegado a la poltrona! Están donde están porque nosotros les entregamos un día nuestra confianza para que trabajasen por el bien de todos. ¡De todos! No en su propio beneficio, como pretenden "los más listos".
¡Ay, pena, penita, penaaa! ¡Cuánto chorizo!
Y para terminar, voy a abrir las puertas de mi corazón y os confesaré un secreto:
En los próximos comicios voy a votar a las derechas. Y voy a hacerlo porque, tras siete años de gobierno socialista, contemplo a España, con dolor, "hecha unos zorros".
Visto lo visto...

Acabo de leer una noticia que me produce escalofríos. Estados Unidos, a través de Hillary Clinton, Secretaria de Estado estadounidense, y el mismísimo Presidente Obama, han tenido que pedir perdón a Guatemala por los experimentos llevados a cabo en este país por equipos médicos pertenecientes al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos durante la década de 1940.
Dichos experimentos, que han salido a la luz gracias a un estudio realizado por Susan Reverby, una investigadora de la Universidad de Welleslev, consistieron en infectar con sífilis y gonorrea a cerca de 700 personas, la mayoría de ellas presos y pacientes de instituciones mentales de Guatemala. ¡Tela marinera!
Según dicho estudio, estos experimentos tenían como finalidad determinar si la penicilina, utilizada para curar la sífilis, podía evitar que la enfermedad se extendiera en las primeras etapas del contagio. El contagio se provocaba por transmisión sexual a través de prostitutas que sufrían la enfermedad, por inoculación directa en el órgano sexual o mediante la aplicación de una inyección en la médula espinal. ¡El equipo médico, dirigido por un tal doctor John Cutler, alentaba a los pacientes a que contagiaran a otras personas!
¡¡¡Qué horror!!! ¡De lo que puede ser capaz el ser humano en nombre de la ciencia!
Hasta ahora los malos eran los nazis… Que lo son por supuesto. Sin posible justificación.
Pero a la vista de noticias como ésta, yo me pregunto: ¿Cuántas barbaridades se cometerán en el mundo que nosotros ni siquiera imaginamos?
Un inmenso suspiro de alivio

Un inmenso suspiro de alivio, no me cabe ninguna duda, se habrá escapado ya de millones de gargantas en el mundo entero al enterarse de que el reverendo Terry Jones, pastor de la pequeña comunidad de la iglesia bautista en Gainesville, en el estado de Florida, ha dado marcha atrás en su propósito, manifestado repetidamente a los medios de comunicación en estos últimos días, de llevar a cabo una quema de ejemplares del Corán el día 11 de septiembre, en el noveno aniversario del atentado perpetrado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en los Estados Unidos.
Desde el presidente Obama hasta los militares encargados de la Defensa de este país, autoridades civiles y religiosas de las cuatro esquinas del globo se han pronunciado sin tardanza sobre el peligro real que encerraba para el mundo en general y para los ciudadanos estadounidenses en particular semejante provocación.
No puedo por menos que preguntarme si no será que al dichoso pastor le falta algún tornillo. Porque no hace falta ser demasiado inteligente para saber que no puede acercarse el fuego a la estopa. Y eso es el mundo musulmán al día de hoy. Una inmensa estopa siempre a punto de incendiar todo lo que le salga al paso cuando se siente ofendida en sus creencias.
Y no dejo de sentir una gran extrañeza hacia los principios de la fe cristiana profesada por el reverendo Jones. Parece que poco tengan que ver con el Dios de los cristianos, ese Padre amoroso, con las manos siempre abiertas a la acogida y al perdón, que nos trajo Jesús de Nazareth con su Buena Noticia.
¡En fin! ¡Demos gracias porque al final se haya impuesto la cordura!
La esperanza

En estos últimos días están de plena actualidad las últimas declaraciones de Stephen William Hawking, el científico inglés conocido mundialmente por sus teorías sobre el origen del universo, y también por la enfermedad degenerativa que le obliga a vivir desde hace años postrado en una silla de ruedas y supeditado a un ordenador como único medio de comunicación con el mundo exterior. Coincidiendo con la visita del Papa a Inglaterra, sale a la venta su último libro, El Gran Diseño, en el que sostiene que la ciencia moderna no deja lugar a la existencia de un Dios creador del Universo, sino que el cosmos se creó de la nada como resultado del Bing Bang.
¡Ya está montado el pollo! Toman ahora nuevo aliento aquellos que se jactan públicamente de su ateísmo y que disfrutan tratando a los creyentes de ignorantes. Somos según ellos unos pobres ilusos. ¡Pueden pensar lo que quieran!
Las declaraciones del sabio profesor no han logrado hacer mella en mi fe. Copio a continuación un pequeño párrafo del libro La alegría de vivir, de Phil Bosmans, que acabo de leer:
"De la misma forma que mi "yo" personal, único, irrepetible, no encuentra ninguna explicación satisfactoria en la física, la química o la biología, yo no encuentro una respuesta sobre Dios, con el método de las ciencias naturales. Tengo entre las manos sólo una cosa: la esperanza. La esperanza que, hasta el último aliento, me da la alegría de vivir".
¡Realmente espeluznante!

Un restaurante de próxima apertura en Berlín anuncia en su campaña publicitaria de inauguración que busca donantes para poder ofrecer especialidades caníbales a sus clientes, lo que ha causado la justificada indignación de muchos ciudadanos. Es cierto que puede tratarse únicamente de un recurso para atraer la atención, pero en todo caso no deja de ser algo sumamente macabro y del peor gusto que uno pueda imaginar.
"Tras una revisión médica puede usted decidir qué parte de su cuerpo está dispuesto a donar" - puede leerse en la publicidad sobre el restaurante Flimé, cuya apertura se anuncia para el próximo 8 de septiembre. Se mantiene en secreto la localización del mismo.
El donante potencial ha de rellenar un formulario en el que se incluyen datos personales como la identidad, la edad, las posibles enfermedades crónicas, el consumo de tabaco, drogas o alcohol, el peso, el grupo sanguíneo y, en el caso de ser mujer, hasta si existe actualmente un embarazo.
¡Qué alucine!
El propietario de este restaurante tan original es un brasileño llamado Eduardo Amado, el cual anuncia que ofrecerán cocina de la cultura wari, un pueblo caníbal de la selva amazónica, en combinación con recetas clásicas brasileñas.
"Contemplamos la alimentación como un acto espiritual en el que se asume el alma y la fuerza del ser que ingerimos". "Disfrute en Flimé de especialidades de aroma y sabor inolvidables que llegarán a entusiasmarle".
Pues nada, pobres del mundo, si estáis en el paro, o vivís en un país del tercer mundo y no tenéis dónde caeros muertos. ¡No hay problema! El señor Eduardo Amado os ofrece una solución. Sólo es cuestión de acercarse al centro sanitario más próximo y decirle al galeno que os atienda: "Doctor, córteme una mano. Total... ¿para qué quiero yo las dos?"
La visita de Pou

Pou es un enorme gato blanco de raza persa que vive con sus dueños en una casa situada en un pequeño callejón con encanto de nuestro pueblo. De vez en cuando paso por allí y suelo detenerme para gozar del verde de las enredaderas que reptan como serpientes por sus viejas paredes, del colorido de las hermosas flores que lucen sus macetas, del rústico banco construido con madera de árbol sin pulir. Pou, suele contemplarnos indolente reposando sobre un alegre cojín en una vieja silla de anea, mientras su dueña y yo charlamos de esto o de aquello, en esta vida plácida en la que las horas y el estrés cuentan muy poco.
Como mis conocimientos de francés son prácticamente nulos, hasta hoy no he sabido que Pou significa Piojo en el idioma del país vecino. Me lo ha dicho Rosa, respondiendo a mi pregunta cuando ha venido a recogerlo.
Estaba yo haciendo mis ejercicios de yoga en el cuarto de estar cuando, casi de reojo, he visto un bulto blanco en movimiento a mis espaldas. Y cual no ha sido mi sorpresa al encontrarme al gato que visitaba tranquilamente una tras otra todas las habitaciones que ha encontrado a su paso. No recordaba su nombre, así que he echado mano del habitual "misi, misi", intentando atraerlo hacia la puerta de la calle, porque, aunque en apariencia es un animal manso, no me atrevía a ponerle las manos encima para sacarlo.
Me gustan los animales pero no quiero compartir la casa con ellos. Por algo mi fiel Yako, al que quiero mucho, tiene su residencia en la cochera.
¿Se hará pipí? - pensaba, viendo sus idas y venidas, tan tranquilo, como si él fuera el único dueño y señor.
Así que no me ha quedado otro remedio que llegarme al callejón, buscando auxilio para desalojar al intruso. No sin antes haber inmortalizado el momento con mi inseparable cámara.
Una segunda oportunidad

Estoy releyendo el libro de Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris, y me he encontrado con esta frase: "La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad"
Encierra una gran verdad. ¿Quién no ha lamentado alguna vez que nuestra vida sea una obra de teatro en la que no hay sesiones de ensayo? ¿Quién, cuando la muerte se ha llevado de su lado a una persona querida, no ha sentido que se le han quedado muchos abrazos sin dar, muchos "te quiero" sin decir, que debería haber sido más agradecido, más capaz de perdonar...?
No sirve de nada lamentarse. ¿O sí? Tal vez esos sentimientos experimentados deberían ser las pequeñas semillas que al brotar en nuestro corazón nos ayudaran para no tropezar dos veces en la misma piedra.
Aquella persona se nos fue y eso es ya algo inevitable. Pero, afortunadamente, la mayoría de nosotros tenemos a nuestro lado otros seres queridos que merecen que les entreguemos lo mejor de nosotros mismos. ¡Aprendamos la lección! Ellos están aquí. Todavía estamos a tiempo.








