¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI QUESO? De Spencer Johnson, M. D. ( REFLEXIONES)
Dicen de mí los que me conocían que por aquel entonces era yo una ratoncita de pequeña estatura, pero dotada de inteligencia y de feliz memoria. Tenía yo también una tía religiosa, muy interesada en que alguna de sus sobrinas diera gloria a Dios en ese mismo estado, así que por su mediación ingresé en un Aspirantado para ratoncitas de clase humilde, y allí pasé internada siete años de mi vida, siempre a la búsqueda del queso.
Como no tenía nada claro que tuviera que encontrarlo del mismo modo que mi tía- así lo había declarado en un cuestionario que rellené a mi entrada- sino que quería ser maestra o peluquera-pasados los siete años me encontré convertida en una maestrita, como aquella Marisol que conocí a través de los libros de lectura en la escuela de mi pueblo, la que vivía en Asturias y primero era “Marisol pequeñita hace pinitos, por qué, porque la guardan los angelitos”, y luego visitaba a la Santina en Covadonga, y con el tiempo se convertía en una maestra encantadora. También yo estaba ilusionada en educar y trasmitir mis conocimientos a otros pequeños ratoncitos.
Me había convertido yo en una señorita de diecinueve años repleta de sueños e ilusiones, cuando de pronto se me cruzó en el camino un apuesto ratón y mi corazón empezó a latir desenfrenado. Y gusté por primera vez del delicioso queso del amor. No puede existir nada mejor, me dije. Ya sólo quiero de este queso para siempre. Y la ratoncita y el apuesto ratón se casaron, y vivieron felices, y comieron…de todos aquellos quesos que la vida iba ofreciéndoles. Tuvieron tres ratoncitos a los que amaban mucho, y se esforzaron sobremanera para que también ellos pudiesen disfrutar de una porción de queso generosa, más grande que la propia.
¡Qué aprisa pasaron los años! La vida es una consumada ilusionista que saca pañuelos de la manga y conejos del fondo del sombrero. Y así, entre numerito y numerito, casi sin darte cuenta, los días se te escapan como el agua entre los dedos. Aquí estoy. Atrás quedaron rotos muchos sueños, surcan mi frente las arrugas y lucen mis cabellos no pocas mechas blancas. Se adueñó de mi apuesto ratón la enfermedad, que destroza su vida a dentelladas. ¿Quién se llevó mi queso?- me pregunto. Pero…¡vive Dios que nada logrará pararme! Yo seguiré buscando.
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Autor: Juan Soto
Y bueno, tanta reflexión me mueve a ciertas cuestiones:
¿Qué diria hoy Freud de los hoyos de los quesos?
¿Qué trasfondo dialéctico hubiese develado Marx de tan profunda obra?
..o, sin ir más lejos: ¿habrá leído Vargas Llosa reiteradamente este cuento para orientarse en su vida?
Fecha: 03/04/2006 03:37.
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Fecha: 26/04/2006 18:15.
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