LAS HOGUERAS

Guardan mis ojos de niña la magia de las hogueras.
¡Hogueras de San Antón! ¡Noches inmensas de enero! ¡Noches frías de Castilla!
Cuando el día se escapa a grandes pasos, y cubren negras gasas los hombros de las sierras,
está acabada la enorme pira de la plaza.
Pesados y rudos troncos, recias gavillas de encina acarreadas por los mozos,
hatos menudos de ramas que han reunido los chicos, producto de la rapiña.
¡Ya está encendida la hoguera!
Ojos nuevos, muy abiertos, miran y miran como embrujados las largas y rojas llamas,
lenguas de fieros mastines que suben, suben y suben para lamer las estrellas.
La leña crepita y gime, el fuego chisporrotea.
El resplandor de la lumbre proyecta sombras chinescas en las cercanas paredes
de las casas, las siluetas se agrandan, se contorsionan y tiemblan.
Un porrón de vino espeso y negro, sin descanso, alrededor de la hoguera
de mano en mano pasea.
Un anciano de natural taciturno, dicharachero y alegre hoy, cuenta a aquel que quiera oírlo viejas consejas.
Entre cigarro y cigarro, con reflexión y sin prisa,
habla la gente madura de la siembra y del ganado, de aguaceros y sequías,
de fríos días de cierzo, de heladas y de ventiscas, de escasez y de abundancia
- mas nadie la guerra mienta, que está muy tierna la herida -.
Animados por el vino, pedantes y bravucones, los mozos fanfarronean,
ya saltan sobre las brasas, ya a las muchachas requiebran.
Alegres y bulliciosos, los niños al corro juegan.
“San Antón como era viejo, le cortaron el pellejo, hicieron un tambor,
lo tocaban en Castilla y se oía en Aragón,
y salían los cornudos de = = = = = = = ón.” (1)
Hay voces acaloradas, blasfemias, gritos y risas en la plaza cuando la ronda termina.
¡Hogueras de San Antón! ¡Noches inmensas y frías de Castilla!

(1) Ignoro por qué nombrábamos aquel pueblo y no otro en nuestra ronda. Tal vez sólo fuese porque rimaba, o quizás se debiera a rencillas entre dos pueblos vecinos, o porque en el nuestro vivía un hombre natural de allí y nuestro objetivo era hacerle rabiar. Él, al escucharnos, nos perseguía, gayata en mano por toda la plaza, mientras nosotros escapábamos asustados.
17/01/2004 22:31

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