La despedida

Ella teme que puedan escucharse los latidos de su alborotado corazón. Se siente como el preso que cumplida su condena está a punto de gustar las mieles de la anhelada libertad. ¡Por fin! ¡Ya se van! Están en la calle, junto a la puerta de la casa. Los chicos y ella de pie sobre la acera, ellos acomodados dentro del coche, haciendo gestos de despedida.
-Decidles adiós a los abuelos - dice circunspecta.
Cualquiera que pudiera leer sus pensamientos pensaría que es una nuera desconsiderada, pero... ¡no es cierto! Y nadie tiene derecho a condenar sin escuchar primero al reo. Ella considera natural que los padres de su marido deseen pasar unos días con ellos, disfrutando sobre todo de los nietos, pero lo cierto es que son capaces de alterar de forma grave la convivencia familiar!
"Lo que tenéis que hacer los chicos es comer, no hablar en la mesa. Mis hijos no hablaban cuando había personas mayores.” "¡Qué respeto os pueden tener si a cualquier hora estáis jugando con ellos! Cualquier día os pegarán. ¡No me tratarían a mí así!” Ellos están en posesión absoluta de la verdad en cualquier tema. "¡Ignorantes! Y aún os creeréis que es verdad que los hombres han llegado a la Luna”"¡Y qué ropicas se ponen el Fulano y el Mengano para andar por el pueblo! ! ¡Risiones, más que risiones! Además... ¡Qué aires se dan desde que viven en la capital! ¡Ni que fueran millonarios! ¡Como si no los conociéramos! Cuando vivían allí no eran más que unos muertos de hambre que no comían otra cosa que patatas y judías “gusanadas.” No hay programa de televisión que valga nada. "¡Qué sosada de programa! ¡Vaya risiones de cantantes! ¡Qué visajes de vestidos!”
-¿Sabes lo que me ha dicho el abuelo, mamá?
-¡Cualquier cosa, hija mía!
- Me ha dicho: Tu abuela sí que trabajaba cuando era joven. ¿Es que no puede tu madre hacer las cosas de la casa, que tiene que venir a hacérselas una mujer?
Al oir esto, está a punto de estallar: ¿Trabajar ella? ¡Sólo seis horas diarias fuera de casa, amén de otras ocho dentro de ella! ¡Cómo puede tener el valor de dejarse ayudar a hacer la limpieza dos horas de la mañana de los sábados! ¡Ay que ver!
En repetidas ocasiones el abuelo ha intentado sonsacar de manera descarada a Beatriz sobre los otros abuelos. Su hija tiene ya trece años, se siente molesta con estos interrogatorios y se desahoga contándoselo a su madre Y ella piensa: ¿Con quién puedo desahogarme yo, Dios mío?
Y cuando el viejo se enfada… Tiene el temperamento colérico y sus acaloros lo ponen al borde de la apoplejía. Ella recordará mientras viva la primera discusión suya que presenció. Era una tarde de verano. José Manuel era entonces un bebé de apenas un mes. Estaban en la calle, en compañía de unos vecinos, disfrutando de la brisa del atardecer. La casa de los suegros estaba próxima a la suya. Él se acercó y se detuvo para ver a los nietos. Entonces acertó a pasar por allí un hombre. En unos instantes su aspecto se alteró tanto que casi no parecía humano: tenía la cara congestionada, las venas a punto de reventar, se escapaban de su boca las más duras blasfemias y una cascada interminable de palabras que encerraban los mayores agravios que una persona puede soportar. Mientras, iba acercándosele con claras intenciones de enzarzarse en una pelea. A ella le temblaron las alas del corazón. Era de temperamento tímido y por cualquier motivo se le subía la sangre hasta más arriba de las orejas, pero en esta ocasión pareció quedarse sin una sola gota dentro del cuerpo. Según le dijeron después los que la vieron, su cara se quedó más blanca que la de un difunto. El otro apenas contestó a los insultos y, tan pronto los separaron,se marchó. Ella nunca supo si en verdad era culpable; pero más bien se inclinaba a pensar que aquel individuo conocía bien al viejo, y por lo mismo optó por retirarse y dar por terminada la cuestión.
La única vez que dio un beso a su suegro fue al volver de la luna de miel. Después de quince días fuera le pareció que era el saludo más normal al llegar a su casa. Sin embargo, nada más hacerlo, tuvo la clara sensación de que aquel gesto fue considerado como algo extraño o ridículo, y en aquel mismo momento supo con absoluta certeza que no iba a repetirlo otra vez.
Y la suegra... Había que oírla decir más de cien veces: “Pronto cogerían mis hijos nada fuera de casa. ¡Pero en ningún sitio! ¡Fíjate con la relación que hemos tenido con mi prima Carmen! ¡Con una mirada les bastaba! ¡Igualico que ahora, que aún no les han ofrecido algo y ya se lanzan a cogerlo! ¡Qué educación! ¿ Coger yo nada en ningún sitio? –remachaba - ¡Bien, morena!” Por eso, para que la abuelita coja algo en la casa del hijo, tras dieciseis años de matrimonio, hay que porfiar una y otra vez para que ella acepte lo que se le ofrece, hasta el punto de que él, en bastantes ocasiones, acababa lanzándoselo sobre el halda. ¡Qué espectáculo tan encantador! ¡No es suficiente con presentárselo, acercárselo, decirle: ¡Coja usted! ¿Le apetece? ¿Quiere un poco? Da la impresión de que es imprescindible hacerle reverencias y darle después fervientes gracias por el gran favor dispensado al aceptarlo. Hablando en plata: ¡ Revientaaa!
Desde el momento en que cruzan el umbral de la casa, Carlos, que de por sí no tiene el carácter muy expresivo, se transforma en otra persona. ¡Ya no hay bromas ni risas! ¿Un beso? ¿Un achuchón? ¡Por Dios, qué cosas! Cualquier expresión de amor conyugal queda reservado a la intimidad del dormitorio, y... ¡casi ni eso! Así que irremisiblemente acaban distanciándose. Hablan cada vez menos, se ocultan los sentimientos y la tensión se acumula hasta hacerlos explotar. ¡No puede decirle nada de lo que siente! ¡Son sus padres! Y al final ella llega a la amarga conclusión de que él está convencido de que la culpa es suya.
¡Ah! Lo olvidaba. La suegra posee la rara virtud de hablar sola en voz alta, así que puede enterarse sin ningún esfuerzo por su parte de los pensamientos poco caritativos que dedica a la nuera. ¿Qué te parece? ¡Malo es que la madre de tu marido no te juzgue con mucha benevolencia, pero todavía es mucho peor que tengas que escuchar sus juicios feroces.
¿Cuál ha sido la última jugada? ¿La más dolorosa? ¿La que les ha hecho atravesar la peor crisis de su matrimonio? Ya es conocido el ceremonial preciso para que su suegra acepte las cosas, pero ella posee un carácter no dado a fingimientos ni teatros. Le gusta la sencillez. Si da una cosa la da de corazón sin necesidad de decirlo muchas veces. Ha presenciado demasiadas veces ofrecimientos hechos puramente de boquilla, con el único propósito de quedar bien. ¡Le revienta la doblez! Bien. Pues hace unos días, en un momento en que Carlos se debatía entre el respeto hacia sus progenitores y las relaciones harto deterioradas con su mujer, se encaró con la hija y le espetó: ¡Caliéntale la leche a la abuela y no le preguntes que si quiere! ¡ Eres igual que tu madre! A Beatriz le dolió tanto que no pudo guardarlo para ella sola y se lo contó.
Algo parecido a un huracán la barrió por dentro al oírlo.
¡Cuántas veces se habían quedado preparados el vaso de leche caliente y las galletas porque la señora no había tenido a bien aceptarlos! Masculló en su interior los más terribles improperios. Renegó de haberlo conocido y de todos los años de matrimonio que ahora le parecían tan desgraciados. Lo maldijo mil veces por todo el dolor que le había producido. Sólo el amor de sus hijos se salvó de aquel naufragio. Dejaron de hablarse. Por las noches se orillaban en la cama sin permitirse el más mínimo contacto. Y fue creciendo entre ellos un muro que parecía infranqueable, una barrera invisible, más fuerte que cualquier otra construida con el más duro metal. Pasaron varios días. Él parecía no tener nada que decir, como ocurría la mayor parte de las veces que discutían. Nunca parecía sentirse obligado a ofrecer una disculpa, a hacer un primer gesto de aproximación. Se encerraba en un silencio total, incómodo para todos, y si la situación se prolongaba, los chicos, sin tener culpa, solían acabar pagando su mal humor. Una tarde de domingo, cuando ya la situación se iba haciendo insostenible, él le propuso acompañarlo al almacén. Ella aceptó. Pensaba que se trataba de un intento de hacer las paces, pero durante todo el tiempo que permanecieron allí, él no hizo el menor gesto de aproximación ni dijo una sola palabra de disculpa. Al iniciar la vuelta, ella sintió de repente que había llegado el momento. En todos los años de matrimonio transcurridos, nunca como aquel día había abierto las puertas de su corazón para dejar escapar toda la rabia, el dolor, la desilusión y la amargura que la embargaban. Le dijo... ¿Cómo expresar con palabras todo aquello? Era como un gran torrente desbordado tras la tormenta al que ninguna fuerza humana podría dominar. Y doy gracias a Dios - le escupió con desprecio al final- por no haber tenido la desgracia de vivir cerca de ellos. Si hubiera sido así, yo hubiera resultado la mujer más desgraciada de la tierra, porque hubiera sido tu madre quien habría decidido cuándo teníamos que comer, cuando teníamos que beber, ¡y hasta cuándo podíamos joder!
Todavía le parece mentira al recordarlo. Todavía siente vergüenza. Ni siquiera en sus años de niña, en esos años en los que no suele darse excesiva importancia a las palabras mal sonantes, recordaba haber dicho cosas semejantes. Aquella misma noche llegó la reconciliación. Quizás él había comprendido al presenciar la violencia de aquel volcán cuán grande era su dolor...
El coche se pone en movimiento. ¡Adiós! ¡Adiós! ¿Cómo va a sentir pena por su marcha? ¡ Marchad en buena hora!- se dice- Restañaremos poco a poco nuestras heridas y esta casa será de nuevo nuestro hogar, un lugar donde los chicos puedan hablar de sus pequeñas cosas, tan importantes, donde haya risas y juegos, combates de boxeo de mentirijillas entre el padre y el hijo, dulces besos y zurras imprevistas en el trasero al cruzarnos por el pasillo, achuchones apasionados en el sofá... ¡Volverá! ¡Volverá por fin la vida!
23/04/2004 00:49

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Autor: Corazón...

Ufffsss...no soy casada pero cuando llegue ese día (q no lo espero) pregonare...EL CASADO CASA QUIERE!!! que vivir con los suegros siempre debe ser dificil...Muy buen relato, felicidades nuevamente!!

Fecha: 23/04/2004 20:34.


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