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Carterooo ¿hay cartaaa?Señor E.H: Oiga, ¡qué importante es usted!, o a lo peor ¡qué poco importante soy yo! Le he llamado tres veces y no he conseguido hablar con Vd. No, no crea que trato de reprocharle nada, ¡Dios me libre! Puede que haya sido por culpa de mis complejos. ¿Conoce Vd. el complejo de ventanilla? ¿Y el del teléfono? Bueno, pues yo tengo los dos. ¿Qué no sabe de qué va la cosa? Permítame, en un momento se lo explico. Verá: Un día tengo que solucionar un problema urgente, pongamos que en el Ayuntamiento, aunque lo mismo podría ser en la Delegación de cualquier Ministerio. Llego a la puerta, entro un poco intimidada por las dimensiones del edificio y veo pasillos, muchos pasillos, puertas acristaladas, ventanillas, muchas ventanillas. - Probemos en ésta – me digo. Un empleado me mira indiferente al otro lado del cristal. Por el camino he repetido una docena de veces lo que tengo que decir. - ¡Buenos días! Mire Vd. Yo venía a…. Cuando he soltado la parrafada de carrerilla, y me siento satisfecha porque me ha salido que ni bordado, oigo al señor que, casi sin mirarme, me dice con voz impersonal: - Suba Vd. al 2º piso y pregunte. Allí le indicarán. Subo las escaleras. Pasillos, muchos pasillos, ventanillas, muchas ventanillas. Serenidad- me digo. -¡Buenos días! Yo venía a…(Lo suelto todo otra vez) - Allí, en aquella ventanilla. ¡Y vuelta a empezar! Pero ya no me sale. Tartamudeo, me repito, me atraganto. Es por culpa de mi complejo de ventanilla. ¿No le ha pasado a Vd. nunca? Bueno, pues el complejo del teléfono es todavía más terrible. Por ejemplo, hoy le he llamado a Vd. Ring, ring, ring… - Dígame. - ¿ Don E. H.? - Sí, ¿qué desea? Es una voz femenina. - ¿Podría hablar con él? - Mire, no está, ha salido. ¿Quién es Vd.? - Bueno, él no me conoce. Me dio su teléfono J. L.C. Deseaba informarme sobre una revista. - ¿Cómo se llama la revista? - Es el Grupo Cristal. - ¿ El Mundo Cristiano? - No, no, señorita. Cristal, es el Grupo Cristal. - Bueno, llame dentro de media hora. Estoy un poco decepcionada. Me hubiera gustado conseguirlo a la primera. Me conozco bien. Sigo preparando la comida. De cuando en cuando miro al reloj. Ya ha pasado más de media hora. Probemos de nuevo. Ring, ring,ring… - Dígame. Ahora es una voz masculina. - ¿Don E. H.? - Sí, ¿quién es? - Soy Menchu Lasheras. Me dio su teléfono…(Vuelta a empezar) Pero esta vez me sale peor. Un poco atropelladamente le digo: - Me dijo que Vd. me podría ayudar a… - Un momento – me interrumpe- el señor E.H. está llamando por teléfono y no la puede atender. Llame dentro de cinco o diez minutos. Me maldigo interiormente. ¿Acaso no tienes bastante con el agridulce placer de iniciar a los hombres del mañana en los secretos de la lectura y la escritura, y con tus tareas de ama de casa? No, ¿verdad? Tienes que complicarte la vida haciendo versos- si es que se les puede llamar así-. Estoy desanimada. Algo me dice que el asunto no va a salir bien. ¿Por qué no lo habré dicho de otra forma? ¿Qué habrá pensado al escuchar "Me podría ayudar a…? En estos tiempos la gente no se muere de ganas de ayudar. Preparo la mesa para comer. Mis leones se mueren de hambre y están a punto de devorarme.Intentémoslo otra vez. Ring, ring, ring… - ¿El señor E. H.? - Sí, ¿de parte de quién? - He llamado hace unos momentos... - Ah, sí. Mire, el señor E. H. está muy ocupado y no la puede atender. Deje el recado o llame más tarde. - He entendido perfectamente. Perdone las molestias. Cuelgo el auricular y vuelvo a la mesa. Puede parecer raro, pero no estoy enfadada, ni decepcionada. ¿Gusta Vd. señor E. H.?" 28/05/2004 00:21 Comentarios » Ir a formulario |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
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