El tio Noviercas
-¡Que aproveche a todos!
- ¡Gracias!
- Padre, otra vez llega tarde. ¿No va a ver forma de que llegue a comer a tiempo?
- Vosotros tranquilos. Ya os tengo dicho que si no llego a tiempo que comáis. Es que…se me ha parado el reloj.
- ¡Claro! ¡Otra vez tiene la culpa el reloj!
- Niño, córrete un poco, déjale sitio al abuelo.
- No me eches tantas judías, hija. Me gustan mucho, pero me cuesta mucho hacer la digestión.
- Lola, ¿sabes quién se casa hoy?
- ¿Quién?
- Begoña, aquella que trabajaba conmigo en el taller.
- ¿Aquella que estaba casi siempre mala?
- Sí. Dicen que ha tenido mucha suerte, que el novio es una bellísima persona. Bueno, pues el golpe ha sido que después de tantos años trabajando juntas no ha invitado a ninguna compañera de trabajo.
- ¡No me digas!
- Me lo ha contado Rosa. Dice que en el taller se comentaba que como había ascendido de categoría sólo ha invitado a gente de copete.
- ¡Vamos, que no quería a ningún pelagatos! Pues debían haberse presentado en la comida y nada más, como ella. ¿No era esa la que se colaba con una amiga en las bodas sin estar invitadas?
- ¿Sabéis lo que le pasó al tio Noviercas?
- ¿Qué le pasó, abuelo?
- Pues que se casaron unos en Borobia, un pueblo cerca del mío, y el tio Noviercas no estaba invitado a la boda, pero como era muy gorrón, pensó que en el barullo nadie caería en la cuenta. Los invitados por parte del novio pensaban que estaba allí por parte del novio, y lo mismo les pasaba a los de la novia. ¡Échame un vaso de vino, chiquita, que parece que me cuesta terminar estas judías!
- ¡Juan, apártate un poco, que vas a meterle el pan al abuelo en la boca!
- Porque no tengo dientes, sino más de tres veces me habría ya comido lo que lleva en la mano este chico.
- Pero abuelo, ¿qué pasó?
- Pues verás. Cuando iban a sentarse a comer, algún invitado curioso empezó a indagar sobre quién había invitado al tio Noviercas. ¡No! Nosotros no lo hemos invitado, dijeron los parientes del novio. Nosotros tampoco, dijo un pariente de la novia. Entonces…
- Dame un trozo de pan, hija.
- Entonces, ¿qué, abuelo?
- Entonces, se pusieron todos de acuerdo, y cuando el tio Noviercas se sentó, empezaron a decirle: ¡Córrase un poco más tio Noviercas! Y al momento otra vez: ¡Córrase un poco más tio Noviercas! Así hasta que lo sacaron de la mesa y no le quedó más remedio que irse del banquete. Se marchó para su pueblo y, cuando estaba a la mitad del camino, se tropezó con unos que iban al pueblo donde se estaba celebrando la boda y les dijo: Cuando lleguéis a Borobia les decís a los de la boda por dónde me habéis encontrado.
¡ A ver si ya me he corrido bastante!
Un coro de risas celebra el chascarrillo del abuelo, mientas él, con su boca desdentada, se dispone sin prisas a atacar el segundo plato.
- ¡Gracias!
- Padre, otra vez llega tarde. ¿No va a ver forma de que llegue a comer a tiempo?
- Vosotros tranquilos. Ya os tengo dicho que si no llego a tiempo que comáis. Es que…se me ha parado el reloj.
- ¡Claro! ¡Otra vez tiene la culpa el reloj!
- Niño, córrete un poco, déjale sitio al abuelo.
- No me eches tantas judías, hija. Me gustan mucho, pero me cuesta mucho hacer la digestión.
- Lola, ¿sabes quién se casa hoy?
- ¿Quién?
- Begoña, aquella que trabajaba conmigo en el taller.
- ¿Aquella que estaba casi siempre mala?
- Sí. Dicen que ha tenido mucha suerte, que el novio es una bellísima persona. Bueno, pues el golpe ha sido que después de tantos años trabajando juntas no ha invitado a ninguna compañera de trabajo.
- ¡No me digas!
- Me lo ha contado Rosa. Dice que en el taller se comentaba que como había ascendido de categoría sólo ha invitado a gente de copete.
- ¡Vamos, que no quería a ningún pelagatos! Pues debían haberse presentado en la comida y nada más, como ella. ¿No era esa la que se colaba con una amiga en las bodas sin estar invitadas?
- ¿Sabéis lo que le pasó al tio Noviercas?
- ¿Qué le pasó, abuelo?
- Pues que se casaron unos en Borobia, un pueblo cerca del mío, y el tio Noviercas no estaba invitado a la boda, pero como era muy gorrón, pensó que en el barullo nadie caería en la cuenta. Los invitados por parte del novio pensaban que estaba allí por parte del novio, y lo mismo les pasaba a los de la novia. ¡Échame un vaso de vino, chiquita, que parece que me cuesta terminar estas judías!
- ¡Juan, apártate un poco, que vas a meterle el pan al abuelo en la boca!
- Porque no tengo dientes, sino más de tres veces me habría ya comido lo que lleva en la mano este chico.
- Pero abuelo, ¿qué pasó?
- Pues verás. Cuando iban a sentarse a comer, algún invitado curioso empezó a indagar sobre quién había invitado al tio Noviercas. ¡No! Nosotros no lo hemos invitado, dijeron los parientes del novio. Nosotros tampoco, dijo un pariente de la novia. Entonces…
- Dame un trozo de pan, hija.
- Entonces, ¿qué, abuelo?
- Entonces, se pusieron todos de acuerdo, y cuando el tio Noviercas se sentó, empezaron a decirle: ¡Córrase un poco más tio Noviercas! Y al momento otra vez: ¡Córrase un poco más tio Noviercas! Así hasta que lo sacaron de la mesa y no le quedó más remedio que irse del banquete. Se marchó para su pueblo y, cuando estaba a la mitad del camino, se tropezó con unos que iban al pueblo donde se estaba celebrando la boda y les dijo: Cuando lleguéis a Borobia les decís a los de la boda por dónde me habéis encontrado.
¡ A ver si ya me he corrido bastante!
Un coro de risas celebra el chascarrillo del abuelo, mientas él, con su boca desdentada, se dispone sin prisas a atacar el segundo plato.
19/06/2004 23:08










