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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004. 03/10/2004No ha caído en saco rotoMi carta al director del instituto no ha caído en saco roto. A los tres o cuatro días del envío me llamó a mi centro de trabajo para presentarme sus disculpas por lo sucedido. Me dijo que lo sentía mucho, que no había ninguna justificación para lo que había pasado y que se iba a indagar para esclarecerlo todo. Ya sabes, me dijo, que en ciertos momentos, que pueden ser apenas unos minutos, coincidiendo con los cambios de clase de los profesores, no se puede controlar del todo a los alumnos y quizás ocurriera en ese intervalo. Ahora yo sabía que el caso de mi marido no ha sido el único, que otras personas, principalmente ancianos, han tenido que pasar por lo mismo, y así se lo dije. Me he enterado de que en la reunión de padres celebrada hace escasos días, el director planteó el tema, y les comunicó que no se va a dar ninguna clase de pasada a los alumnos. Van a tener muy claro que el que reincida será seriamente castigado. ¡Ojalá no sea necesario! ¡Ojalá que los niños y los jóvenes consideraran como algo normal el respeto a los mayores y a las personas diferentes! También sé, porque estoy metida en ese mundo, lo difícil que es para los profesores el desempeño de su trabajo. Creo que un alto porcentaje no puede considerar su trabajo como algo gratificante. En la actualidad los profesionales de la enseñanza estamos sometidos a un alto grado de estrés que nos hace pasar a menudo por las consultas de los psiquiatras. Como en cualquier otra profesión, habrá gente que pase de su trabajo, pero una gran parte deseamos hacerlo bien. Sin embargo, esta sociedad que estamos haciendo entre todos, con sus ídolos de barro, su ley del mínimo esfuerzo, su exigencia de derechos y su olvido de deberes, su violencia... hace que los educadores no seamos otra cosa que pequeños Quijotes luchando contra enormes molinos de viento. 05/10/2004Lluvia de otoñoMe gusta verte caer, lluvia menudita y tibia, mientras el alma se llena en esta tarde de otoño de suave melancolía. Quedan Herrera y Moncayo ocultos tras la neblina y la arboleda cercana aparece engalanada de vaporosa mantilla. Empenachado está el cielo con girones de ceniza, relucientes los tejados, y hay, temblando en los alambres, mil lágrimas cristalinas. Ojos niños te contemplan, lluvia fina, furiosos tras el balcón; que son tus gotas cadenas y barrotes de prisión. Por la calleja desierta, al compás de su pregón, dueño de silbato y rueda, con andar parsimonioso, camina el afilador. 07/10/2004La corrida de torosÁngel llamó por teléfono para invitarnos a las fiestas de su pueblo y Luis le dijo que iríamos por la tarde, que sacara unas entradas para los toros y a la salida nos iríamos a merendar. Ésta ha sido la segunda vez en mi vida que asisto a una corrida. La primera fue en la época ya lejana de nuestro noviazgo. Ha sido una corrida de rejoneadores. En estos momentos me siento presa de sentimientos encontrados. Me ha gustado el alegre colorido de los tendidos, con las peñas animadas por sus ruidosas y alegres charangas; los hermosos caballos, ejecutando los elegantes pasos de danza como consumados bailarines, la música de los pasodobles, los olés, la vuelta al ruedo de los diestros agradeciendo los aplausos… Pero me ha impresionado contemplar cómo se les escapaba la vida a los toros por la herida del estoque, y con qué indiferencia los remataban y preparaban para el arrastre, mientras la gente daba cuenta de sus enormes bocadillos. El espectáculo de los toros posee, a mi entender, una gran belleza plástica, y proporciona a sus aficionados la emoción que conlleva el riesgo, pero personalmente lo encuentro cruel para los animales. 11/10/2004El viento está dormidoEl viento está dormido y callados los chopos de la acequia. Cae la tarde mansa, mientras se viste el cielo de rojos tornasoles. Al borde del camino se consume una hoguera mortecina y huele la tierra a fresco labrantío. Si el viento está dormido mil cosas tienen voz: El pitido del tren. El ronco aliento de un tractor. Tintineo de esquilas de un rebaño. El ruido de mis botas sobre el camino duro. El ansioso jadeo de mi perro corriendo tras las piedras que le arrojo. Sus patas vigorosas chapoteando sobre el terroso charco. Los ladridos furiosos de los perros guardianes de una granja. Las hojas secas del cerezo, crujiendo bajo mis pies en el ribazo. El verde delicado de la temprana sementera. La blanca y despeinada estela de un avión. El trino de un pajarillo solitario entre las matas… ¡Nada calla en la tarde! Hasta el viejo Moncayo, erguido y abrasado en el poniente, parece que me habla. ¿Que qué me dicen, me preguntas? No sabría explicarte. Mas…¡créeme! En esta tarde mansa con el cielo vestido de rojos tornasoles, mientras el viento duerme, es una pura orgía mi alma. 19/10/2004El dilema de los cocineros vascosEstos días ha saltado a los medios de comunicación la noticia de que, según las declaraciones de un detenido presunto miembro de ETA, cuatro famosos cocineros vascos han sido víctimas de extorsión por parte de la banda terrorista. Como consecuencia de estas declaraciones han tenido que presentarse ante el juez, ya que se considera delito el pago de cualquier cantidad a una organización fuera de la ley. Y yo me pregunto: ¿qué hubiera hecho si me hubiese encontrado en una situación semejante? Es seguro que hubiera pagado, como lo habrían hecho la mayor parte de mis conciudadanos, porque no somos héroes, sólo somos gente corriente que pensamos que la vida de nuestros seres queridos y nuestra propia vida es el bien más precioso que poseemos y, como tal, estamos dispuestos a hacer todo lo posible para defenderla. En este momento me atrevo a pedirle al juez que deje tranquilos a los cocineros, que bastante mal lo estarán pasando con lo que les ha pasado, y que ponga todo su empeño en mandar a la cárcel a los extorsionadores, ellos son el cáncer de nuestra sociedad y los únicos culpables. 23/10/2004Nuestros amigos de ArenysAprovechando nuestra visita a Barcelona con motivo de una consulta médica, fuimos a visitar a nuestros amigos de Arenys. Nuestra amistad se remonta a los días ya lejanos de nuestra luna de miel, cuando coincidimos con ellos en Mallorca. Él era entonces un joven cocinero. Ha sido muy emprendedor y, desde hace bastantes años, tiene un bar- restaurante junto al puerto. Allí trabaja toda la familia sin parar, sudando la gota gorda, porque la clientela es tan numerosa que no les da respiro. Sirven comidas desde la una hasta las cinco de la tarde, y la gente espera pacientemente su turno en una fila interminable. Cuando llegan las cinco se dice basta, y aquellos a los que no les ha tocado se quedan sin comer allí. Lo mismo pasa por la noche. El local es pequeño, y a primera vista no tiene nada que llame particularmente la atención, sin lujo ni etiqueta, pero la calidad de los pescados y mariscos es excelente. Allí encontramos a todos en el tajo. Padres, hijos, yernos, nuera…, hay trabajo para todos. Después de unos saludos apresurados y sin casi saber dónde colocarnos para no estorbar, nos acomodaron en una mesa entre el mostrador y la entrada. Supongo que a los que esperaban pacientemente en la fila no les haría mucha gracia vernos, como se suele decir, llegar y besar. Contó nuestro amigo que hace algún tiempo estuvieron los componentes del grupo “Les Tricicles” y, con el mayor disimulo posible, intentaron colarlos. Los que esperaban, al darse cuenta, montaron una buena bronca. La comida…¿qué voy a decir? ¡Magnífica! Nos trataron a cuerpo de rey. La verdad es que no estamos acostumbrados a comer tales y tan abundantes delicias del mar. Nuestros amigos son muy muy generosos. Allí estaba la pequeña Estefanía. Cuando llegamos dormía en su cochecito, detrás del mostrador, ajena a toda aquella endiablada actividad. Estábamos ya como a mitad de la comida cuando se despertó. Asomada al mirador de la barra, con sus ojos cargados de sueño y su pelo mojado por el sudor, observaba todo aquel barullo con la tranquilidad de quien contempla algo cotidiano. Se portó bien, entretenida por los abuelos o por el miembro de la familia que disponía de unos pocos minutos libres. Respondiendo a la petición de su abuelo, cogió con sus manitas la botella de wisky que estaba sobre el mostrador y la inclinó, tratando de echarle en el vaso. Del mismo modo, siguiendo las indicaciones que éste le hacía en catalán, cogió una faria y se la puso en la boca. Está al revés, le dijo él. Ella le dio la vuelta y volvió a ponérsela. Un poco después vimos a aquella muñequita limpiando salerosamente la barra con una bayeta. Aquí tenemos a la tercera generación de la familia Folch preparándose para el negocio, pensé. 24/10/2004Con todo respetoAnda la gente alborotada estos días con motivo de la propuesta del Presidente de Aragón de quitar del escudo de la Comunidad Autónoma las cuatro cabezas que contiene ( las que muchos suponen pertenecientes a cuatro caudillos árabes decapitados en una batalla que tuvo lugar en los tiempos ya lejanos de la Reconquista), como muestra de respeto a los numerosos emigrantes de países árabes que se han establecido en esta tierra. Los que entienden de Heráldica y de Historia se han apresurado a explicarnos que no es cierto que dichas cabezas pertenezcan a personas decapitadas, y que ni tan siquiera representan a caudillos árabes, sino que representan a señores árabes o cristianos, derrotados en dicha batalla, cuando no eran raras las alianzas entre unos y otros para luchar contra un enemigo común. Con todo mi respeto hacia estas personas que vienen a vivir entre nosotros, yo me pregunto - a sabidas de que mi pregunta pueda parecer políticamente incorrecta- Si otro número igual de aragoneses o españoles marcharan a vivir a esos países de los que proceden, ¿alguien puede imaginar siquiera que ellos cambiarían sus costumbres o sus símbolos para no herir nuestra sensibilidad? ¡Por favor! ¡Seamos serios! Procuremos, eso sí, acogerlos con respeto, pero dejémonos de "estas chorradas" ( perdón por la expresión). Porque cada vez somos más los que creemos que esto es tan sólo una cortina de humo para desviar la atención del personal de otros problemas más importantes. 26/10/2004Una palabra bondadosa puede edificar un castilloAcabo de leer el libro de Dulce Chacón, Cielos de barro. Uno de los personajes contaba que cuando el campanero del pueblo tocaba la campana para marcar la hora, él y su mujer tenían la costumbre de escuchar las campanadas, y luego le hacían al campanero algún comentario sobre cómo éste había llevado a cabo su labor “porque hacer algo sin que nadie te lo tenga en cuenta- añadía- es muy desagradecido” Y así es. ¿A quién no le gusta que valoren su trabajo? Yo me esponjo cuando mis hijos o mi marido me dicen lo buena que les ha sabido la paella, o las croquetas, por no poner otro ejemplo. Pero no siempre sabemos reconocer el trabajo de los demás, ni acostumbramos a decirles que nos gusta cómo lo han hecho, casi siempre resultamos muy tacaños a la hora del elogio y no caemos en la cuenta de que tal como leí en otra ocasión, “cada palabra bondadosa, hablada desde el corazón, puede edificar un castillo.” 30/10/2004El eclipseEsta tarde, mientras escuchaba el programa de radio “SER Aventureros” he oído a los locutores hacer un comentario sobre el reciente eclipse de luna, que no hemos podido observar en España, al menos en la zona donde yo vivo, por causa de la nubosidad. Decían que ha sido un eclipse espectacular que tardará unos años en repetirse. ¡Mala suerte! Sin embargo, sí que pude disfrutar del eclipse total de sol que tuvo lugar hace cuatro años, creo. ¡Que curioso! Recuerdo perfectamente que aquella mañana estaba cocinando uno de los platos favoritos de mi hija, unas berenjenas rellenas. Es uno de esos platos a los que hay que dedicar un buen espacio de tiempo, para comprobar después cómo los comensales dan cuenta de él en un abrir y cerrar de ojos. ¡A lo que vamos! Mientras cocinaba, iba notando cómo la luz disminuía paulatinamente, hasta obligarme a encender el fluorescente de la cocina. De cuando en cuando abandonaba momentáneamente mi tarea para salir a la terraza y contemplar el poco frecuente fenómeno, y el desconcierto de los pájaros ante la inesperada llegada del anochecer a hora tan inusual. Disfruté mucho contemplando las espectaculares imágenes ofrecidas por la televisión, pero no sucumbí a la tentación de observarlo al natural, aunque según dijeron no volvería a repetirse hasta el 2027. Puede que como decía mi madre “para entonces todos calvos”, dando a entender que era posible que ya hubiésemos pasado a mejor vida. Ella nos contaba que hace ya mucho tiempo, en los años de la posguerra, cuando el hambre hacía sonar las tripas, ella fue con otras mujeres a recoger garbanzos al campo. Era media tarde y de repente el cielo se oscureció hasta hacerse de noche. Ellas no supieron entonces explicarse el porqué. |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
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