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El fútbol y sus apasionamientos

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De todos es sabido que el fútbol levanta pasiones. Cada lunes durante la temporada liguera, en las oficinas, en las fábricas y talleres, en los trenes y autobuses, en cualquier punto de reunión, el fútbol es tema de obligada conversación para los miles y miles de aficionados a este deporte. Pero este intercambio de opiniones rara vez transcurre de una forma sosegada. No. Éste es un mundo de un apasionamiento increíble. Cualquier comentario expresado en tono amigable y coloquial puede degenerar, casi sin darse cuenta, en una discusión acalorada. En más de una ocasión los exaltados han llegado a las manos. Y hasta se ha causado la muerte del aficionado rival alguna vez.

No es éste el caso que me ocupa. Me gusta oír la radio mientras hago las tareas de la casa. Esta mañana he sintonizado el programa "Buenos días" de Radio Nacional de España. Suelen lanzar al aire un tema, invitando a los oyentes a dar su opinión sobre el mismo a través del teléfono o del correo electrónico. Hoy han propuesto el de las relaciones entre suegros y yernos. No he podido escuchar a todos los participantes, pero al final del programa han repetido la anécdota contada por uno de ellos, supongo que por considerarla la más divertida. Era un hombre de Sevilla, uno de esos andaluces que como tantos otros tiene la sal por arrobas, de modo que todo lo que cuentan resulta divertido. ¡Ojalá supiera yo repetirla ahora con esa gracia!

"Pues er caso es - decía el hombre- que un día estábamos comiendo toa la familia en casa de mis suegros. Y empesamos a habrá de fútbol. Y unos éramos del Betis y otros del Sevilla (los dos equipos de la misma ciudad, como es bien sabido) Y entonses mi suegro empesó a discutí con mi cuñao, que es también su yerno. Y cada ves chiyaban má. Y entonses mi suegro se asercó a donde mi cuñao questaba comiendo, y ar gritá se le cayó la dentadura ar plato de mi cuñao. Entonses mi cuñao, coge er plato, y lo tira por la ventana a la calle. Y era una calle que pasaban muchos coches. Entonses, tor mundo salió a ver qué pasaba con la dentadura, y ya le habían pasao cuatro o sinco coches por encima…

Los locutores se reían a carcajadas. Yo me he reído como no lo hacía en mucho tiempo. Era una risa imparable, de esas que te producen dolor de estómago y que te hacen llorar. Si hubiese sido posible reunir las risas de todos los oyentes es más que seguro que las carcajadas se hubieran escuchado en la China, o hasta en el Japón. Todavía me río al recordarlo.

Lo que el sevillano no nos ha contado es cómo terminó el chascarrillo. Si el suegro se tomó el desastre con filosofía o si el yerno tuvo que reembolsarle el precio de la dichosa dentadura. ¡Que una dentadura en estos tiempos vale una buena pasta! ¡Qué Dios nos libre del dentista! ¡Amén!

 

22/11/2005 00:12 Enlace permanente. Retazos

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