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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005. 02/08/2005Al borde del arroyo He subido más arriba del Cortadero, hasta el lugar donde se recoge el agua de boca para conducirla primero hasta el blanco depósito situado a la entrada del pinar y más tarde al pueblo asentado sobre el valle. El agua suena ruidosa y alborotada entre las piedras mientras salva los desniveles del terreno. Extiendo mi esterilla bajo un frondoso pino y me siento sobre el pequeño cojín que guardo en la mochila. Aquí el espacio llano es reducido, tan sólo la anchura del camino que muere junto al arroyo. Hay una pequeña mesa y cuatro asientos de cemento blanco donde a veces juegan a las cartas o meriendan las personas que suben hasta aquí. El pinar asciende bravo por la empinada ladera escasamente transitable. Hay un estrecho sendero, marcado de tanto en tanto con los colores blanco y rojo característicos de los recorridos de a pie. Sobre lo alto, unos rayos de sol penetran por las estrechas celosías, las hojas trazan delicados encajes sobre el cielo y una ligera brisa mece amorosamente las delgadas ramas de las copas. El canto bullicioso de las aguas logra acallar todos los demás sonidos del pinar. Todo enmudece. Sólo escucho el agua y a Yako, mi perro pastor alemán, que respira ruidosamente mientras hurga con su hocico sobre la tierra en busca de una piedra para sus juegos, esparciendo en el aire el fresco olor de la hojarasca de los pinos. Coge la piedra entre sus dientes y corre de un lado a otro alocadamente con ella. La suelta, la mueve entre sus patas, ladra con ferocidad; así hasta que se cansa y la abandona temporal o definitivamente. Aprisiona después algunas de las innumerables piñas esparcidas por el suelo y las hace crujir entre sus potentes colmillos. De cuando en cuando se me acerca, pone su presa al alcance de mi mano, se sienta sobre sus patas traseras y me mira atentamente como animándome a participar en sus juegos. Pero yo muchas veces me hago la distraída, como si no lo viese. Son sus glorias ir una y otra vez a buscar el objeto que le arrojo, incansable, sin enfadarse cuando trato de engañarlo sobre la trayectoria del blanco. Cansado de no atraer mi atención se mete en el arroyo y chapotea entre las piedras que cubren el cauce.¡Plaf! Acabo de matar un tábano traidor, que haciendo caso omiso del repelente que me he aplicado sobre las partes visibles de mi anatomía se me ha posado sobre la pantorrilla. La semana pasada un voraz congénere me hizo pasar las de Caín con su dolorosa picadura. En contra de la filosofía del Santo de Asís, aquel del Hermano Sol y el Hermano Lobo, tengo declarada una guerra sin cuartel a todos los pérfidos insectos chupadores, picadores, mordedores… capaces de terminar con la paz idílica del bosque. Los furiosos ladridos de Yako me sobresaltan. Una pareja de excursionistas desciende por el sendero. Llamo al perro y lo sujeto con la cadena. Ellos balbucean preguntando por el pueblo oculto con acento extranjero. Yo señalo hacia él con mi brazo. Me dan las gracias con una sonrisa y continúan su camino. 05/08/2005El horror de Hiroshima Cuando escribo estas líneas, faltan sólo unas horas para que se cumpla el sesenta aniversario de la explosión de la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, durante la segunda guerra mundial. El día seis de agosto de 1945, a las 8:12, el bombardero estadounidense Enola Gay dejó caer esta bomba llamada Little Boy sobre el centro de la ciudad. Ciento cuarenta mil personas muertas, y miles y miles de afectados por la radiación, fueron los terribles resultados de esta gran vergüenza de la humanidad. Produce escalofríos escuchar el relato de lo sucedido y los testimonios de los supervivientes de aquel horror. ¿Hemos aprendido algo de aquel desastre? Me temo que no. Los gobiernos siguen gastando miles de millones en una carrera desenfrenada y escandalosa por ser los primeros en el ranking de la capacidad de destrucción. ¡Qué día tan hermoso será aquel en el que los hombres hagan por fin una apuesta definitiva por la vida!08/08/2005Uno más que se ha ido Hay un tiempo en la vida, cuando apenas la tienes recién estrenada, en que la idea de la muerte se te presenta como algo muy lejano. Y aunque en alguna ocasión te tropieces con ella, cuando su afilada guadaña siega la vida de algún familiar o de algún conocido, tú la consideras como un mero accidente. Miras hacia otro lado intentando ignorarla, te dices a ti misma que eso les pasa a los otros, y pronto la olvidas para seguir viviendo. La vida es demasiado hermosa para perder el tiempo en eso, te dices. ¿Quién piensa en la muerte? ¡Hay que vivir! Pero los años van pasando, y aunque trates de cerrar los ojos a la realidad, no puedes por menos de constatar que cada vez van quedando más huecos en el grupo de tus conocidos. Y eso se hace más patente cuando, como hoy, acompañas al pequeño cementerio del pueblo a uno de sus hijos. Cuando el sepulturero ha terminado su tarea y el féretro reposa en el nicho, tu mirada se desliza hacia cada rincón del tranquilo recinto y vas leyendo uno tras otro los nombres de los que están enterrados en este lugar. Por un momento vuelven a la vida y te parece oírles hablar, y reír, y afanarse en sus trabajos... Ahora todos descansan. Ya no hay dolor, ni ambición, ni orgullo… Sólo silencio. A veces también olvido. ¡Ahí te quedas, amigo Miguel! En el cementerio blanco de tu pueblo, arrullado por el sonido de la brisa entre los pinos. Hasta la vista. Sé que un día, tal vez no muy lejano, los que me quieren me traerán también aquí a reposar contigo.14/08/2005Cuando la Tonda me llama Como el imán al hierro,como a golosa mosca la dorada miel, como la luz a la inocente mariposa, como al que ama los labios de su amado, tú me atraes, me hechizas. Extraño y misterioso es tu lenguaje: Rumores, ecos, palabras sin sonido que nadie más parece oír. -¡Sube hasta miií…! ¡Te esperooo…! - ¿Por qué? ¿Por qué me llamas? Cada vez que me dejo enredar en tu encanto me palpitan las sienes, el corazón pierde el compás, se lastiman mis pies con las tollagas, mi cuerpo entero se resiste a avanzar. Y te digo: ¡Ya basta! ¡No daré un paso más! Pero sigues llamando insensible a mis quejas: -¡Adelante! ¡Adelante! ¡No desmayes! ¡Ya casi lo has logrado! -¿No te estarás burlando? Juraría que está tu cima más distante… -¡Te equivocas! ¡Mira un momento atrás! Han quedado a tus pies las últimas encinas. Ya asoman las crestas orgullosas de las Peñas de Herrera por detrás del pinar. ¿No notas? Es perfumado y puro el aire. Los gritos de los niños jugando por las calles se han apagado ya. Contempla en el azul el vuelo de las águilas. Oye el son de la brisa, el cantar de ese grillo, el zumbar de las moscas, el canto del pajarillo montaraz. -¡Ay, Tonda amiga, me voy haciendo vieja…! -¡Sólo te falta un poco! ¡No desmayes! ¡Por fin! ¡Lo conseguiste! Toma asiento en mi seno y descansa. -¿Notas mi corazón? Es pajarillo en jaula intentando escapar. -¿No te parece hermoso todo lo que te ofrezco? -¡Es hermoso! ¡Tan hermoso…! Todo está ahí como lo recordaba: Las eras, el castillo, el pueblo y el pinar, los campos amarillos, la estrecha carretera, los blancos cascajales, el oscuro encinar … Esta vez ha subido un amigo conmigo. ¡Silencio! ¡Dejemos al poeta hablar! "...Y ellos, pájaros, nubes, no se engañan: dejando que por abajo pisen los hombres y los días, se van arriba, a la cima del árbol, al tope de la torre, seguros de que allí, en las fronteras últimas de su ser terrenal es donde se consuman los amores alegres, las solitarias citas de la carne y las alas..."“ ¡Bravo, Pedro Salinas! Yo siento mío tu cantar. La tarde está cayendo. ¡Adiós, amiga Tonda! ¡Hasta el año que viene! Y si no respondiera a tu llamada, no pienses que se ha borrado tu recuerdo. Será mi cuerpo torpe, que ya no puede más. La belleza y el hermoso silencio de tu cumbre- cien años que viviera- no podría olvidar. 19/08/2005Mi escapada al Campo No es un campo cualquiera. El Campo es el nombre que recibe la amplia extensión de terreno casi llano en la cima del monte que junto con las Peñas de Herrera y la Tonda constituyen las mayores elevaciones que rodean el pueblo. Se llega hasta allí a través de una empinada pista forestal de incontables curvas. Un numeroso ejército de moscas pegajosas son mis incómodas compañeras de camino. De trecho en trecho me detengo para recobrar el aliento y enjugarme el sudor. Yako, con la respiración entrecortada, va unos metros por delante abriendo la marcha. De pronto, ladra y retrocede sobresaltado. Un águila, parada al borde de la pista, le planta cara. ¡Es enorme! Extiende sus alas y nos mira con aspecto fiero. Verme tan cerca de ella me causa verdadero miedo. Temblorosa, intento enfocarla con mi cámara, y en ese momento levanta el vuelo hacia nosotros. Presa del pánico elevo el bastón por encima de mi cabeza en un gesto instintivo de defensa. El águila pasa sobre nosotros majestuosa, casi rozándonos con sus garras. ¡Adiós foto! Me temo que no he conseguido captarla mientras se aleja rápida. ¡Vaya fotógrafa! Es seguro que no sirvo para reportera gráfica en misiones arriesgadas. ¡Qué le vamos a hacer! ¡Ya estoy arriba! La vista es magnífica. Casi quita el aliento. Las Peñas de Herrera, con el Moncayo a sus espaldas, se recortan espectaculares contra el cielo. Abajo, en la lejanía, se divisan los pueblecitos blancos, los campos amarillos de cereal ya cosechados, las manchas oscuras de los encinares. En los altozanos que sobresalen sobre la llanura, numerosos aerogeneradores dibujan en el paisaje empalizadas blancas. Sentada sobre una losa colonizada de líquenes multicolores, contemplo y admiro. “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas…”- propuso el apóstol Pedro. ¡Cómo lo entiendo! Miro absorta. En silencio. Sin pensar. Sólo sintiendo. Ver, oír, oler. Poco a poco el cielo va cubriéndose de oscuros nubarrones ¿Habrá tormenta? Me resisto a bajar, alargando el momento del regreso. ¿Vamos Yako? ¡Otro día volveremos!25/08/2005Cuando fluyen los recuerdos Se llamaba Jesús y era mi primo. Una noche – no habrán pasado quince días desde entonces - apenas había terminado de cenar cuando se sintió mal, y en pocos minutos, tan pocos que el acontecimiento causó sorpresa en los presentes, pasó a mejor vida. Por motivos que ahora no vienen al caso no pude asistir a su funeral, y desde entonces ni un solo día he dejado de pensar en él. Creo que cualquiera que lea estas líneas me entenderá si digo que hay primos y primos. Están los primos que son hijos de tus tíos y aquellos otros que además de cumplir esta premisa han tenido contigo una relación de cercanía que hace que los lazos de parentesco se estrechen. Mis hermanos y yo convivimos con mi primo Jesús durante nuestros años de infancia, hasta que por motivos del trabajo de mi padre nos trasladamos a vivir a Zaragoza. Y los recuerdos de esos primeros años, en los que todo queda grabado de una forma tan especial, acuden en tromba a mi memoria en estos días. Sus ojos, con el iris de distinto color, le conferían una forma especial de mirar. Era mucho mayor que nosotros, delgado, de baja estatura, con la piel curtida por el aire y el sol a causa de su trabajo de pastor. Muchas tardes de invierno, ya anochecido, después de encerrar las ovejas venía a mi casa, y allí matábamos el tiempo jugando a las cartas junto al hogar, bromeando y riendo, muchas veces a mi costa, por ser la más pequeña de todos. Recuerdo nuestras comidas familiares con motivo de la matanza del cerdo o de las fiestas patronales. Y el día de Viernes Santo, en el que yo acompañaba a mi tía, cuando, siguiendo la costumbre, llevaba la comida al campo a mi primo. Garbanzos de ayuno y bacalao era el menú que marcaba la tradición. Sentados sobre la manta al resguardo del viento, mientras las ovejas ramoneaban la hierba no lejos de nosotros, dábamos buena cuenta de la comida, en aquellos años en que, como consecuencia de la guerra recién terminada, hasta el pan era escaso. Y su perra Sola, que gruñía enfadada cada vez que veía a su dueño enredando con nosotros. Y los días de esquileo, cuando al salir de la escuela acudíamos al corral para ver el trabajo de aquellos hombres habilidosos, aliviando a las ovejas de su lana. Y sus cenas frugales, con aquellos huevos asados al amor de la lumbre… Lo enterraron en el tranquilo cementerio, junto al ciprés, sobre la misma tierra en la que reposa mi tía, con la que compartió la vida mientras ella vivió. Como buena madre que era siempre le preocupó lo que sería de su hijo cuando ella faltara. Ahora descansan juntos, y mi primo Jesús ya no necesita nada. 27/08/2005El cipotegato “¡Cipote!…” “¡Cipote!…” Es el grito acompasado que se escapa de cientos de gargantas, mientras, manos en alto, sostienen la roja munición y esperan la aparición del Cipotegato, el estrafalario personaje ataviado con un vistoso traje de colores, que el día 27 de agosto, víspera de las fiestas de San Atilano, patrono de la ciudad de Tarazona, en la provincia de Zaragoza, sale de su Casa Consistorial y recorre la plaza soportando el incesante lanzamiento de tomates por parte de la multitud, en clamorosa e incruenta batalla. ¡Pobre Cipotegato! ¡Vaya paliza! Aunque para él sea todo un honor ser elegido para representar a tan famoso personaje, El final del recorrido lo hace a hombros de sus amigos, que procuran abrirle paso y ayudarle a llegar. Encaramado por fin sobre la escultura metálica que lo representa, de cara a la hermosa fachada del Ayuntamiento, envía besos a la multitud. Como consecuencia del fuego cruzado, nadie logra quedar a salvo de los blandos y churretosos proyectiles que llueven en todas las direcciones alcanzando todos los rincones de la plaza. Parapetados tras unos jóvenes de elevada estatura en un pequeño soportal, pretendemos contemplar el espectáculo y salir indemnes. ¡Vana ilusión! Pronto recibimos los primeros impactos. Luego llegan otros. Y otros más. El suelo, las fachadas, los balcones de los edificios de la plaza, cabezas, caras, brazos, piernas, pechos y espaldas de los asistentes van tiñéndose más y más con el zumo del rojo vegetal. A nadie parece importarle. Hay que cumplir la tradición. Luego llegará el momento de la ducha. ¡Felices fiestas, turiasonenses! |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
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