¡Demonio de butanero!

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¡Piií! ¡Piií! ¡Piií!

Se oye sonar en la calle el claxon de la camioneta del repartidor de butano doméstico. Parece ser que éste es un trabajo en peligro de extinción, ya que cada vez es más frecuente que las casas estén equipadas con cocinas eléctricas o vitrocerámicas y, del mismo modo, las calefacciones en su mayor parte funcionan con electricidad, gas ciudad o gasoil. Hace mucho tiempo que no utilizo sus servicios, pero hoy, al oírlo, me ha venido a la mente una anécdota que me ocurrió hace años con el butanero. No sé si todavía será el mismo repartidor y si con la edad se le habrá mejorado o agriado el carácter.

Así está reflejada en mi viejo diario:

20 de enero de 1988

Hoy, fiesta del glorioso San Sebastián, patrono del pueblo, disfruto de fiesta laboral. Para celebrarlo, he decidido regalarme a mí misma un rato más que de costumbre de permanencia en la cama. Estaba durmiendo tranquilamente cuando ha sonado el timbre. He saltado sobresaltada de la cama. ¡Dios! ¡El butanero! Se me había olvidado por completo. Me he puesto la bata y las zapatillas de cualquier manera – ni siquiera me he permitido darme una peinada – por no hacerlo esperar. He cogido el monedero y me he lanzado escaleras abajo. Suelo utilizar la puerta pequeña de la cochera para estos menesteres, pero hoy no he encontrado las llaves. Así que no me ha quedado más remedio que ponerme a luchar con los dos enormes batientes para dejar el paso libre. Para mis adentros iba pensando que el empleado estaría impacientándose. Es un muchacho joven, pero da la impresión de tener un carácter un poco especial.

-¡Buenos días! No encontraba las llaves –he saludado con un tono de disculpa.

No ha contestado.

- ¡Malo!- me he dicho.

Ha dejado el butano en el sitio acostumbrado. Entonces he abierto el monedero y…¡Sólo había un billete de cinco mil pesetas!

- ¡Vayaaa! Esto para terminar de estropearlo –pienso.

Al alargárselo, se me ha quedado mirando y me ha dicho en tono sentencioso:

- Hija mía, el próximo día que me des para pagar un billete de cinco mil te quedarás sin butano. ¿De dónde quieres que saque cambios a estas horas?

- Lo siento- vuelvo a disculparme-. Me has pillado durmiendo y no he encontrado otra cosa.

- Pues, hija mía - me ha contestado con muchos aires – ya sabes que los de esta calle sois los primeros, así que a ver si nos despabilamos… Y qué me dices del sueño... Más tendré yo que soy joven.

Mientras, iba poniendo en mi mano los cambios. Quizás en otra ocasión me hubiese enfadado y hubiese pensado… ¡Qué tipo tan grosero!

Pero hoy he tenido que hacer grandes esfuerzos para no reírme en sus propias narices

- ¿Estás en la cuenta? Te he dado tres mil, las ochocientas setenta y cinco del butano, con esto hacen las cuatro y con este billete, las cinco.

Hasta le he dado una moneda de propina al huraño muchacho, y él se ha ido con su butano a otra parte.

La risa se me escapaba a borbotones mientras subía las escaleras. Ha sido una divertida manera de empezar la fiesta de San Sebastián.

19/01/2006 18:15

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Autor: Corazón...

Jajaja, Toria, mira que hasta yo me he reido :)

Cierto buen inicio de las Fiestas de San Sebastián, que las disfrutes :)

Besos y saludos!

;o)

Fecha: 25/01/2006 08:03.


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