![]() |
|
|
¡Barro mi casita...!![]() ¡Barro mi casita, lalaralalitaaa…! Como la ratita del cuento. Eso hago yo en estos últimos días. Ya bajamos de la montaña. El tiempo refrescó, vinieron las lluvias, y pensamos que había llegado el momento de emigrar. El traslado es siempre un suplicio. ¡Algo verdaderamente agobiante! Parece no llegar nunca el momento de ver empaquetadas todas las cosas. Tenemos dos enormes maletas. "Mira tu madre- se burla mi hermana dirigiéndose a mis hijos- parece que lleve los baúles de la Piquer" Yo me río. Pero todavía no son suficientes. Hay que echar mano de toda clase de bolsas y cajas de cartón disponibles. Y aún así… Dos sillas de ruedas, una bicicleta estática, la caja para trasladar al perro…¡Un sin vivir! Y cuando llegas a casa, lo encuentras todo medio escondido bajo una espesa capa de polvo. ¡Mejor es armarse de paciencia! Fregar, frotar, lavar todas las ropas que bajamos para dejar la casa a punto para el próximo verano. Planchar, planchar, planchar… En fin. Poco a poco. Me he prometido a mí misma no agobiarme. La casa resulta demasiado grande para los tres. ¡Y tan silenciosa…! Mi hermana y mi cuñado se fueron ya. Mi hijo pequeño aprovechó el verano para preparar su propio nido. ¡Es la vida! No puedo quejarme, porque sigo viéndolo todos los días, pero se me hace un poco extraño abrir la puerta de su habitación y encontrarla vacía. Los sentimientos de cada uno de nosotros al dejar nuestra residencia de verano han sido bien diferentes. Miguel hijo soñaba con bajar. Estaba deseando pasar algún rato con sus amigos. Le pesaba tanta tranquilidad. Miguel padre se encontraba muy bien allí, arropado por su gente. En estos pueblos pequeños, todos somos familiares y conocidos. La verdad es que lo han cuidado estupendamente. No ha habido ni un solo día en el que alguno de ellos no lo haya acompañado a casa desde el bar por aquellas empinadas cuestas. Y luego, la charla hasta el anochecer en la carretera de acceso al pueblo. Y las salidas a tomar la fresca, después de cenar, con tertulia y juego del rabino a la luz de la farola incluidos. En cuanto a mí, a pesar de las circunstancias tan especiales que nos han tocado vivir este verano, he podido salir a andar una buena caminata cada mañana, y disfrutar del paisaje, con sus olores y sonidos. No puedo negar que he sentido a menudo nostalgia de las cumbres… Otra vez será, si me lo permiten mis pobres huesos, cada vez más oxidados. ¿Y qué decir de Yako? Mi perro se lo ha pasado en grande. Estoy segura de que noche tras noche soñará con los corzos y conejos que persiguió durante el verano, y con el dulce sabor de las moras que tanto le gustaban. Cuando me asomo por la ventana de mi habitación lo encuentro tumbado en el corral. Lo llamo, y él me mira con aire resignado. ¡Otro verano vendrá! – parece decir. 21/09/2006 20:32 Comentarios » Ir a formulario
Querida Toria :)
Sí, otro verano se ha marchado, pero me alegra que lo hayas pasado genial, primero Dios vendrá otro y podrás disfrutar en grande. Ya imagino que de grande y vacía se puede sentir tu casa, pero creo solo serán los primeros días, meses, después te acostumbraras y disfrutarás de esa paz y tranquilidad que te ha de brindar. Un beso ;o) Fecha: 28/09/2006 05:24. |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
Temas
Archivos
Enlaces |