¡Brindemos por la vida!

-¡Aló! – suena a través del auricular la voz de mi cuñada.
He llamado para felicitar a mi hermano en el día de su cumpleaños. Hoy cumple sesenta y cuatro años, pero podría decirse que cumple cuatro, cinco a lo mucho. Pronto se cumplirán cinco años desde el día en el que sufrió un grave accidente que le produjo un largo periodo de coma profundo del que casi pensábamos que ya no iba a salir. Después tuvo que estar internado durante un largo año en un centro de rehabilitación, y más tarde, una vez en casa, todavía tuvo que someterse a una intervención quirúrgica de gran riesgo.
- Es que yo tengo siete vidas como los gatos – dice a veces, con su forma de hablar un poco lenta, una de las secuelas que le han quedado como recuerdo de aquel día aciago.
Y es verdad, o al menos lo parece. Estando interno en el colegio, quizás tuviese entonces doce años, tuvo el tifus y pasó unos días en estado de bastante gravedad. No habrían pasado dos años más cuando, el día de San Juan, en una salida al campo con todos sus compañeros, se subió a un cerezo y se cayó desde la rama más alta. ¡Casi no lo cuenta! En esta ocasión salió adelante, con una ligera sordera de por vida como consecuencia de la rotura del hueso temporal.
Fue siempre un chico travieso y aventurero. No había pájaro, pez, o rana que pudiesen sentirse seguros en su presencia. Y mantuvo esa afición por los animales a través de los años. Siempre había en su casa un buen número de pájaros deleitando a sus moradores con sus hermosos trinos. En su juventud marchó a Francia en busca de trabajo. Era un buen soldador. Volvió a España de forma esporádica para visitar a los padres, a las hermanas y a la novia. Después de la boda se fueron los dos y allí formaron su propia familia.
- ¡Felicidades, Isaías! – le digo contenta. ¡Y que cuuumplas muuuchos maaás! – añado cantando, como hacía en el cole para felicitar a mis alumnos en su día.
- ¡Gracias! – me contesta riéndose. ¡Y usted que lo vea!
- ¿Has pasado buen día?
- Oui – dice. El francés se le escapa sin darse cuenta después de tantos años.
Tras el accidente, al salir del coma, había olvidado por completo el español.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo nos entenderemos con él? – nos preguntábamos mi hermana y yo con temor. Pero poco a poco, entre balbuceos, fue recuperando el idioma materno.
Me cuenta muy contento que ya puede subir dos escaleras, apoyando una mano en la barandilla y la otra sobre el hombro de mi sobrino.
- ¡Muy bien! – lo animo – sigue así.
¡Felicidades, hermano! ¡Brindemos por la vida! ¡Y no pierdas nunca ese ánimo! Desde España celebramos con alegría cada uno de tus pequeños logros.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: Corazón...
Me uno a esa alegría de poder felicitar y desear un enhorabuena a tu hermano :)
MUCHAS FELICIDADES...
Desde México hasta dónde ahora mismo se encuentre él :)
Un abrazo lleno de mis mejores deseos.
;o)
Fecha: 14/10/2006 07:08.










