También mi perro tiene ansias de libertad

20061127204115-nube1.gif

Cada mañana, al abrir la ventana de mi dormitorio situado en la parte posterior de la casa, lo primero que hago es mirar a lo lejos. Si el día está despejado, puedo ver las siluetas familiares del Moncayo y las Peñas de Herrera. Después, miro hacia abajo. Allí, en el amplio corral, encuentro a Yako esperando a que yo aparezca. Permanece muy quieto, expectante, observándome con fijeza. Se me figura que los dos sentimos a la vez el pinchazo de la nostalgia. ¡Aquellas largas caminatas de verano…!

A menudo le hablo como si fuera una persona.

- ¡No, Yako! ¡Ahora no toca!

Parece que entendiera lo que le digo. Entonces, busca el pedazo de una pelota de goma que apareció hace ya tiempo en el corral, arrojada involuntariamente por algún niño. Se ha convertido en su juguete. La toma en su boca y la coloca en el suelo junto a sus patas delanteras. Menea el rabo y me mira como suplicando que baje a lanzársela a lo alto.

- No puedo, Yako - le digo.

Entonces saco mi brazo por la ventana como si fuese a quitársela desde arriba, mientras le digo:

-¡Que te la quito!

Eso le basta. La sujeta con sus dientes y la mueve con fuerza mientras da vueltas sobre sí mismo como si estuviese loco, lanzando ruidosos soplidos. Así una y otra vez. Incansable, animado por mis palabras y por mis risas.

Hasta que me retiro de la ventana para comenzar mis tareas cotidianas. Entonces él se queja lastimeramente como si fuera un niño contrariado.

27/11/2006 18:08

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]