¡Yo, no he sido!

Hubo un tiempo en el que leía con frecuencia novelas de misterio de la famosa escritora Ágatha Christie. También leí otras de espionaje del escritor John Le Carre. El mundo de los espías, aunque fuera tan solo en papel impreso, siempre me ha producido escalofríos. Esos personajes calculadores e implacables, moviéndose como sombras casi invisibles por cualquier país de la Tierra, sin respetar leyes ni fronteras, en pos de sus oscuros propósitos.
Estos días el tema goza de plena actualidad. La muerte en Londres del ex espía ruso Alexander Litvinenko, causada por envenenamiento, mediante una sustancia radiactiva llamada polonio 210, ha levantado una punta del espeso velo que cubre ese mundo misterioso y terrible.
Debería dolerme su muerte por tratarse de un ser humano, pero al igual que me sucede cuando muere un terrorista, me cuesta encontrar en mi interior un sentimiento de piedad. ¡A saber lo que habrá hecho él en sus años de espía! - me digo.
Dicen que acabaron con él porque estaba investigando la muerte de Anna Politkóvskaya, la periodista rusa recientemente asesinada, que con la cantidad de polonio utilizada para su envenenamiento hubiese podido morir 100 veces, y que el precio de este producto es superior a los 30 millones de dólares. Esta bonita cifra reduce considerablemente el número de los posibles sospechosos.
Quiero ayudar a los agentes de Scotland Yard que se ocupan de la investigación. ¡Yo, no he sido! Y vosotros…(Cuando mis dedos se deslizaban por el teclado en busca de las letras t…a…m…p…o…c…o, de mi cerebro ha partido una orden que ha paralizado mis movimientos y me ha impedido escribir esa palabra) ¿Quién me asegura que en este mismo momento los culpables no están acechando desde la blogosfera? ¡ Ssss…! ¡Seaaamos prudenteees!










