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Horas para la ilusión

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Al igual que en la víspera de Reyes, esta noche, víspera del sorteo de la lotería de Navidad, miles de personas en toda España mantienen viva su ilusión. ¿Qué haría si me tocara el Gordo? – se preguntan. Yo también estoy entre ellas. Este sorteo es el de más tradición en nuestro país, y desde hace meses podías encontrar participaciones en la panadería, la pescadería, la carnicería, el supermercado, la Cooperativa, el Casino. Lotería de las distintas cofradías, de la escuela de Jota, del equipo de fútbol, de la Asociación de mujeres… En fin, que tocarme, no sé si me tocará, pero ya me han rascado bien los bolsillos.

 

Mañana por la mañana enchufaré la radio para oír cantar a los niños del Colegio de San Ildefonso. Todavía guardo el recuerdo de los primeros sorteos siendo niña. Al salir de la escuela, acudíamos a la casa de una vecina que tenía un aparato de radio. Allí estaba mi madre junto a otras mujeres escuchando el sorteo, esperando que el Gordo fuera a parar a nuestras escasas participaciones de lotería en aquellos años de miseria.

- ¡!Y luego, seguí escuchándolo, un año tras otro, hasta convertirme en una persona adulta.

- Ciento veinticinco miiil once.

- Diez mil pesetaaas.

- Cinco mil veinticuaaatro.

- Diez mil pesetaaas.

- Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos.

¡Treinta milloneees de pesetaaas! 

Murmullos en la sala de sorteos. El niño repetía de nuevo, un poco nervioso:

- ¡Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos!

- ¡Treinta milloooneees de pesetaaas!

Y una tercera vez, entre el nerviosismo general:

- ¡Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos!

- ¡Treinta millooones de peeeseeetaaas!

Ahora, con el paso a los euros parece que el sorteo ha perdido sonoridad, pero lo que yo digo, lo que importa es que toque, que no le haremos ascos.

¿Qué haría yo si me tocase el Gordo? La verdad es que con lo que juego podría corresponderme un buen pellizquito. Como ya se me pasó la edad de soñar en cosas extraordinarias, y mi situación familiar tampoco me las permitiría, yo gozaría con poder darles a mis hijos una buena ayuda para que pudieran sacar adelante sus planes con más tranquilidad. Tal vez me diera el gusto de algún capricho. No me olvidaría de esas personas que conozco que lo están pasando mal. Y, bien mirado, si fuera posible cambiaría el dinero por salud. ¡No hay mejor lotería!

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