Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.

06/05/2006

Viendo pasar la vida

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He viajado a Zaragoza acompañada de mi hija para acudir a una de las ya casi incontables visitas médicas de esta temporada. Tenía la hora fijada para las ocho menos cuarto de la tarde, pero hemos llegado con bastante tiempo de adelanto porque ella tenía que realizar unas gestiones. Así que nos separamos, tras ponernos de acuerdo para juntarnos en un punto cercano al lugar en donde iba a estar ella.

Yo no tengo mucho que hacer y me entretengo observando una numerosa y original colección de leones de tamaño natural, decorados por distintos pintores. Están colocados en la parte exterior de los soportales del Corte Inglés del Paseo de la Independencia, con motivo del 25 aniversario de la apertura de estos almacenes en la ciudad. Entro en el local para hacer mi acostumbrado recorrido y deleitar mi vista por las secciones de libros y compro dos pequeños ejemplares. Después me dedico a caminar sin prisas paseo arriba hasta llegar al lugar convenido. Sentada en un banco vacío, dejo pasar el tiempo observando el ruidoso y variopinto ir y venir de peatones y vehículos. Tengo el sol de frente y sopla una suave brisa. ¿Qué más podría pedir?

Hay un tráfico intenso. Gentes esperando el autobús, parejas de enamorados que celebran su encuentro con un beso apasionado, grupos de jóvenes alegres, personas solas, con rostros pensativos, preocupados, tristes, indiferentes…cada cual absorbido por sus propios pensamientos. Me pongo a leer uno de los libros recién adquiridos: Historia de una maestra, de Josefina R. Aldecoa. Quizás lo haya comprado por afinidad profesional, aunque sé muy bien que no existen dos vidas iguales. Al rato, se sienta junto a mí una joven mamá. Lleva en el cochecito una pequeña niña con la carita redonda, el pelo muy rubio y unos ojos azules y vivarachos. Dejo de leer y la miro con detenimiento. Me gustan los bebés. Me producen ternura y me entran ganas de tomarlos en mis brazos. (Debe de ser mi condición de abuela algo frustrada por la espera.) La mamá comienza a darle la merienda. Parece una papilla de frutas que la niña va comiendo formalmente con su cuchara blanca. Todo va bien, hasta que de repente comienza a espurrear con sus morritos fruncidos y la papilla se va extendiendo a su alrededor en pequeñas bolitas. La mamá la llama al orden con cierta severidad, pero ella le ha cogido gusto al invento. No puedo evitar sonreír. El sol va escondiéndose tras de los altos tejados. La mamá se marcha con su niña diciéndome educadamente adiós. El tiempo ha pasado sin sentir. Tenemos lo justo para llegar a la cita médica. Acudo convencida de que, como ocurre con las películas proyectadas por capítulos, también aquí el médico me mostrará el famoso cartel diciendo: (CONTINUARÁ)

06/05/2006 18:39 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos No hay comentarios. Comentar.

12/05/2006

Desde el hospital

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El miércoles por la tarde ingresó mi marido en el hospital. El neumólogo le había programado un estudio del sueño para esa noche. Seguramente necesitará un respirador para dormir porque  ha disminuido considerablemente su capacidad respiratoria. En principio pensábamos que el jueves volveríamos a casa, pero tenía que tener un periodo de adaptación al aparato porque, según nos han dicho, hay enfermos que encuentran dificultad para tolerarlo. En un principio nos dijeron que tendríamos que pasar el fin de semana en "este hotel".

¡Qué lento transcurre el tiempo aquí! Cada hora se alarga, se alarga… Tenemos un compañero de habitación tremendamente nervioso. Lleva ya quince días ingresado, y cuatro días esperando la última prueba que le permitirá irse a su casa.  Constantemente entra y sale de la habitación, resopla y muestra su enfado. Enciende la televisión para matar el tiempo. "Aquí hay tomate" primero, "Supervivientes" después. No veo nunca esos programas. No me gustan. Es más, y que me perdonen los que intervienen en ellos o los espectadores aficionados a los mismos, me parecen un horror y una enorme pérdida de tiempo.

Me canso de estar sentada. En pie para estirar las piernas, miro a través de la ventana. Abajo se divisa un paisaje multicolor de coches aparcados frente a la entrada de Urgencias. A la izquierda, una pareja de deportistas solitarios corre sobre el césped de un campo de fútbol cercano. Detrás, la ciudad con sus altos edificios bañados por el sol de la tarde se extiende hasta la lejanía.

 Ya ha pasado otra noche. Hemos logrado dormir razonablemente bien. Alrededor de las siete, el hospital parece despertar. Se escucha por el pasillo la voz de las enfermeras, sus pasos apresurados, el deslizar de los carros de ruedas que portan el material sanitario. Tras la tormenta nocturna el cielo aparece despejado. Los coches aparcados brillan al sol. Unos hombres con camisetas rojas cortan el césped del campo de fútbol. Una ligera brisa hace espejear las hojas de los árboles.

Estamos contentos. Mi marido ha superado con éxito las distintas sesiones con el respirador. El médico nos dice que esta tarde podemos volver a casa. ¡Hogar, dulce hogar!

12/05/2006 23:20 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos Hay 5 comentarios.

21/05/2006

El dinero nos hace libres

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Sea porque mi salud se ha resentido últimamente, o porque estoy dedicando más tiempo libre a la lectura, o porque mi cuerpo me pide, no sé por qué razón, dejar pasar los días sin más, me siento especialmente vaga para la escritura. Pero esta tarde, mientras doy mi acostumbrado repaso a la revista XLSEMANAL, me he topado con una página dedicada a la publicidad de Caja Madrid. Sobre el cielo de un paisaje marino, en el que aparece fotografiado de la cintura hacia abajo un hombre, joven a juzgar por su aspecto, aparece esta frase lapidaria que me ha producido una especie de arañazo en el estómago: "El dinero nos hace libres"

Hasta hoy yo siempre había oído decir aquello de "La verdad os hará libres", pero ahora parece ser que no, que lo que en realidad nos hace libres es el dinero.

¿Es así? –me pregunto. Y estoy un buen rato dándole vueltas al tema en mi cabeza. Y voy poniendo en dos columnas los pros y los contras que encierra el vil metal.

Es verdad que no se puede prescindir de él. El dinero cubre nuestras necesidades materiales, nos hace la vida más fácil, nos abre muchas puertas, nos permite hacer un sin fin de cosas que no podríamos hacer sin él. Pero… No es cierto que el dinero nos dé la libertad. El dios dinero, a menudo esclaviza y corrompe como ninguna otra cosa en el mundo. Por su culpa puede perderse la honradez, la vergüenza y la amistad, por él se miente, se traiciona, y hasta se mata.

Como todo ser humano, yo encierro en mi corazón unas enormes ansias de libertad, pero sé muy bien que no será en el dinero donde pueda encontrarla.

 

 

 

29/05/2006

El hombre del maletín

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Sucedió hace unos años en un lugar de la costa. Estábamos sentados en un bar. Apoyado en la barra había un hombre. Un amigo nuestro lo reconoció.

- Ha sido hasta hace poco un cargo importante de la administración autonómica –nos dijo.

Permaneció solo durante un largo rato, de espaldas al local. La animada conversación hizo que pronto nos olvidásemos de él. Más tarde, vi que estaba acompañado de otro hombre. Hablaban entre ellos. Transcurrido un buen rato, ambos salieron de allí. El hombre que había llegado primero portaba un maletín negro que antes no llevaba, por lo que dedujimos que lo había recibido del que había llegado después.

Por aquellos días eran frecuentes las noticias de corrupción en algunos altos cargos y en la financiación de algún partido político, así que mi yerno, entre bromas y veras comentó:

- No sé, no sé. Esto no me huele nada bien.

- Seguro que son las comisiones – añadí yo. Y nos reímos.

Y es que a la gente de a pie, después de lo que vemos y oímos una y otra vez, muchas cosas nos huelen a podrido. No estoy pensando en un partido determinado. Como decía mi madre hablando de ellos, son los mismos perros con distintos collares. Y no sólo sucede por arriba. Pasa lo mismo en los niveles intermedios, y hasta en los pequeños municipios. A la hora de repartir los puestos de trabajo, primero está la familia del diputado o del alcalde, luego los amigos del diputado o del alcalde, después los afiliados del partido del diputado o del alcalde, después los simpatizantes, y por último quedan los que no tienen padrinos, a los que se les roba el puesto en una oposición o se les ignoran los méritos y la experiencia aportada. ¡Con mucha frecuencia! ¡Con mucha más de la que sería de desear!

¿Quién piensa que la política es un servicio al ciudadano? Que me perdonen esta crítica, que puede parecer corrosiva, los políticos honrados - que también los hay, por suerte- pero me da a mí que son los menos.

31/05/2006

A vueltas con el queso

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Recientemente, Eberth Vargas Soto pasó por mi página, y clikeando en mi primer mes de andadura por el mundo de los blogs, fue a parar a mi artículo: "Reflexiones sobre el libro ¿Quién se ha llevado mi queso?"

Me dice que haga un resumen sobre el mismo.

¡Puf! Casi lo tengo olvidado después de dos años y medio de su lectura.

Bastaría con que Eberth tecleara el título en un buscador, Google por ejemplo, para encontrar páginas con información sobre él. Pero, voy a hacerlo. Veamos.

¿Consideras que la vida te ha tratado bien hasta el presente? ¿Tienes salud, familia, casa, trabajo, amor, amistad…? ¡Qué suerte! ¡Pero no te confíes! ¡No te duermas en los laureles! La vida está en constante mudanza, y cuando menos lo esperes puede arrastrar consigo todas tus "seguridades": Enfermedad, accidente, inundación, terremoto, guerra, desamor, despido laboral, desahucio… ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo afrontar ese momento difícil?

Este libro contiene una pequeña fábula sobre dos ratoncitos y dos liliputienses que viven en un laberinto. Los cuatro se mantienen del queso que hay almacenado en una habitación del mismo. Pero, un día, sin haberse dado cuenta de lo que se avecinaba, se encuentran con que el queso ha desaparecido. Nuestros protagonistas reaccionan de muy diferentes maneras ante lo que supone para ellos una catástrofe. Los ratones desde el primer momento se internan por los intrincados pasillos en busca del nuevo queso, en cambio los liliputienses durante muchos días se dedican tan sólo a lamentarse por lo injusto de la situación y esperan que todo vuelva a ser como antes. Por fin, uno de ellos piensa en los ratones y sigue su ejemplo sin amilanarse ante lo desconocido, mientras el otro es incapaz de dar un paso para cambiar la situación.

Y ahora… ¡Me estoy planteando pedir una comisión al autor por la publicidad gratuita y repetida de su libro! ¡Ja, ja, ja!





El alma al aire

¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.

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