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En recuerdo de Paco

"Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía, mi amor, no sabía
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día…"
¿Habíais leído o escuchado estas palabras? Forman la primera estrofa de Causas y Azares, poesía y canción del cubano Silvio Rodríguez.
Encierran mucho de verdad estos versos. Tú te levantas de la cama una mañana, como haces cada día, y no sabes si al llegar la noche volverás a acostarte en ella. Desconoces si estarás cerca o lejos de tu hogar, vivo, o muerto. Y eso mismo le pasó a Paco. En la mañana del pasado viernes salió de su casa con su hermano Manolo, dispuestos a recoger rebollones en el monte.
Amenazaba lluvia y había niebla en los altos. Y la montaña es como un amante vengativo. Puede hacerte gozar lo indecible, pero también puede acabar contigo sin piedad si le pierdes el respeto. La niebla jugó con ellos al escondite. Manolo logró llegar al todoterreno, aparcado en una pista forestal, y allí estuvo esperando a su hermano. Las horas transcurrían lentas, casi eternas, oscurecía ya, y decidió ir hacia el pueblo más próximo para solicitar ayuda. Los nervios y el terreno escarpado a punto estuvieron de hacerle caer por un barranco y el vehículo quedó atascado. Serían las cuatro de la madrugada del sábado cuando lo encontraron caminando empapado y con el frío y la angustia metidos en los huesos.
¿Y Paco? ¿Dónde podía estar? El domingo por la tarde encontraron su cesta llena de rebollones. Estaba a treinta metros escasos de un camino estrecho, uno de esos que utilizan los amantes del senderismo, y a unos tres kilómetros de una carretera. ¡Había caminado alrededor de diez desde el lugar en el que habían comenzado la recogida de los hongos!
Según iban pasando las horas aumentaba nuestra incertidumbre y disminuía la esperanza de encontrarlo vivo,
-¡Paco aguanta! ¡No te rindas! Era el mudo mensaje que le enviábamos todos los que lo conocíamos y lo queríamos.
Hace unos minutos, los que yo he tardado en teclear estas líneas, un familiar nos ha llamado para darnos la mala noticia. Lo han encontrado muerto. La autopsia dará detalles de su muerte, pero yo me pregunto qué pensamientos pasarían por su cabeza, cuanta sería su desorientación para, en vez de seguir el curso del río hacia abajo hasta encontrar el campo abierto, volvió a ascender por los montes hasta que se le acabaron las fuerzas.
¡Descansa en paz Paco!
Yo debería odiar a la montaña por esto, pero no puedo...
No querría ser juez

Ayer, durante una de mis entradas al cuarto de estar, en donde se encontraba mi marido viendo la televisión, creo que fue en el programa "Por la mañana", de la primera cadena, en el que escuché que el juez Miguel Ángel Torres, responsable de la Operación Malaya, se trasladaba a Granada, por lo que la instrucción del tan traído y llevado caso (que ha tenido en vilo al personal durante los últimos meses por la envergadura del mismo y por las frecuentes sorpresas que nos iba brindando) pasaría a manos de otro juez, y que como consecuencia de ello las diligencias relativas al mismo sufrirían un considerable retraso. Para los lectores que desconozcan el asunto al que me refiero en estas líneas, diré que aproximadamente por el mes de abril se destapó un escándalo de proporciones incalculables en el Ayuntamiento de Marbella, "la perla" de la Costa del Sol española, conocida principalmente por haber sido durante muchos años el lugar de veraneo preferido por la "gente guapa".
Esta es la información ofrecida por ELMUNDO.ES el día 27 de junio:
MADRID.- La 'Operación Malaya', contra la corrupción, se saldó en una primera fase con 28 detenidos y la incautación de bienes por valor de 2.400 millones. La investigación pretende poner al descubierto un complejo entramado societario que encubre numerosas actividades delictivas. Se ha extendido desde Málaga hasta Madrid y Murcia y en una segunda parte a Córdoba, donde ha sido detenido el empresario Rafael Gómez.Entre los implicados, cuyo ingreso en prisión ya ha sido decretado para varios de ellos, destacan la alcaldesa de Marbella, Marisol Yagüe; la primera teniente de alcalde, Isabel García Marcos; el asesor de Urbanismo y antiguo gerente de este departamento municipal, Juan Antonio Roca; los concejales de Cultura y Educación, José Jaén, y de Tráfico, Victoriano Rodríguez…
Desde entonces las cosas han ido empeorando. Si hacemos caso de lo que se escucha o se lee en los medios de comunicación, tenemos que creer que en la trama aparecen incontables ramificaciones. Palabras como corrupción inmobiliaria, edificaciones ilegales, bolsas de basura llenas de billetes…están a la orden del día, y que el número de millones que han ido a parar a los bolsillos de "los listos", crece, crece, crece… Varios de los encarcelados han salido bajo fianza, alguno de los acusados ha desaparecido como si se lo hubiese tragado la tierra, el ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz (famoso sobre todo por ser el novio de la conocida tonadillera Isabel Pantoja), aunque algún mes más tarde que los demás, también ha ido a dar con sus huesos en la cárcel de Alhaurín de la Torre, un pueblo desconocido para muchos de nosotros, y que ahora está de plena actualidad por albergar entre sus muros a muchos de los que hasta hace sólo unos meses dirigían los asuntos municipales de Marbella.
Hoy he puesto especial atención en averiguar que la noticia que escuché en el programa "Por la mañana", sobre el abandono del caso por parte del juez Torres se confirmaba en la prensa o en la radio. No he descubierto nada, así que quiero pensar que se trataba solamente de uno de los abundantes bulos, ("Que si a mí me han dicho que…" "Que si lo sé de muy buena tinta…") y otros parecidos que suelen escucharse en los abundantes programas del corazón que nos brindan a diario las cadenas televisivas.
Este rumor me ha hecho reflexionar sobre la figura del juez, y sobre las cualidades que precisa para hacer bien su trabajo. Un juez ha de ser una persona íntegra, imparcial e insobornable, tener autoridad, ser valiente…
Con cierta frecuencia nos encontramos con opiniones, declaraciones, noticias, en las que los jueces son los protagonistas. Jueces amenazados de muerte por la mafia italiana, por los grandes traficantes de la droga, por los terroristas… Jueces presionados por asuntos de índole política, o en el punto de mira de algún perjudicado por un presunto fallo judicial.
No es fácil su labor, no. Por eso yo he llegado a esta conclusión: No querría ser juez, aunque no dejo de reconocer que son necesarios.
Mayte Zaldívar o el cazador cazado

Siempre me han gustado los tebeos. Durante mi niñez, mi hermano, tres años mayor que yo, los compraba y cambiaba a menudo en un tenducho cercano a mi casa en el que abundaban, además de dichos tebeos, las novelas rosa de Corín Tellado y las del Oeste de Manuel Lafuente Estefanía. El Capitán Trueno, Roberto Alcázar y Pedrín, El guerrero del Antifaz, La familia Ulises, Carpanta, Las hermanas Gilda, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, fueron mis fieles camaradas durante años. Había un pequeño personaje, cuyo nombre no logro recordar. Era cazador de safaris. Sus aventuras transcurrían en la selva africana. Iba siempre acompañado de un criado negro muy miedoso, que gritaba: ¡AMITOOO! si se encontraban en peligro. Casi siempre estaban en apuros y acababan poniendo pies en polvorosa, trepando dificultosamente por el tronco de algún árbol corpulento para librarse del ataque de un fiero león, o de las embestidas de un rinoceronte enfurecido, o atrapados en la red que ellos mismos habían colocado para atrapar alguna presa.
Esto último les ocurre a veces también a las personas de carne y hueso. En este momento me estoy refiriendo en particular a Mayte Zaldívar, la ex mujer del ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz.
Julián Muñoz, durante su mandato como alcalde, quiso promocionar su ciudad, y para ello contrató a Isabel Pantoja - eso es al menos lo que se dijo. Pero mira por dónde la cercanía y el trato entre la tonadillera y el primer edil, se convirtió en algo más que amistad. Cuando la pareja hizo público su amor, beso va, beso viene, en la famosa romería de la Virgen del Rocío, por junio del 2003, la mujer del susodicho montó en cólera, y de la noche a la mañana se convirtió en un personaje perseguido constantemente por las cámaras y los micrófonos de las cadenas televisivas, ansiosas por recoger sus declaraciones.
¡ Madre mía¡ ¡Qué peligrosa puede ser una mujer despechada!
Desde entonces, un día sí y otro también, la Zaldívar aparecía en algún plató, (hasta la contrataron como colaboradora diaria en un programa rosa) despachándose a gusto sobre el tema. No tuvo ningún empacho en poner a la nueva pareja como hoja de perejil, que diría mi madre, cuantas veces tuvo ocasión de hacerlo, empezando por su propio marido, del que decía que llegaba a casa con bolsas de basura llenas de billetes.
Desconozco si había bastantes personas, ( casi todos pensamos que sí) que conocían desde hace tiempo los desmanes que se estaban cometiendo en Marbella y miraban hacia otro lado, o si ya había alguna investigación en marcha. El caso es que las declaraciones de esta mujer fueron como encender la mecha en una carga explosiva. Para finales de marzo estalló el escándalo. La actuación policial y de los jueces, conocida como Operación Malaya se puso en marcha. Hace dos o tres días conocimos un nuevo capítulo de esta novela por entregas. Hay otros once detenidos, entre los que se encuentran Mayte Zaldívar y uno de sus hermanos, además de varios empresarios, un director de banco y un interventor judicial. Los hermanos Zaldívar fueron acusados de un supuesto blanqueo de dinero y han permanecido dos días en dependencias judiciales para prestar declaración. Alrededor del mediodía de hoy se ha sabido que sus familiares habían reunido los 90.000 y 50.000 euros que el juez les había impuesto como fianza para quedar en libertad, supongo que con cargos.
Lo dicho. Podría resultar un buen titular de periódico: "Mayte Zaldívar o el cazador cazado"
Esa curiosas asociaciones

A veces, una palabra, un olor, un sabor, una textura, un sonido, sin saber muy bien cómo ni por qué, son capaces de trasladarnos misteriosamente a cientos de kilómetros, o nos hacen retroceder de repente decenas de años de nuestras propias vidas.
Hoy me ha ocurrido así. El sonar del claxon de la camioneta de reparto del butano ha logrado conducirme hasta mis años de estudiante. Por unos momentos, han vuelto a mi memoria todos los sonidos de la vieja calle en la que viví. Durante las vacaciones de Navidad, al despertarme en las frías mañanas de diciembre, hasta nuestro pequeño piso abuhardillado en el quinto piso de una vieja casa situada en la entrada de la calle Heroísmo, amortiguados por los cristales de la ventana, llegaban casi ininterrumpidamente los ruidos de los vehículos circulando por el vecino Coso, el chirriar de los frenos, el sonido de los tranvías deslizándose por los raíles, el tañido de las campanas de la cercana iglesia de la Magdalena en la que me casé...Y las voces. Muchas voces. Las voces de las mujeres que ofrecían sus productos en las aceras, junto a las esquinas de las casas.
-¡Aaajeeeeraaaa! ¡Aaaajos! ¡Vendo ajooos!
-¡Caaracoles! ¡Caaaracoles!
Y los gritos de los vendedores de los cupones de la ONCE.
-¡Iguaaaales para hoy llevo la serie! ¡Iguales! ¡Hay iguales!
Palabras cruzadas, discusiones, gritos…
Mientras, yo, permanecía acurrucada y caliente bajo las mantas, dejando vagar mis pensamientos, mecida por hermosos ensueños y tratando de adivinar el futuro. El futuro, con todas esas cosas, muchas de ellas hoy ya conocidas, que la vida me tenía reservadas.
¡Hermosa libertad!

Estoy convencida de que todos albergamos en lo más profundo de nuestro corazón unas insaciables ansias de libertad.
¡Libertad! ¡Hermosa palabra! Sin ella la persona queda privada de algo esencial para su dignidad de ser humano.
¡Libertad! ¡Tan difícil de conseguir! Miles de hombres y mujeres a lo largo de la historia han perdido la vida en su intento de alcanzarla.
A veces, al escuchar una noticia, o en medio de la lectura de un libro, mi pensamiento se traslada al mundo de los esclavos o de los presos. No puedo imaginar mi vida sin libertad. Tiene que ser sumamente difícil sobrevivir sin ella.
¡Libertad! ¡Precioso tesoro!
Y que nadie piense que estoy ciega. Que nadie me trate de ilusa. Sé muy bien que después de tantos años y de tantos sacrificios de los hombres que han luchado por ella, hemos conseguido solamente una parte de ella. Todavía quedan metas que alcanzar. Y es que sigue habiendo enemigos interesados en cortarle las alas. Enemigos externos, no hace falta mencionarlos, empeñados en tenernos controlados, que disponen de cuidadas estrategias para hipotecar nuestra libertad. Y esos otros, quizás más peligrosos, que viven en nuestro propio interior: el conformismo, la rutina, el temor…
¡Sí! Tenemos demasiado miedo de romper los barrotes de nuestra pequeña jaula para poder volar sin trabas por los amplios espacios de la vida.
También mi perro tiene ansias de libertad

Cada mañana, al abrir la ventana de mi dormitorio situado en la parte posterior de la casa, lo primero que hago es mirar a lo lejos. Si el día está despejado, puedo ver las siluetas familiares del Moncayo y las Peñas de Herrera. Después, miro hacia abajo. Allí, en el amplio corral, encuentro a Yako esperando a que yo aparezca. Permanece muy quieto, expectante, observándome con fijeza. Se me figura que los dos sentimos a la vez el pinchazo de la nostalgia. ¡Aquellas largas caminatas de verano…!
A menudo le hablo como si fuera una persona.
- ¡No, Yako! ¡Ahora no toca!
Parece que entendiera lo que le digo. Entonces, busca el pedazo de una pelota de goma que apareció hace ya tiempo en el corral, arrojada involuntariamente por algún niño. Se ha convertido en su juguete. La toma en su boca y la coloca en el suelo junto a sus patas delanteras. Menea el rabo y me mira como suplicando que baje a lanzársela a lo alto.
- No puedo, Yako - le digo.
Entonces saco mi brazo por la ventana como si fuese a quitársela desde arriba, mientras le digo:
-¡Que te la quito!
Eso le basta. La sujeta con sus dientes y la mueve con fuerza mientras da vueltas sobre sí mismo como si estuviese loco, lanzando ruidosos soplidos. Así una y otra vez. Incansable, animado por mis palabras y por mis risas.
Hasta que me retiro de la ventana para comenzar mis tareas cotidianas. Entonces él se queja lastimeramente como si fuera un niño contrariado.
Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro.

"Un hombre, (o una mujer, añadiría yo) para ser completo, ha de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro." Esta es la frase que se atribuye al poeta cubano José Martí.
Yo, ya he plantado un árbol. Mejor dicho, a lo largo de los años he plantado unos cuantos árboles. Mientras ejercía mi profesión de Maestra de Primaria, en distintas ocasiones acompañé a mis alumnos que, junto a todos los demás compañeros del colegio, hasta los más chiquitines, iban a plantar pinos con motivo de la celebración anual del Día del Árbol. Yo también plantaba el mío. No los he vuelto a ver. Espero que estén ya bien crecidos. También planté un manzano en mi huerto, nacido del corazón de una manzana que introduje en una maceta. Y comí sus hermosas frutas. De la misma forma planté un limonero que siendo todavía pequeño se heló por culpa de las bajas temperaturas. Me encantaba arrancar alguna de sus hojas, estrujarla entre mis dedos y oler el perfume que desprendía. Pero el árbol del que me siento más orgullosa es uno que tengo en mi corral. Una tarde del mes de mayo, mientras iba en dirección a la ermita, llegó hasta mí el agradable olor que desprendían las flores de uno de los árboles que escoltan ambos lados del Paseo. No conocía su nombre, pero quise tener uno como aquel. Cogí varias semillas, unas bolas de tamaño pequeño, las enterré, las regué, y esperé a que el tiempo hiciese el resto. Escogí la mejor de las plantitas que habían brotado, la planté, y hoy, pasados cinco años, se ha convertido en un árbol frondoso que da sombra y cobijo a un buen número de pájaros. Estos días mi árbol se está quedando desnudo. Basta con permanecer unos momentos frente a la ventana para ver como sus hojas planean como ligeras plumas.
También he tenido un hijo. No, para decir la verdad, he tenido cuatro. Uno de ellos, prematuro. Lo perdimos al día siguiente de nacer. No lo olvido, aunque hayan transcurrido más de treinta años. Y de mis tres hijos vivos, ¿qué diré? ¡Qué va a decir su madre! Pues diré que los quiero mucho y que me siento orgullosa de ellos porque son honrados, trabajadores, cariñosos, responsables… ¡Muy buena gente!
En cuanto a eso de escribir un libro... Cualquier persona no está dotada de las cualidades necesarias para lograrlo. Y además, eso de la publicación parece estar muy, pero que muy difícil.
Siempre me gustó escribir. Parecía sentir una verdadera necesidad de emborronar cuadernos. Y ¿sabéis? Os voy a confiar un pequeño secreto. En lo más profundo de mi ser, durante años, conservé encendida una pequeña llama de esperanza. Quizás algún día sería escritora. Pero el tiempo se nos escapa como el agua entre los dedos. Estaba a punto de ingresar en la tercera edad y tenía mi sueño sin cumplir. Hace tres años, casi por casualidad, leí algo sobre los blogs. ¿Qué será esto? –me dije. Supe que había sitios webs en los que era posible colgar tus escritos, algo así como un libro virtual. Y aquí estoy. Agradezco a Blogia.com que me proporcionase el espacio para lanzar El alma al aire. Y todos vosotros que me honráis con vuestras visitas recibid mis más sinceras gracias!








