La joven salvaje

He de confesar que desde que conocí la noticia de la joven de 27 años que había aparecido en Camboya tras su desaparición en la jungla, siendo una niña de 8 años de edad, cuando se dirigía a recoger el ganado en compañía de un primo de seis años, siento un gran desasosiego. Me puede la curiosidad -y el morbo- ¿por qué negarlo? Daría algo por conocer cómo transcurrieron esos largos años que han transformado a una niña, normal como cualquier otra de su edad, en este ser, mitad persona mitad animal, que en lugar de sentirse feliz por poder reintegrarse en la sociedad donde nació, lo que desea de verdad es volver a su peculiar modo de vida en la jungla.
Partiendo de la realidad, de que se trataba de una niña de familia humilde, lo que explica el hecho de que tuviese encomendada la tarea de cuidar el ganado a una edad tan temprana, ¿hay tantas preguntas por contestar?
¿Qué ocurrió aquella tarde en la jungla que impidió que los niños volviesen a casa?
¿Sería la presencia de algún animal salvaje? ¿O fue la presencia de algún desconocido, que puede resultar a veces tanto o más peligroso que un animal? ¿Salieron corriendo huyendo de la amenaza? ¿Se perdieron? ¿Qué fue del niño? ¿Murió devorado por una fiera? ¿O tal vez murió más tarde como resultado de alguna enfermedad o de las penalidades que hubieron de soportar? ¿Dónde se cobijaba la niña para evitar los peligros? ¿Cuántos serían sus intentos de volver y cuán grande su desencanto tras sus fracasos? ¿Cuánto tiempo duró su llanto y la nostalgia de los suyos? ¿Pasaría hambre y sed? ¿Qué estrategias de supervivencia le procuraría el raciocinio de sus pocos años? ¿Cómo se protegería de las fieras? ¿Contactaría con alguna clase de animales? ¿Sería aceptada en el grupo? ¿Cuánto tardó en olvidar todo lo relativo a su vida familiar, sus costumbres, su lenguaje…?
Al escuchar esta historia, ¿quién no recuerda a Mowgli, el protagonista del Libro de la Selva?
No hace mucho tiempo nos sorprendió la noticia de la liberación de la joven austriaca Natascha Kampusch, secuestrada durante ocho años, y nos preguntábamos sobre las posibles secuelas que pudiera acarrearle la experiencia que le tocó vivir. ¿Qué ocurrirá con esta joven camboyana? A partir de este suceso se han publicado los casos de otros niños que vivieron experiencias similares y se dice que todos los esfuerzos realizados para lograr su socialización fueron en vano.
Me pregunto si no hubiese sido una suerte para la joven camboyana que este hallazgo no se hubiese producido. Tal vez se hubiese ahorrado este nuevo dolor. Y el miedo a este mundo desconocido que ya no es el suyo.
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