Como un chiquillo con zapatos nuevos

Dando mi repaso matutino a las últimas noticias en 20minutos.es me he encontrado con este titular: "Hawking ya sabe lo que es la ingravidez."
Yo sabía desde hace unas semanas que el astrofísico inglés, que padece ELA, la misma enfermedad que sufre mi marido, y que lleva cuarenta años en silla de ruedas, deseaba fervientemente realizar un viaje hasta los límites de la atmósfera. "Flotar libremente en la gravedad cero será maravilloso", dijo minutos antes de entrar en la nave.
"Fue increíble." "Hubiese querido seguir y seguir"- manifestó al acabar el viaje.
"Estuvo haciendo gimnasia en la ingravidez del espacio como si estuviera en los Juegos Olímpicos"- señaló un portavoz de la empresa Zero Gravity, que se dedica a esta clase de vuelos por un precio de 3.750 dólares por persona.
Puedo imaginarme su alegría, como un chiquillo con zapatos nuevos, al encontrarse durante un corto espacio de tiempo libre de sus limitaciones y de esa silla de ruedas, odiosa y al mismo tiempo imprescindible sin la que se vería obligado a permanecer de continuo en la cama.
La silla se ha convertido en nuestra casa en algo familiar, como la mesa, el lavabo o la televisión. A veces contemplo a mi marido en silencio y me pregunto qué pensamientos pasarán por su cabeza comprobando cómo a medida que avanza su enfermedad su universo queda más y más limitado.
Si cierro los ojos, no me es difícil imaginarme en un hermoso día de primavera, tumbada sobre la hierba tierna de un prado, viendo pasar las nubes blancas que se deslizan lentamente allá en lo alto. Yo quisiera ser una de esas nubes, o un águila majestuosa, o una suave pluma deslizándose al compás de la brisa… O volar sobre una alfombra, o convertirme en un Superman desplazándose a cámara lenta sobre lo tejados de las grandes ciudades…
Aunque no me lo diga, yo sé que mi marido desearía verse libre de esas muletas que todavía le permiten desplazarse unos metros con gran esfuerzo, y poder prescindir de la silla. Poder ver los árboles del huerto con las flores marchitas donde apunta apenas el futuro fruto, ir de aquí para allá, sin rumbo, por el mero gusto de andar…
Pero la vida es así. ¡Dura! ¿Quién dijo que era de color de rosa?
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: Luunna
Luunna
Fecha: 18/05/2007 00:53.
Autor: Toria
Fecha: 18/05/2007 10:04.
![]()
Autor: Corazón...
¿Me creerías que he estado mirando por largo rato tus últimos post? Con algunos me he emocionado al punto de llenar mis ojos de lágrimas (es que soy una sentimental empedernida).
¿Sabes? Me emociona al oirte (leerte) escribir sobre tu esposo de esta manera :-) Sí, es que eso es el amor. Juntos en las buenas y las malas. Yo creo que él viaja a través de tus ojos, de tus pasos y tus cariños. Eres su mundo y tu amor lo hace sentir muy bien. Tú eres una mujer valiente que sabe cargar su cruz sin hacer reproche alguno. Ánimo y sigue adelante, la vida no es color de rosa, pero siempre hay un ángel que ayuda a ver nuestro mundo mejor ¿a qué sí? Un beso y abrazo grande.
;o)
Fecha: 19/06/2007 06:26.










