Un pantalón para figurar en el libro Guinnes de los Records

Voy a comenzar contando algo que me ocurrió más de una vez mientras estuve en activo como profesora. Mis alumnos llegaban a mi clase con cinco y seis años de edad.
-Seño - me decía una alumna en voz baja, mientras se acercaba a mí. Juanjo ha dicho un pecao.
-¿Qué ha dicho? – le preguntaba yo.
Ella acercaba su boca a mi oído y me susurraba el pecao.
- Anda Rebeca, llama a Juanjo - le contestaba yo.
Entonces él se acercaba mostrando en su cara un poco de inquietud.
-Me ha dicho Rebeca que has dicho un pecado. Dime Juanjo, ¿qué has dicho?
-¡Que yo no Seño, que yo no he dicho ningún pecao. Sólo he dicho mecagüendiez.
-No es un pecado Rebeca- le decía yo- es solo una palabra fea.
Pues en estos momentos, me meto en la piel de los dueños de la tintorería de una familia surcoreana en Washintong, y digo:
-¡Mecagüen el pantalón! ¡Mecagüen el juez dueño del pantalón! ¡Mecagüen toda su familia y hasta en sus muertos que no tienen ninguna culpa!
Sucedió no hace demasiado tiempo. Resulta que un tal Roy L Pearson llevó su pantalón a la tintorería de los Chung en el primer día de su trabajo como juez administrativo. El caso es que cuando fue a recogerlo, el pantalón no aparecía. El jurista exigió primero 1.150 dólares, pero después, la cantidad iba aumentando, aumentando…
Los Chung le ofrecieron primero 3.000 dólares, más tarde 4.600 dólares, y finalmente 12.000 dólares. Pero… ¡Qué va! ¡¡Eso solo era para él un aperitivo!
Con la ley en la mano el juez les pide 1.500 dólares por cada día que no ha podido disfrutar de su prenda, multiplicando esa cifra por tres, porque ha demandado al padre, a la madre y al hijo como dueños de la tintorería. Además, reclama medio millón de dólares por "sufrimiento mental, molestias e incomodo" originado por no poder lucir su prenda favorita. Como no tiene coche propio, el juez pide el coste del alquiler de un coche todos los fines de semana durante diez años para llevar su ropa a otra tintorería mas alejada de su casa. En total les exige ¡67 millones de dólares!
De nada sirvió que los Chung aseguraran que habían encontrado la prenda días después de su extravío. El tal Person, emparentado directamente con la especie de las aves de rapiña, no la reconoció como suya.
Los Chung, se plantean volver a Seul para huir de una sentencia tan sumamente desproporcionada.
Después de esto, mi consejo para las personas que quiero está bien claro: ¡Por Dios Santo no se te ocurra abrir una tintorería, y menos en Washintong!
(Esta noticia ha sido publicada en 20minutos.es)










