Pequeñas tragedias

- ¡Miau... miau... miauuu...!- grita mamá gata.
- Uno, dos y…. ¡Un gato me falta! ¡Miauuu... miauuu... miauuu...! ¿Dónde estás, gatito travieso?
- ¡Miau... miau... miau...! -suplica el pequeño.
¡Qué golpes de angustia suenan en el pecho del pobre animal.
- ¡Miau... miau... miau...!
- ¿No oyes? ¡Es un gato! Comentan los dueños de ese coche nuevo. ¡Paremos para ver si logramos sacarlo!
¡Rom... rom... rom...! – suena la puerta metálica de una cochera que en este momento está en movimiento.
-¡Miauuu... miauuu... miauuu...! ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude!
-Señora, llevamos un gato en el motor del coche. ¿No tendrá usted algo que pueda ayudarnos a cogerlo?
- ¿Servirá este palo de escoba?
- ¡Miauuu... miauuu... miauuu...! ¿Qué va a ser de mí?
- ¡Pobre animalito! Estará asustado. Ni arriba ni abajo es posible verlo.
- ¡Aquí! ¡Aquí está! En un huequecito cerca de la rueda. ¡No puedo cogerlo! ¡Se esconde!
- Pondremos en marcha el motor, a ver si se asusta y escapa.
¡Bruuum! ¡Bruuum! ¡Bruuum! Parecen rugidos de un fiero león.
-¡Socorro! ¡Es el fin! Maulla el pobre gato, encogido en su inútil refugio.
- No podemos demorar la marcha. ¡Lo sentimos mucho! ¡Gracias y adiós, señora!
Y el coche se aleja mientras suenan cada vez más débiles los tristes lamentos felinos.
¡Adiós pequeño! ¡Cuánto hubiese dado por haber podido ponerle un final feliz a tu triste historia!










