Si tienes gente que te quiere, no te falta nada

Eso es lo que nos ha dicho Elvira en un momento de su visita. Y llegó a esa importante conclusión en uno de los largos y terribles momentos que le ha deparado la vida en este último año, que ha sido para ella y su familia un annus horribilis, copiando las palabras de la reina de Inglaterra.
Todos notamos en el verano pasado que Elvira tenía problemas de salud. Su palidez, su cansancio, su agitada respiración en las subidas por las empinadas calles del pueblo…
Luego, cuando se acercaba el momento de la marcha, sucedió aquel terrible accidente que nos conmocionó a todos. Dos niños de cuatro y cinco años, sobrinos nietos de Elvira estuvieron a punto de morir aplastados por una gran losa de un deteriorado puente que se desplomó al paso del padre de uno de ellos que iba buscándolos. Ellos se habían escondido para que los adultos no los encontraran, y así evitar tener que marcharse del pueblo.
Fueron días angustiosos para la familia. Después, cuando los pequeños ya habían remontado el percance, llegaron las visitas al hospital de Vicente, el abuelo de los niños. Sometido a un transplante de riñón hace unos años, los médicos no habían conseguido un resultado satisfactorio. Por el contrario, tenía infecciones con demasiada frecuencia y se llegó a la conclusión de que había que realizar una nueva intervención para extirparlo.
Y a la vez, Elvira, su cuñada, ingresó en otro hospital para someterse a numerosas pruebas que acabaron con un diagnóstico de cáncer de riñón y de pulmón.
Ella se enfrentó al monstruo con gran valentía. Se propuso luchar. Luchar cada día sin rendirse. La extirpación del riñón, la quimioterapia, la falta de defensas… A veces no era consciente de que las agujas del reloj de su vida estaban a punto de pararse.
Y allí estaba su hermana Lupe, la otra mujer fuerte, que pasaba los días de hospital en hospital, con su marido y su hermana postrados en sus lechos de dolor. Escondiendo su dolor y sus dudas y ofreciéndoles el amor, la sonrisa y el ánimo a sus dos seres queridos. Y arrimando el hombro en lo posible, los hijos.
Pasaron los días y los meses. El verano se acercaba, y con él la nostalgia por el pequeño pueblo se avivaba cada vez más.
Y… aquí están. Aunque sea solamente para unos días. Vicente tiene que desplazarse cada dos o tres días a un hospital para someterse a diálisis.
Elvira, regresará a Barcelona el día 16 para someterse a nuevas sesiones de quimioterapia que volverán a dejarla sin defensas. Pero ella está feliz de poder disfrutar estos escasos días de su pueblo, y mucho más por otro motivo:
-¿Sabes?- me dice. En los largos desvelos de aquellas madrugadas en mi habitación del hospital, desde cuya ventana podía ver el mar, pensaba en el amor y en la cercanía de mi familia y rezaba por aquellos que no tienen a nadie que los quiera. Entonces descubrí una gran verdad: Si tienes personas que te quieren, no te falta nada.
¡Es cierto! No hay nadie más rico en el mundo que aquel que está rodeado de amor.
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Autor: Alberto Arau
Fecha: 12/08/2007 08:10.








