Sobre el hambre y la saciedad

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Mi cuñado es  un hombre de edad avanzada, el próximo tres de mayo cumplirá 82 años. Está fuerte como un roble y todas las mañanas, tras el aseo y el desayuno, ya está preparado para irse a la calle, a vagabundear de aquí para allá. ¡Se viviría en la calle!. Mi hermana por el contrario, es una persona hogareña, y esa afición de mi cuñado es motivo de alguna que otra discusión, porque no se conforma con salir, es que quisiera que ella también lo hiciera a todas horas. Él le lleva bastantes años, pero cuando van de excursión, es ella la que termina hecha papilla, y si se queja, mi cuñado le dice que todavía es una criatura, que está creciendo. Con ello quiere decir que no tiene motivos para quejarse. Pero los años no perdonan. A él le han traído una progresiva falta de memoria, así que no es raro que en un corto espacio de tiempo tengas que escucharle varias veces la misma cosa.

Tiene fijación por las personas gruesas.

-¡Ay va, qué gorda!- exclama cuando ve alguna mujer corpulenta en la calle o en la televisión.

-Antes no se veían tantas gordas – añade -. Además hace años cuando las mujeres estaban rellenitas eran motivo de admiración para los hombres, pero ahora no están de moda, les gustan más delgadas. ¡Claro, es que antes comíamos menos, pero ahora como no nos falta nada…! ¡Comer es un placer!

Esa es su frase favorita.

 De nada sirve decirle que a veces la gordura tiene otras causas, como trastornos hormonales, o es resultado de la vida sedentaria que llevamos que no nos permite dedicar un tiempo al ejercicio físico. Así que vamos acumulando calorías poco a poco. Yo misma, este verano, en el que debido al estado de mi marido no puedo darme aquellas estupendas caminatas como era mi costumbre, noto que estoy sacando una antipática barriguita. Además tengo que confesar que hago muchas visitas al frigorífico, para ser más concreta, al lugar reservado a los helados. Puede ser que cuando termine de escribir estas líneas sucumba a la dulce tentación. Me he hecho a mí misma la promesa de no volver a comprar más, porque como dice un conocido refrán: El que quita la tentación, quita el peligro.

 Acabo de leer una frase del gran Mahatma Gandhi que me ha hecho reflexionar.

Dice así: "Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres"

Si todos tuviésemos en cuenta esta pequeña máxima, infinidad de pobres estarían bien nutridos y muchos de nosotros no tendríamos necesidad de echar mano de ninguna dieta para poder mostrar una espléndida figura.

29/08/2007 20:17

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