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Lo siento muy cerca

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Hace una semana que lo perdí. Las agujas del reloj giran inexorables: una hora, y otra, y otra más… Paso los días ocupada entre visitas y llamadas telefónicas de las personas que no se enteraron de su muerte o no pudieron venir a acompañarnos. Me siento arropada por los míos. Mi hermana y mi cuñado no me han dejado ni un momento desde que se le declaró la gravedad. ¡Cuánto se agradece el cariño y la compañía de la familia y de los amigos en momentos como éste!

Por lo demás, lo veo en todas partes. Mire hacia donde mire todo me lo recuerda. El hueco de la silla de ruedas en el cuarto de estar, cada rincón del cuarto de baño en el que pasábamos tanto rato haciendo ejercicios para facilitar la movilidad de los brazos y la respiración. Su máquina de afeitar. El olor del masaje para después del afeitado. Sus ropas. Su cama vacía.

Hoy han venido ha llevarse la bombona de oxígeno y el aparato con mascarilla que  impulsaba el aire hacia sus pulmones y que utilizaba durante las noches. El día 16 hubiésemos celebrado el 39 aniversario de nuestra boda. Aquella noche permanecí sin acostarme hasta muy tarde repasando las viejas fotografías de nuestra boda. Fotografías en blanco y negro que el tiempo ha convertido en color sepia. Éramos tan jóvenes… Sonrientes y llenos de optimismo, rebosantes de amor…

A veces, unas lágrimas me resbalan lentamente mejilla abajo. Parecen una lluvia suave cayendo sobre la tierra silenciosa. No estoy desesperada. Tal vez porque ya iba viviendo el duelo durante su larga enfermedad. Tal vez porque, aunque invisible, siento su amor muy cerca, ¡ tan cerca…!

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