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¡Viva San Roque y el perrín!![]() Mi padre fue el más pequeño de todos sus hermanos, llevándose bastantes años de diferencia con el hermano anterior. A la familia le vino un " tardanico", como se dice por estos pagos. Yo también he sido la menor de mi casa. Esto, ha sido la causa de que haya sucesos familiares desconocidos por mí, y algunos otros de los que no me enteré hasta hace no muchos años. Ahora que nos vamos haciendo mayores, con frecuencia nos vienen a la memoria recuerdos de la niñez. Esa niñez preñada de nostalgia a la que habremos ido adornando con detalles que, casi seguro, han alejado un poco la realidad de lo que nosotros recordamos. ¡Ay, esa infancia, que nos parece lo mejor de toda nuestra vida…! Mi hermana, cinco años mayor que yo, recuerda bastantes cosas de las que yo nunca oí hablar, o que quizás por tener menos años que ella, ya las he olvidado. Pero por una vez, hoy le guardo una sorpresa. Sé algo que ella ignora. Ayer me llamó por teléfono mi prima María, una mujer a punto de cumplir los 94 años. Se interesaba por mi salud y a la vez quería saber cómo llevaba la ausencia de mi marido. Tuvimos una larga conversación. Durante muchos años me costó un gran esfuerzo acostumbrarme a tutearla porque ella tenía los mismos años que mi madre. Es la hija mayor del hermano mayor de mi padre y yo soy la menor del mío. Soy por tanto la más joven de todos los primos, varios de ellos ya muertos por su avanzada edad. Pertenezco a una familia humilde. Mi abuelo era pastor y también lo fueron sus hijos. Así que puede decirse que no tenían una residencia fija, sino que cambiaban de pueblo según dónde viviera el amo que los contrataba. Mi padre se quedó huérfano de padre a los ocho años pero, antes de ocurrir la desgracia, debieron de residir durante algún tiempo en un pueblo cercano al mío llamado Almazul, cosa que yo desconocía. Y aquí viene la anécdota. Yo sabía que a mi padre le llamaban "el ferroviario," porque cuando se casó, recién acabada la guerra, volvió a mi pueblo y trabajó durante años en el mantenimiento del ferrocarril, hasta que por motivos de su trabajo nos trasladamos a Zaragoza cuando yo tenía alrededor de los doce años. Lo que nunca llegué a saber es que mi padre había tenido otro mote del que nadie nos habló. Sucedió la cosa en Almazul, para las fiestas de San Roque. Sacaron al Santo sobre su peana, con el perro a sus pies, y fueron recorriendo en procesión las calles del pueblo. (Por cierto, siento curiosidad por saber el por qué de la compañía del animal.) Durante el recorrido, la gente, yo me imagino que sobre todo las mujeres porque solemos ser más espontáneas, se dirigían al Patrón en voz alta con sentidos piropos: ¡Viva San Roque! ¡Viva! ¡Que San Roque nos proteja! ¡Así sea! Una, otra, y otra vez. Hasta que de pronto mi abuela gritó: ¡Viva San Roque y el perrín! A la gente le hizo tanta gracia la salida, que desde aquel día con Perrina se quedó. Y ¿cómo se le llamaría al hijo de la Perrina? Perrín, claro que sí. ¡Ojalá viviera todavía mi padre para poder hablar con él sobre este sucedido recién descubierto! Nunca me hubiese imaginado que yo fuera una Perrina. ¡Ja,ja,ja! 05/02/2008 21:20 Comentarios » Ir a formulario
Hola, llegue a tu espacio atraves del buscador, te cuento que hace poquito abri mi blog personal, mis sueños y pensamientos estan volcados alli, soy de buenos aires, espero pases a visitarme y si quieres me avisas e intercambiamos links, te deseo muchos éxitos, hasta pronto...
Fecha: 20/02/2008 03:02.
muchisimas gracias por contestarme, ya estas enlazada, esperemos muchas visitas, cuando quieras me escribes un mail y me cuentas algo de ti, hasta luego amiga...
Fecha: 20/02/2008 14:46. |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
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