Manos que no dais, ¿qué esperáis?

Estoy viendo a mi madre cómo prepara la masa para hacer el pan. Tiene que cerner la harina con el cedazo para que esté bien limpia y bien blanca. Pone la harina en la artesa y echa agua. Tiene los brazos bien remangados para no mancharse la ropa. Remueve la harina con el agua para que se mezclen bien. La masa se va poniendo pegajosa y se le queda entre las manos. A mí también me gustaría amasar. Alguna vez me deja. Me lavo las manos y las meto y revuelvo la masa, y hago como mi madre que la empuja con los puños. Saca de una cazuela de barro un pedazo de masa que guarda de otro día - dice que es la levadura - y la pone en la artesa con la masa nueva. Y sigue amasando, amasando… Después de mucho tiempo deja la masa quieta y tapada con un paño grueso y limpio. Dice que la masa tiene que subir. Mañana será día de hacer el pan en el horno del pueblo.
Mi madre da forma a la masa. Coge unos trozos redondos que se convertirán en hogazas. Y también hace unas muñecas con unas bolas más pequeñas. Ojos, nariz, boca, brazos, vestido, piernas… Yo soy pequeña, y estamos en otoño. Lo sé porque les hace a las muñecas unos hoyos con el dedo y en cada hueco pone un grano de uva negra. Después las espolvorea con un generoso puñado de azúcar.
-¡Ésta es la mía!
-¡Y la mía ésta!
-¡Bueno, pues ésta para mí!
Y cada uno pone a su muñeca, una raya, o una cruz, o un pequeño cuadro para marcar su propiedad.
La puerta del horno es de hierro y tiene letras. Y cuando la abren las mujeres para meter los panes, se ve brillar el fuego y sale una bocanada de calor.
Por la tarde mi madre nos da a cada uno su muñeca para merendar y nos vamos dando saltos a jugar a la calle. ¡Huuum! ¡Qué rica! Bajamos a la plaza y luego vamos a casa de mi tía. ¿Qué lleváis ahí?
- Tortas con forma de muñecas. Nos las ha hecho mi madre.
- ¿Están buenas? A ver ¿Quién me va a dar un poco de torta?
Mi hermano y yo remoloneamos y nos resistimos a soltar nuestro pequeño tesoro.
Sólo mi hermana pone en la mano de mi tía el trozo de muñeca que le queda. Ella coge un pequeño pellizco y se la devuelve. Luego nos mira a mi hermano y a mí y nos sermonea: "Manos que no dais, ¿qué esperáis?"
Al leer este refrán, arrancado del Taco el último día de febrero de este año bisiesto, ha saltado una chispa en mi memoria y he recobrado un trozo de mi infancia.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: eliana
Fecha: 12/03/2008 22:20.








