Tiempo de vacas flacas

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Creo que la mayoría de los que nacimos en los años de la posguerra española quedamos marcados de una manera especial por aquella circunstancia. Somos la generación de los tiempos del hambre y la escasez. Por eso nunca hemos visto con buenos ojos el hecho de que se desperdiciaran los alimentos o se tiraran la ropa, los muebles y los juguetes en buen uso, por poner sólo unos ejemplos. Cuando estaba en la escuela en la calle o en un parque, me dolía en el alma ver cómo los niños tiraban tranquilamente a la papelera, o al suelo, los bocadillos casi enteros, y no podía dejar de pensar con qué gusto me los hubiese comido yo en mi niñez, y recordaba a todos esos otros millones de niños que viven en la más absoluta pobreza en el mundo. Es verdad que en España hemos pasado unos años en los que la gente trabajaba y ganaba un buen sueldo. No faltaban las vacaciones en la playa, los fines de semana en la nieve, las cenas con los amigos en un restaurante, todos los caprichos de los niños, las ropas de marca y un largo etcétera.

Mi marido solía recordar aquel episodio de la Historia Sagrada que aprendió en su niñez, que contaba los sueños del faraón y cómo José fue capaz de interpretarlos y así logró el favor real. En uno de estos sueños el faraón veía siete vacas gordas que eran devoradas por otras siete vacas flacas. José informó al faraón de su significado: habría siete años de abundancia, seguidos de otros siete de escasez, y era preciso almacenar y guardar el grano en los años buenos para cuando llegasen los malos tiempos.

Me parece que estoy oyendo decir a mi marido en tono agorero que el tiempo de las vacas flacas acabaría por llegar. ¡Y aquí lo tenemos! Aunque los políticos se afanen en darnos las malas noticias en pequeñas dosis, para no asustar demasiado al personal. La mecha se encendió en Estados Unidos con el asunto de las hipotecas de alto riesgo. Y ya es bien sabido que cuando Estados Unidos estornuda Europa coge un resfriado. Pero en esta ocasión, más que un resfriado va a resultar una buena pulmonía. La cesta de la compra se ha puesto por las nubes. ¿Y qué decir de la gasolina o el gasoil?

En los últimos años hemos asistido a un boom impresionante en el sector de la construcción. En los pueblos, y qué diremos de las ciudades, de un día para otro aparecían casas nuevas, como las setas en otoño. Muchas personas, sobre todo las parejas jóvenes, con la ilusión propia de sus años, hacían sus cuentas y decidían comprarse una casa. Iban pagando mes tras mes una cantidad y sabían que dentro de veinte o veinticinco años se encontrarían con una casa de su propiedad. Pero… llegó la crisis. Las hipotecas subían cada vez más. Las casas construidas empezaban a venderse peor. Si no se vendían, las constructoras no podían seguir construyendo. Y si no se construía empezaba a aparecer el fantasma del paro. Pero no sólo en los albañiles. Las casas vienen equipadas con muebles de cocina, electrodomésticos, material de baño... Las casas necesitan, carpintería, instalación eléctrica, pintura… Esto es una cadena y todos los gremios se han visto afectados por la crisis y el número de parados va subiendo día a día.

Hay personas que no pueden hacer frente a las hipotecas. ¿Qué hacer? ¿ Permitir que el banco se quede con tu casa? ¿Tratar de venderla? No es fácil

Voy a contaros lo que acabo de leer en el periódico digital 20minutos.es.

Este es el título de la noticia:

Un matrimonio de Barcelona ’regala’ su piso de 95 metros porque no puede pagarlo

Se trata de un piso de 95 metros cuadrados, con 4 habitaciones, reformado y con ascensor

Lo pusieron a la venta hace seis meses, pero hasta la fecha no lo han conseguido. Entonces se les ocurrió poner un anuncio en internet con ese encabezamiento. En realidad lo venden por 265.000 euros que es lo que les queda de pagar por la hipoteca. Ellos lo compraron hace 15 meses por 322.000 euros. No tratan de hacer negocio, simplemente quieren quitárselo de encima porque no les llega para pagar la hipoteca. Quieren trasladarse a uno de alquiler.

Acompaña la noticia un vídeo en el que puede verse al dueño, un hombre joven, explicando su situación. Produce congoja ver cómo se le quiebra la voz mientras

dice : "si pagas la hipoteca no comes y si comes no pagas la hipoteca" porque el sueldo no da para más.

Este es sólo uno de los muchos casos que están ocurriendo o que van a ocurrir, a no ser que se produzca un milagro…

¡Señores políticos, no nos engañen! ¡Llamen al pan, pan y al vino, vino! Claro que era muy comprometido decir esto antes de las elecciones… ¡mejor lo dejamos para luego…!

Ya han pasado. Ahora, Señor Zapatero, tenga la valentía de decirles a los españolitos crédulos, si es que a estas alturas queda alguno:

¡España no va bien!

Pero nada bien, añado yo. No piense Vd. que a muchos de los ciudadanos consiguió engañarnos.

 

 

 

12/04/2008 14:29

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