El nuevo fenómeno de los periódicos gratuitos

Durante estos últimos años resulta un hecho cotidiano en la ciudad el tropezarte por la mañana con los repartidores de los periódicos gratuitos. Éstos han sabido ir escogiendo los lugares más adecuados para darle pronta salida a su mercancía. Es algo normal encontrártelos en las proximidades de los centros médicos, colocados uno junto a otro: 20 Minutos, ADN, Metro, ¡Qué! … sin miedo a la competencia, puesto que no esperan que los ciudadanos se inclinen por uno de ellos - la mayoría los aceptan todos - y no esperan recibir ningún dinero a cambio. Y así, puede ser que en una distancia de tres metros te encuentres en la mano con otros tantos periódicos.
Estos días hemos estado en el hospital para que le extrajeran a mi hijo los clavos y demás piezas metálicas que llevaba en la pierna izquierda como consecuencia de su accidente de moto en Julio del 2006.
Como yo no ando muy sobrada de salud, mi hermana se empeñó en quedarse en el hospital la primera noche a pesar de mis protestas. "Y tú haz el favor de hacerme caso, que para eso soy tu hermana mayor", fue su argumento. Así que me bajé a su casa a descansar. A la mañana siguiente, cuando me dirigía acompañada de mi cuñado a la parada del autobús para subir al hospital, pasamos ante un edificio perteneciente a una Caja de Ahorros, y casi teníamos que ir abriéndonos paso a codazos debido a la cantidad de gente mayor que estaba reunida junto a la puerta del edificio. En principio pensé si se trataría de alguna nueva promoción ofrecida por la Entidad y que por eso estaban esperando a que ésta abriera la oficina. También se me ocurrió que podría tratarse del lugar de reunión para algún viaje de la tercera edad, aunque me extrañaba no ver ni rastro de equipaje. Sí observé que casi todos llevaban en la mano un periódico. Al preguntarle a mi cuñado sobre el probable motivo de esa aglomeración, me explicó que todas las mañanas esperaban allí porque los repartidores de periódicos habían escogido aquel lugar para la distribución. Efectivamente. Apenas habíamos dado una docena de pasos, cuando nos tropezamos con otro repartidor que se dirigía al encuentro del personal para hacerles llegar su diario.
Más de una vez he reflexionado yo sobre este tema de los periódicos gratuitos. Agradezco encontrarlos, sobre todo porque hacen más llevaderos los tiempos de espera en las consultas o las largas horas de estancia en el hospital. Pero me pregunto si pueden ser rentables, ya que su fuente de ingresos proviene exclusivamente de la publicidad. De una cosa estoy segura. Si cada persona que lee el periódico fuera como yo, que paso totalmente de los anuncios, (afortunadamente para ellos cada persona es distinta), los susodichos periódicos terminarían condenados a la quiebra.










