Profesiones peligrosas

Recuerdo durante mis años de maestra, cuando llegaba el momento de tratar el tema relativo a los oficios y profesiones, incluido en el currículo del Primer Ciclo de Primaria, además de hacer un amplio listado de los mismos, de hablar de la profesión de los padres de los alumnos, de lo que ellos querían ser de mayores, solía haber una información más detallada de alguno de estos trabajos. Siempre salía en la conversación con los alumnos una lista de oficios peligrosos, tales como los de minero, pescador y bombero.
Pero ahora, en los tiempos que nos toca vivir, haría falta añadir a esa lista una nueva profesión igualmente peligrosa: la de periodista. Y no me refiero a esos que llenan todos los días el plató de los distintos canales de televisión para contarnos las venturas y desventuras de la "gente famosa", ni siquiera a los que cubren esa información pegados al "culo" (perdón por la expresión) de dichos famosos, tanto que no les dejan "ni tirarse un pum en paz" como diría mi madre, y que a veces, cuando han conseguido hacerles perder los nervios, se encuentran con algún que otro castañazo. Y entonces es cuando vienen las lamentaciones…
No. No me refiero a esa clase de periodismo light, sino a los periodistas de verdad, los que se juegan el tipo para traernos información sobre los conflictos en cualquier rincón del mundo. En los últimos años, un número considerable de estos profesionales ha perdido la vida, unos por publicar informaciones que a cierta gente importante no le interesaba que salieran a la luz y, sencillamente, se los han quitado del medio, y otros porque estaban en primera fila en los frentes de guerra y una bala o un misil han acabado con ellos.
Todavía estoy impresionada. Creo que fue el miércoles pasado, cuando Fadel Oda Shana, un periodista de 23 años que trabajaba para la Agencia Reuters y que estaba grabando con su cámara imágenes del lugar desde donde los israelíes bombardeaban la zona palestina en la franja de Gaza, pudo mostrarnos a lo lejos el disparo de un tanque israelí. Vimos un fogonazo y una nube de humo. Al instante, la imagen desapareció y sólo pudo verse un recuadro negro. ¿Por qué había desaparecido la imagen? Otro cámara nos mostró lo sucedido. Fadel Oda resultó muerto por el mismo misil que él estaba grabando. Pudimos verlo abatido en el suelo, inmóvil y cubierto de sangre, lo mismo que algunos de sus acompañantes. Y pudimos escuchar los lamentos de los que quedaron vivos y se aprestaron a subir a uno de los vehículos el cuerpo de uno de ellos que quizás estuviera todavía con vida.
¡Ojalá fuese Fadel el último periodista que perdiera la vida en una guerra! ¡Ojalá se acabasen todas las malditas guerras con toda su carga de horror y de dolor que acarrean!
"… Convertirán sus espadas en arados, sus lanzas en podaderas. No alzará la espada nación contra nación, ni se prepararán más para la guerra…."
(Isaías, 2)Para que se produjera ese milagro los hombres necesitaríamos un corazón nuevo.










