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La Catedral del Mar![]() No hará mucho más de 15 días apareció mi hijo pequeño por casa con un libro enorme bajo el brazo. Días antes había salido la conversación sobre los libros que estábamos leyendo y él me dijo que estaba terminando uno que le había resultado muy entretenido. - Se llama "La Catedral del Mar", ¿querrás leerlo? Le dije que sí. Me quedé impresionada al verlo. Por sus dimensiones y por sus 670 páginas… Pero me fié de su palabra. Lo dejé en mi habitación como libro de cabecera. Todas las noches, aunque me acostase tarde, el libro me estaba esperando para contarme su trozo de historia antes de que el sueño cerrase mis ojos. La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones, nos presenta la Barcelona de la Edad Media, entre los años 1.320 y 1.384, a través del trabajo, el dolor, el amor, la envidia, las calumnias, las intrigas… todo lo que encierra la azarosa vida del protagonista del libro, Arnau Estanyol. Y, como telón de fondo, la construcción de La Catedral de Santa María del Mar, llevada a cabo por el pueblo llano de la ciudad, en la que Arnau participó, portando sobre sus espaldas, como muchos otros, las enormes piedras necesarias para que la catedral fuese creciendo poco a poco. No sé si podréis creerlo, pero "me he merendado el libro en apenas 15 días", tal vez en menos. ¡Un poco más! ¡Un poco más! – me decía a mi misma, tratando de olvidar el movimiento inexorable de las manecillas del reloj. Esa es una de las cosas buenas que tiene el estar jubilada. Puedes permitirte no madrugar. Además, tan pronto abrí el libro por el primer capítulo, leí: "Año 1.320, Masía de Bernat Estanyol, Navarcles, Principado de Cataluña. Al leer la palabra Navarcles, vinieron a mi mente como un relámpago unos claros recuerdos infantiles. La familia del tio Elias se fue a vivir allí. Todavía me parece estar escuchando a mi madre mientras nos reñía a mi hermana y a mí por habernos ido a despedirlos a la estación con nuestras trenzas sin peinar. ¡Qué importancia podía tener - pensamos – cuando se iban para siempre la Carmen, la Santos, la Pepa, la Evelia, nuestras compañeras de juegos, y la tia Serotina y el tio Elias y la abuela Pepa! En Navarcles les estaban esperando el resto de aquella numerosa familia. Y cuando el tren se puso en marcha y volvimos a nuestro pueblo, lo encontramos más pequeño y más silencioso. Arropada en mi cama, mirando la foto de mi marido ausente, desde mi dolor, traté de imaginar qué les habría deparado la vida a cada uno de ellos en aquel pueblo desconocido a lo largo de todos estos años. 05/05/2008 23:18 Comentarios » Ir a formulario |
El alma al aire¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.
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