La gran cabalgada

Me gustaría poder enviar a cada uno de vosotros que estáis leyendo este post el archivo que acabo de recibir en mi correo, para que pudieseis disfrutar con él lo mismo que lo he hecho yo. Trataré de contarlo, aunque bien sé que no será lo mismo.
El archivo viene acompañado de una animada melodía de piano. En la primera imagen aparece una manada de caballos preciosos, en su mayoría blancos, galopando de frente, como si en unos momentos fueran a estar sobre ti.
Sobreimpresionado sobre la imagen aparece el siguiente texto:
La Gran Cabalgada
Lee el texto con atención…
Cierto día, un paciente de un hospital psiquiátrico golpea la puerta del director del hospital.
- ¿ Cómo está, doctor? ¿Puedo entrar?
- ¡Claro que sí! ¿Qué desea?
- Bueno, doctor. Le quiero dar un regalo.
- ¿Un regalo? ¿Pero qué regalo?
- Es un libro. Se titula : LA GRAN CABALGADA
- Muy interesante. Pero, ¿quién es el autor?
- Soy yo, doctor.
- ¿Tú? Pero, ¿cómo es eso?
- Llevo internado aquí desde hace muchos años y tuve bastante tiempo para escribirlo.
- Estoy muy impresionado. Si fuiste capaz de escribir un libro es porque ya estás curado. Voy a firmar tu alta inmediatamente - dijo el director.
Y el autor del libro se marchó feliz de la vida.
Más tarde, el director inició la lectura del libro.
Empieza a leer…
Libro: La Gran Cabalgada
(Cesa la música del piano y se escucha entonces un chirriar, ¿cómo lo explicaría yo? Parece como si alguien deslizase una aguja metálica sobre una parrilla de ese o parecido material) Y mientras, la pantalla del ordenador se llena con la palabra Potocó.
Exactamente 242 Potocós, ordenados en 22 filas y 11 columnas.
En la parte inferior de la pantalla, en la zona central aparece esto: - 1 -
(indicando que nos encontramos en la primera página.)
Otro chirrido anuncia el cambio de pantalla.
Potocó. Potocó. Potocó. Potocó…
Otras 22 filas y 11 columnas de Potocós, que se corresponden con… ¡Exactamente! Con 242 Potocós. Esta vez, en la parte central e inferior de la pantalla puede verse esto: - 178 - Se supone que ésa es la página del libro en la que nos encontramos.
Un último chirrido nos conduce a las consabidas filas y columnas de Potocó. Potocó. Potocó…
En la parte inferior de la pantalla, en un tamaño mayor de letra, podemos leer:
Y Potocó (fin)
- 300 -
La cabeza de un caballo con el hocico abierto, enseñando todos los dientes, aparece asomado por encima de una valla, mientras una risa contagiosa, que parece salir de la garganta del animal, llena la pequeña habitación en la que me encuentro, y se confunde con mis propias carcajadas.
Felicito al autor de este archivo. ¡Me admira la creatividad de la gente! Y a ti, Elvira, una de mis fieles lectoras, ¡gracias por este regalo!
Es cierto que el dolor aleja de nosotros la risa, que por otro lado es bien necesaria. Nadie debería pasar un solo día sin reír.










