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No hay dinero suficiente para saldar una injusticia

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He leído la noticia en el Heraldo  de Aragón y me he quedado impresionada. Cuenta las peripecias de un rumano llamado Ionel Georgel Ganea que, como muchos miles de compatriotas, dejó Rumanía y se vino a España en busca de una vida mejor. El día 15 de julio de 2005, una semana después de cruzar la frontera con Austria, donde sellaron su pasaporte, y de entrar en España, la Policía lo detuvo en Zaragoza como sospechoso de un robo con violencia ocurrido tres semanas antes en la calle Don Jaime de esta capital. Y el pobre Ionel, sin comerlo ni beberlo, como suele decirse, se encontró encerrado en la cárcel de Zuera. "Estaba comiendo en un parque por la noche, cuando me detuvo la policía con mi cuñado"- dice desde Gelati (Rumanía), a través de su mujer que hace de traductora.

En una rueda de reconocimiento, la víctima del robo lo reconoció, aunque "no con seguridad". Su cuñado, al no ser identificado, al cabo de dos semanas fue puesto en libertad.

La madre de su mujer tuvo que vender un piso en Rumanía, venir a España y buscar asistencia legal para tratar de poner en libertad a su yerno. Estuvo en la cárcel desde el 16 de julio de 2.005 hasta el 28 de febrero de 2006, día en el que se celebró el juicio. Entró en la sala esposado, flanqueado por una pareja de la Guardia Civil, y salió libre. Durante el mismo, la víctima del robo descartó que Ionel fuese uno de los atacantes. (Mal podía serlo, si el desdichado estaba todavía en su tierra cuando sucedió el hecho). Si hubiese sido capaz de predecir el futuro que le esperaba, para luego se pone él en camino hacia un país que le quitó de repente su honor y su libertad. Trato de ponerme en el pellejo del joven rumano e intento imaginar cuán largos y terribles debieron resultarle aquellos 227 días en la cárcel. ¡Qué grandes debieron ser su rabia y su desesperación!

También puedo adivinar su primer pensamiento tras ser declarado inocente de los cargos que se le imputaban. ¡Escapar! Escapar lo antes posible de España que para él sólo había resultado una horrible experiencia, y volver a su país. ¡Hogar, dulce hogar!

Su abogado, Simón Lahoz reclamó al Ministerio de Justicia la cantidad de 225.000 euros como indemnización por el error judicial, por los ocho meses que pasó preso de forma indebida y por los trastornos psicológicos que padeció: ansiedad, depresión, tentaciones suicidas, temblores, estrés, cefaleas, miedo…

Cuando han transcurrido más de dos años desde que Ionel fue puesto en libertad, el Ministerio de Justicia acaba de otorgarle una indemnización de 27.240 euros.

Es decir, que vivir privado de libertad, aunque seas inocente, tiene un precio estimado por la Justicia en… 120 euros por día de cárcel.

¿Quién puede creer realmente que es ese su verdadero valor?

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