La Madre Naturaleza

No creo que a estas alturas haya alguien en la Tierra que no sea consciente de que toda nuestra vida depende de la Naturaleza. Todos los seres vivos comenzamos nuestra existencia tras un proceso de fecundación que, tanto en el mundo vegetal como en el animal, podemos considerar casi milagroso.
El Sol y el aire nos proporcionan la energía y el oxígeno necesarios para vivir. La tierra nos alimenta y nos cobija. El agua calma nuestra sed. Todo gracias a la Madre Naturaleza.
Y el hombre, dotado de una inteligencia portentosa, con el paso de los años va descubriendo los secretos que ésta ha mantenido escondido durante miles de años. Entonces se pavonea y se crece hasta querer convencerse a sí mismo de que su papel en el mundo es someter todo lo que ella encierra.
Pero, a veces, con más frecuencia de lo que nosotros quisiéramos, esta madre se convierte en un monstruo. Es el mismo dios Saturno devorando sin piedad a sus propios hijos. Tornados, inundaciones, terremotos, volcanes… Ante ellos, los seres humanos nos sentimos inermes, conscientes de nuestra pequeñez, como hormigas indefensas despanzurradas por las enormes pisadas de un gigante.
Y entonces, todo se convierte en desconcierto, en impotencia, en dolor … Miles de personas muertas, muchos otros miles sin hogar, sin comida, sin lo más imprescindible para vivir. Y el resto de la humanidad asistimos al terrible espectáculo sobrecogidos e impotentes, preguntándonos en silencio si no seremos nosotros los siguientes…
Pero en todos estos casos, como hermosas flores nacidas en lo más profundo de un lodazal, brotan también los sentimientos más hermosos de la raza humana: la solidaridad, la unión, la valentía, el amor…
En medio del desastre y de la muerte ocasionados por el enorme terremoto de China, hemos sido testigos de gestos hermosos. Cientos de personas han luchado contra reloj para recuperar con vida a los supervivientes atrapados bajo toneladas de escombros. Y nos hemos alegrado por la niña de 11 años que ha podido ser rescatada con vida tras estar sepultada más de 60 horas. Y por las tres mujeres atrapadas que han podido mantenerse vivas durante una semana, y por esa anciana de 102 años rescatada nueve días después, en lo que parece un milagro. Y hemos sentido dolor por esos doscientos miembros de los equipos de rescate que han quedado sepultados por deslizamientos de tierra y que han entregado sus vidas en el cumplimiento de su deber.
Para terminar este post he querido guardar la más tierna de las imágenes. La de una joven policía que salvó a un bebé de 3 meses y al que, tras comprobar la muerte de sus padres, ella misma amamantó. Y se dedicó a recorrer hospitales para alimentar a otros bebés que se habían quedado sin madres, o que aún teniéndolas, no podían ser alimentados por ellas, debido al estado en el que se encontraban.
¡Bendita seas Yiang! Ser madre de un pequeño, te hizo entender muy bien lo que tenías que hacer.
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