Un día de perros

¡No! No es que hoy esté siendo un día horrible para mí, como parece dar a entender el encabezamiento de mi post. Le he puesto este título porque en diversos medios de comunicación he encontrado noticias relacionadas con estos animales.
En la sección EL LECTOR OPINA de Lavanguardia.es he leído un artículo de Julián Ortega Fraile con este título: "Otro más, ¿hasta cuando?"
Habla en él de las cada vez más frecuentes noticias sobre perros torturados. Uno, hace un mes en Lugo, y en estos días un pastor alemán en Sanlúcar de Barrameda. Una chica relata cómo lo encontró perdido o abandonado en la calle, cómo se detuvo a acariciarlo cuando iba a hacer unas compras, y cómo al volver a recogerlo al cabo de una hora, Jack, como había pensado llamarlo, estaba muerto. En ese corto espacio de tiempo, algún malnacido le había puesto una cadena al cuello, le había atado las patas traseras e introducido un palo en la boca.
Se pregunta el autor del escrito si las autoridades hacen todo lo que deberían para que estos hechos inhumanos no se repitan un día sí y otro también como ocurre en la actualidad.
¡Sí, así es! Porque en el BLOG "En busca de una segunda oportunidad" de 20minutos.es, que toca temas de animales domésticos, esta misma mañana he leído que los miembros de la Protectora Ribercan en Carcaixent de Valencia, han escrito a la propietaria del blog contándole cómo los bárbaros se colaron en las instalaciones de la Protectora y se llevaron tres perros. Pero no les bastó. Cogieron a Regina, una perra cruce de mastín, de 5 años de edad, ataron sus patas con alambre abusaron sexualmente de ella, la introdujeron una fruta en su orificio anal y la golpearon salvajemente en la cabeza hasta que el pobre animal no tuvo fuerzas para resistir y falleció en un charco de sangre.
¡Sin palabras!
Y, como si el destino hubiese adivinado mi necesidad de darme un respiro ante tamaña barbarie, en mi paseo matutino por internet he ido a parar a la revista XL SEMANAL, y allí me he encontrado con el artículo de Arturo Pérez Reverte "Los perros de la Brigada Ligera", publicado en su sección habitual, PATENTE DE CORSO.
Cuenta con su estilo característico lo sucedido en la Carga de la Brigada Ligera durante la Guerra de Crimea.
Me va a tener que perdonar Arturo Pérez Reverte mi atrevimiento de copiar sus propias palabras, pero quiero que podáis imaginar con facilidad a través de su relato lo que sucedió en aquella batalla perdida..
"Cinco regimientos de caballería británicos cargaron de frente contra una batería rusa, a través de un valle de kilómetro y medio de largo, batido a la ida y a la vuelta por fusileros y artillería. De seiscientos sesenta y seis hombres, volvieron a sus líneas heridos o ilesos, muchos a pie y todos bajo fuego enemigo, trescientos noventa y cinco."
(Pero lo que más me ha llamado la atención - y a ellos iba dirigido como homenaje el artículo– es que dos perros, de nombre Jemmy y Boxer, mascotas del 110 y 80 regimientos de húsares, participaron en este episodio.)
"Habían acompañado a sus amos desde Inglaterra. Cuando La brigada Ligera se puso en marcha, los dos fieles animales acudieron a colocarse junto a las patas de los caballos de los oficiales, dispuestos a marchar al mismo paso, sin obedecer las voces de los soldados que les ordenaban apartarse de allí. Después sonó la corneta, empezó la marcha al paso, luego al trote, y cuando, bajo intenso fuego de artillería, se pasó al galope y sonó el toque de carga, con las granadas reventando, hombres cayendo por todas partes, estruendo de bombazos y caballos destripados o sin jinete, Jemmy y Boxer siguieron corriendo imperturbables, junto a sus amos, en línea recta hacia los cañones rusos.
Parecerá increíble para quien no conozca a los perros. Esos chuchos cruzaron todo el valle de Balaclava entre un diluvio de fuego –«Hasta las fauces negras de la Muerte, / hasta la boca misma del Infierno»– y permanecieron junto a los húsares, o lo que quedaba de ellos, mientras éstos acuchillaban a los artilleros enemigos y morían entre los cañones. Después regresaron despacio, al paso de los caballos maltrechos que traían a los supervivientes, junto a hombres desmontados o heridos que caminaban y caían exhaustos, entre el tiroteo ruso y los disparos de quienes remataban a sus caballos moribundos ante de seguir a pie. Tres largos kilómetros de ida y vuelta. Jemmy y Boxer hicieron la carga junto a los primeros caballos de la brigada y regresaron a las líneas inglesas con el primer hombre montado de sus respectivos regimientos que volvió a éstas: Ileso Boxer, sin un rasguño; herido Jemmy por una esquirla de metralla en el cuello. Y ambos, acabada la campaña, regresaron a Inglaterra y murieron viejos, honrados y veteranos, en su cuartel."
Se pone el vello de punta ¿verdad?
¿Y quién no ha oído contar la historia de un perro, creo que ocurrió en Inglaterra, que fue capaz de recorrer cientos de kilómetros para encontrar a su dueño? ¿O esa otra del perro que permaneció días y días en el cementerio sin moverse de la tumba en la que yacía su amo? No son cuentos, son realidades.
Quiero que estas líneas sean mi pequeño homenaje a Yako, mi perro, al que tanto quiero, y a todos esos otros animales nobles, fieles y valientes, que están muy por encima de tanto degenerado, que para nuestra desgracia pertenecen a la raza humana.
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