La esclavitud de las telenovelas

Creo que fue en el verano de 2006, aunque tampoco podría asegurarlo. Estábamos en el pueblo. Allí en la montaña, el calor tiene poco que hacer, sobre todo dentro de casa. Basta con meterte en el patio y parece que estás - exagerando un poco – en una nevera. Poder dormir con una manta ligera en la cama es una gozada. Bien, pues mientras mi marido estaba en el bar de su pueblo, ese pequeño pueblo que él tanto quería, yo me quedaba un rato sentada en el cuarto de estar. Era el momento de echar una cabezadita con la tele encendida. Y, mira por dónde, un día fui a parar a la cadena Telecinco, que ofrecía la serie "Yo soy Bea".
Nunca me han gustado las telenovelas. Prefiero cualquier programa que empiece y termine en el día, porque si no, como me pasó a mí, te quedas enganchada, y parece que te creas una obligación diaria.
Y los capítulos fueron pasando, un día y otro día, un mes y otro mes, un año y otro año, porque el argumento se desarrollaba tan lentamente que aunque algún día no pudieras verla, casi seguro que no perderías el hilo de la historia.
¡Bea! La secretaria de la revista Bulevar 21, una joven perfectamente preparada. Bea, la muchacha fea y de aspecto anticuado que se enamora perdidamente de su jefe. Ese jefe atractivo y mujeriego que no tiene ningún reparo en engañarla fingiéndole amor para conseguir sus propósitos. ¡Pobre Bea!
Creo que hemos sido miles, y en algunas ocasiones millones de espectadores, supongo que la mayoría del género femenino, los que hemos sufrido con ella. Pero esta noche…
¡Esta noche llega el día grande de Bea! Esta noche veremos cómo se casa con su amado, y después… ¡vivieron felices y comieron perdices!
Ya, ya sé que la serie que me ha tenido embobada sigue con otras aventuras y nuevos personajes pero, ¿sabéis? Yo me bajo en esta estación. Y me he prometido a mi misma no dejarme enganchar nunca más. En bastantes ocasiones mi hija se ha burlado de mí, y no sin razón. Siendo ella jovencita le reprochaba yo su afición por las telenovelas, y mira por donde he ido a tropezar en la misma piedra. A veces me llama por teléfono antes de que haya terminado el programa, y pronto se da cuenta de que yo no la estoy escuchando con demasiada atención. "¡Ya estás con la Fea!" - me dice. Así que me he prometido muy seriamente no caer de nuevo en las redes de ninguna otra telenovela ¡Espero cumplirlo!
Comentarios » Ir a formulario








