La abuelita Forrest Gump

"Una abuelita "Forrest Gump" completa la vuelta al mundo en cinco años". Ese es el encabezamiento de la noticia publicada hoy en 20Minutos.es, que a su vez la ha recogido en el periódico inglés Daily Mail.
¡Vaya con las abuelitas de hoy día! ¡Son capaces de hacer cualquier cosa! - me digo a mi misma como primer comentario al ver el titular. Y sigo leyendo con mucha atención.
Realizó el viaje para concienciar a la gente sobre el cáncer y conseguir dinero para las Asociaciones que luchan contra esta enfermedad, ya que su marido falleció a causa de un cáncer de próstata en el año 2.002.
¡Hace falta ser muy valiente o muy descerebrada para hacer una cosa así! Sólo de intentar ponerme en su pellejo se me ponen los pelos de punta. Y digo yo: ¿Antes de empezar el viaje, reflexionaría despacio sobre los muchos y graves problemas con los que iba a encontrarse?
Se puso en camino en octubre de 2.003, un año después de la muerte de su marido. Desde entonces y hasta este mes de junio, la mujer ha recorrido Holanda, Alemania, Rusia, Estados Unidos, Canadá y Groenlandia.
Cuenta que fue embestida por un autobús, que padeció una neumonía y que tuvo que convivir con osos y lobos. ¡Todavía me parece poco para lo que podía haberle pasado durante el largo recorrido de 20.000 millas a través de "los lugares más hostiles del planeta"! ¿No tuvo problemas con ninguna fiera humana? Para mí que son las que más hay que temer. Eso sí, dice que recibió 29 proposiciones matrimoniales. La cifra no está nada mal, aunque ella las rechazó porque su nuevo horizonte está en su país, Gran Bretaña.
Pero ahora viene lo que realmente me ha dejado muy, pero que muy tocada. Rosie Swale-Pope, la protagonista de esta hazaña es, en palabras del periodista, "una anciana de 61 años". ¡De repente he descubierto que soy una anciana! Y la verdad, casi me da un yuyu, como dice la gente joven. Pase que estoy un tanto reumática y que mis zonas bajas se empeñan en regalarme más de una infección, que he perdido rapidez en mis movimientos, y uso gafas para compensar mi miopía y mi vista cansada. Hasta creo que mi sentido del oído no es ya tan agudo como lo fue en otros tiempos…¡Pero, por Dios, que no me llamen anciana! ¡Ya les quedará tiempo de hacerlo si mi salud me permite sobrepasar los setenta! Entonces lo aceptaré muy razonablemente, como es natural.
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