Cuando ya había dado la partida por perdida...

Ayer, casi por casualidad, durante una visita en casa de unos primos, descubrí que uno de sus hijos había logrado la conexión con internet. ¿Qué es lo que he hecho mal? - me pregunté. Al llegar a casa me puse en contacto con Telefónica y …¡haleop!, esta vez lo conseguí. Es verdad que acostumbrada a la banda ancha es como si un jinete que monta un brioso corcel se viese de repente cabalgando sobre una pobre tortuga. Pero… menos da una piedra, como dice el refrán.
Así que aquí estoy de nuevo después de mi favorable cura de silencio. De repente el mundo ha vuelto a hacerse más amplio en este pequeño y hermoso rincón.
Comentarios » Ir a formulario








