¡Socorrooo!

Mi madre solía decir: "Se agarra a un hierro ardiente" al referirse a una persona que se encuentra desesperada y busca una solución en cualquier sitio. Eso me pasa a mí en estos momentos. No quiero marear a nadie enumerando mis males, entre otras cosas por que no van a aliviarse por ello, pero, dada la situación en que me encuentro, hace unos 15 días recordé la visita que hicimos mi marido, mi hija y yo, hace tres o cuatro años, a un curandero que hace su tratamiento tocando distintos puntos de los pies del paciente. Creo que se llama reflexología. Según este método, en los pies de una persona se encuentran reflejadas las distintas partes de nuestro cuerpo, y activando esas zonas podría mejorarse la salud del paciente. Yo recuerdo que aquella vez salí de allí con una sensación de dolor soportable. Y con ese recuerdo acudí a la cita de ayer. El viaje resultó agradable. El Moncayo estaba precioso, luciendo las primeras nieves de la temporada. Por otra parte, siempre que me acerco a mi patria chica experimento una sensación muy especial. Me parecía tener al alcance de mi mano al viejo Costanazo, el monte a cuyo pie se levanta lo que queda de mi pueblo. -¿Quieres que cuando salgamos del curandero vayamos hasta allí? -me dijo mi hijo. - No. Iremos cuando haga buen tiempo si me encuentro mejor -le contesté. Hice bien en responderle así. Cuando llegamos, el hombre nos hizo pasar a la habitación que hace las veces de consulta. Entonces me invitó a sentarme y a colocar mis pies sobre una banqueta. Tan pronto cogió mi pie entre sus manos y comenzó a presionarlo con su dedo índice, mi boca comenzó a soltar ayes incontrolables que sólo mi vergüenza evitó que se convirtiesen en verdaderos alaridos. Tenía ganas de llorar. Sudaba. Mis pies, de forma involuntaria, luchaban por deshacerse de aquella mano torturadora. - ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Mi voz casi se convertía en grito. Comenzó a enumerar las distintas partes de mi cuerpo con problemas de salud. Y acertó, aunque quizás haya gente que no pueda creerlo. Sólo me tocó durante unos minutos. Me dijo que tal como me encontraba unos masajes prolongados podrían resultar perjudiciales. Así que concretamos la siguiente sesión para la próxima semana. Sé que tengo que intentarlo. Pero he de confesar que la idea de volver casi me produce pesadillas. Y por supuesto, al terminar la sesión pocas ganas tenía de acercarme a mi pueblo, aunque él sea uno de los santuarios de mi nostalgia.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: david
Fecha: 28/10/2008 00:07.








