Crisis, crisis, crisis...

Crisis. Es la palabra más leída o escuchada en el último año. Abres el periódico, escuchas la radio, miras la televisión, y un día sí y otro también se habla del preocupante aumento de la cifra de parados, de las empresas en quiebra o con regulación de empleo, de las dificultades para pagar las hipotecas o cualquier otro crédito, de poder llegar a fin de mes… Todo está negro muy negro. También en los mercados y en las tiendas la palabra crisis está a la orden del día. Esta mañana he salido a comprar en el mercadillo de venta ambulante de los miércoles, y cómo no, alguien hablaba de la crisis. El dueño del puesto de frutas comentaba que suele viajar a Valencia cada viernes y que hasta hace poco era normal el salir por la noche con otros conocidos a tomar unas copas. Ahora ya no –decía. Ahora todos tienen una excusa para no salir. Y como siempre suele haber un optimista, o alguien con ganas de llevar la contraria, o de defender la postura del Gobierno que hasta hace nada quería hacernos comulgar con ruedas de molino, una señora se empeñaba en defender su postura. "No es para tanto" decía. "Sólo quieren meternos miedo. ¿No veis como la gente sigue viajando por todo el mundo? Mira si había españoles en Tailandia. Si viajan es porque tiene dinero" Claro que hay gente que tiene dinero. La crisis hace que los ricos tengan menos dinero, pero siguen siendo ricos. Lo malo es que los pobres son ahora cada vez más pobres, pero pobres de solemnidad. Todavía estoy impresionada con un reportaje de la televisión en el que se hablaba de cómo la gente se pelea por coger los alimentos que cada noche tiran a la basura los empleados de los supermercados. Ya no se trata de indigentes como hasta ahora, ni se trata sólo de inmigrantes. Dicen que hay muchos españoles, amas de casa, gente desempleada, buscando algo para sobrevivir. Y si vemos lo que ocurre en los países del Tercer Mundo, ni te digo. ¿Quiénes son los culpables de este tremendo desaguisado? ¿Quizás gente que ha buscado enriquecerse a cualquier precio? ¡No tienen perdón! Deberían pagar muy caro por ello para que sirviese de escarmiento. Pero, por desgracia, en este mundo injusto en el que nos ha tocado vivir, ellos se salvan del naufragio y son otros, los de siempre, los que se hunden.
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