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Se orinó en los pantalones

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En bastantes ocasiones durante mis casi cuarenta años de profesión como maestra ocurrió que alguno de mis alumnos de ambos sexos se hizo pipí en los pantalones mientras estábamos en clase. Algunas veces la causa era que el sujeto del desgraciado accidente tenía algún problema de retención y entonces no le daba tiempo de pedir el correspondiente permiso para ir al servicio. En la mayoría de los casos sin embargo pasaba porque los pequeños diablillos no hacían caso a las indicaciones de la profesora en el sentido de que debían aprovechar el tiempo de recreo para hacer sus necesidades. Absorbidos por el juego, olvidaban la norma y sucedía, que al momento de entrar en clase, sentían la necesidad urgente de orinar. La situación cambiaba según fuese el carácter del alumno. Los había que no se cortaban un pelo, y pedían salir una y otra vez aunque la profesora no les mirase con buena cara, hasta que al final, aunque sólo fuese por aburrimiento, lograban el suspirado permiso. Pero había también alumnos tan tímidos que ante el temor al reniego aguantaban en silencio hasta que se producía el desastre. Porque eso era: un desastre. La cara del "reo" enrojecía como un tomate y la profesora tenía que hacer uso de su autoridad para evitar las burlas y las risas del resto de los compañeros. He de confesar que yo lo pasaba mal al observar el sufrimiento que acarreaba el percance y trataba de quitar importancia a lo sucedido. Pocas fueron las veces que pudo atribuirse el percance al miedo y me alegro por ello.

Hoy he leído la noticia de la reciente detención de Aitzol Iriondo, considerado como actual jefe militar de ETA. Según la agencia de noticias Vasco Press, el etarra se orinó en los pantalones tras ser arrestado. Lejos de producirme risa la noticia, pienso que por primer vez podemos descubrir en el terrorista a un hombre que tiene miedo. Hasta ahora me habían parecido solo máquinas de matar carentes de todo sentimiento. El terrorista ha tenido miedo como cualquiera de las personas inocentes que han caído en su poder y a las que han asesinado sin piedad.

Esto me ha hecho llegar a una conclusión optimista: Ellos también tienen miedo ¡No son invencibles!

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