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Soltando lastre

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"Siempre ve la botella medio llena". Es frecuente escuchar o decir esta expresión al referirnos a una persona que enfrenta la vida con optimismo. Yo fui una persona así hasta no hace mucho tiempo. A pesar de haber coronado cumplidamente los cincuenta estaba llena de proyectos. Muy ocupada con mi profesión y con las tareas propias del ama de casa, de esposa y madre, siempre albergaba la ilusión de que me quedaban por delante largos años que vivir y muchos proyectos que realizar. Entonces llegó la larga y dolorosa enfermedad de mi marido que exigía todo mi cariño y mis cuidados y esos proyectos, acariciados durante años, quedaron aparcados sin ponerles fecha de iniciación. "Esto para cuando pueda" "Ya se verá" - me decía.

Cuando hace ahora un año llegó la difícil hora de su marcha, mi corazón quedó tan dolorido que no tenía fuerzas mas que para tratar de lamerme las heridas, y los proyectos siguieron quietos, a la espera de tiempos mejores. Pero la superación del duelo se alarga y mi estado de salud ha empeorado más de lo que sería mi deseo. A la espera de una intervención que pueda mejorar mi situación actual, intervención que se está haciendo esperar mucho, demasiado diría yo, soy consciente de que he empezado a ver la botella medio vacía, y de que esos proyectos que tanto me ilusionaban han perdido una buena parte de su interés. No es bueno, lo sé, pero no he podido evitarlo.

Una de estas largas tardes de forzado reposo en el sofá, sentí el mordisco de la nostalgia y coloqué junto a mí la gran caja que guarda las incontables fotos que no llegaron a ser colocadas en el álbum familiar porque nunca quedó tiempo para ello.

Recordé mi infancia y mi juventud. Contemplé con inmenso amor las fotos de mis hijos, muchas en las que aparecían como unos preciosos bebés y otras en las que se les ve convertidos en los adultos que ya son. Vi a mi marido y a mis padres, a los que ya no puedo besar porque se fueron, a mis hermanos, a mis familiares y amigos, algunos de los cuales no veo desde hace largo tiempo, a mis alumnos antiguos, hoy ya padres de familia, y a los más recientes, todavía niños, incluidos los del año de mi jubilación. Reviví momentos importantes de nuestra familia y anécdotas divertidas o curiosas que habían quedado en el olvido.

Entre los papeles y fotografías aparecieron dos folios escritos a máquina, fechados en el año 1968, que contenían información sobre la enfermedad y muerte de la Madre Mercedes Castanedo, una religiosa perteneciente a la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús que era la responsable de las alumnas internas del colegio de Valladolid en el que realicé mis estudios. Murió de cáncer cuando todavía no había cumplido los cuarenta años de edad.

Quizás fuese la persona que más influyó en mi durante los siete años que permanecí en el internado. La recuerdo con sus hermosos ojos castaños, andando con garbo por los pasillos de aquel gran edificio, consolando o amonestando, según tocase. Era alegre y cercana, con una fe profunda en Dios.

"Acepto todo y me entrego a ti, Dios mío. Sé que un día resucitaré. Sé que mi Salvador vive". Eso fue lo último que escribió en su libreta de apuntes el 9 de septiembre de 1967, ocho meses antes de su muerte.

¡Capó!

Pero esta lectura produjo en mí una reacción muy especial. De repente me encontré pensando en mi diario, en todos los pensamientos, sentimientos y emociones que día tras día desparramé entre sus páginas, en las libretas y papeles desperdigadas aquí y allá, con retazos de mi vida personal y familiar, en los relatos y poesías que un día me salieron del corazón y que alguna vez, ingenua de mí, soñé ver reproducidas con letra de imprenta en alguna librería. Y de repente, no sé bien cómo fue, decidí que no quería que nadie pudiese traspasar un día la puerta de mi intimidad. Así que a la mañana siguiente, después de revisar uno por uno los cajones de mi hogar, me dirigí con todos los cuadernos y cuartillas que había emborronado a través de los años entre mis brazos al corral de la parte trasera de mi casa. Al cabo de un rato todo estaba convertido en cenizas.

En algún momento pensé que me dolería. No ha sido así. Ahora mismo siento como si mi vida fuese un viaje en globo en el que es necesario ir soltando lastre.

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gravatar.comAutor: SIAB-MiPrincesaAzul

Por asares del destino me he topado con tu blog... esta lleno de sentimientos y vida...lleno de esperanza y FE...Lleno de amor.... Gracias por escribir y por demostrar q a pesar de todo la vida sigue porque nos tiene algo preparado.. algo muy particular y debe ser bueno....Si debe ser bueno porque lo ha preparado Dios para nosotros.
Gracias!!

Fecha: 31/12/2008 00:25.


gravatar.comAutor: Blanca

También me he topado con tu blog por azar y...no daba crédito... parecía que estabas describiendome. Aún no he coronado los 50 y no teníamos hijos, pero a mi esposo y a mi siempre nos recriminaban que estábamos llenos de proyectos y que vemos la botella medio llena.
Es muy reciente y aún estoy lamiendo mis heridas pero confío mucho en que la fe pueda ayudarme. Me da pena que hayas quemado tus escritos pero si sientes que hacía falta enhorabuena por tu valentía. Gracias por tu reflexión, es hermosa. Ojalá ahora sea por fin el momento para que empieces nuevos proyectos. Ánimo.

Fecha: 05/09/2010 12:48.


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