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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008.

Crisis, crisis, crisis...

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Crisis. Es la palabra más leída o escuchada en el último año. Abres el periódico, escuchas la radio, miras la televisión, y un día sí y otro también se habla del preocupante aumento de la cifra de parados, de las empresas en quiebra o con regulación de empleo, de las dificultades para pagar las hipotecas o cualquier otro crédito, de poder llegar a fin de mes… Todo está negro muy negro.

También en los mercados y en las tiendas la palabra crisis está a la orden del día.

Esta mañana he salido a comprar en el mercadillo de venta ambulante de los miércoles, y cómo no, alguien hablaba de la crisis. El dueño del puesto de frutas comentaba que suele viajar a Valencia cada viernes y que hasta hace poco era normal el salir por la noche con otros conocidos a tomar unas copas. Ahora ya no –decía. Ahora todos tienen una excusa para no salir.

Y como siempre suele haber un optimista, o alguien con ganas de llevar la contraria, o de defender la postura del Gobierno que hasta hace nada quería hacernos comulgar con ruedas de molino, una señora se empeñaba en defender su postura. "No es para tanto" decía. "Sólo quieren meternos miedo. ¿No veis como la gente sigue viajando por todo el mundo? Mira si había españoles en Tailandia. Si viajan es porque tiene dinero"

Claro que hay gente que tiene dinero. La crisis hace que los ricos tengan menos dinero, pero siguen siendo ricos. Lo malo es que los pobres son ahora cada vez más pobres, pero pobres de solemnidad.

Todavía estoy impresionada con un reportaje de la televisión en el que se hablaba de cómo la gente se pelea por coger los alimentos que cada noche tiran a la basura los empleados de los supermercados. Ya no se trata de indigentes como hasta ahora, ni se trata sólo de inmigrantes. Dicen que hay muchos españoles, amas de casa, gente desempleada, buscando algo para sobrevivir. Y si vemos lo que ocurre en los países del Tercer Mundo, ni te digo.

¿Quiénes son los culpables de este tremendo desaguisado? ¿Quizás gente que ha buscado enriquecerse a cualquier precio? ¡No tienen perdón! Deberían pagar muy caro por ello para que sirviese de escarmiento. Pero, por desgracia, en este mundo injusto en el que nos ha tocado vivir, ellos se salvan del naufragio y son otros, los de siempre, los que se hunden.

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03/12/2008 14:20 elalmaalaire Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Se orinó en los pantalones

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En bastantes ocasiones durante mis casi cuarenta años de profesión como maestra ocurrió que alguno de mis alumnos de ambos sexos se hizo pipí en los pantalones mientras estábamos en clase. Algunas veces la causa era que el sujeto del desgraciado accidente tenía algún problema de retención y entonces no le daba tiempo de pedir el correspondiente permiso para ir al servicio. En la mayoría de los casos sin embargo pasaba porque los pequeños diablillos no hacían caso a las indicaciones de la profesora en el sentido de que debían aprovechar el tiempo de recreo para hacer sus necesidades. Absorbidos por el juego, olvidaban la norma y sucedía, que al momento de entrar en clase, sentían la necesidad urgente de orinar. La situación cambiaba según fuese el carácter del alumno. Los había que no se cortaban un pelo, y pedían salir una y otra vez aunque la profesora no les mirase con buena cara, hasta que al final, aunque sólo fuese por aburrimiento, lograban el suspirado permiso. Pero había también alumnos tan tímidos que ante el temor al reniego aguantaban en silencio hasta que se producía el desastre. Porque eso era: un desastre. La cara del "reo" enrojecía como un tomate y la profesora tenía que hacer uso de su autoridad para evitar las burlas y las risas del resto de los compañeros. He de confesar que yo lo pasaba mal al observar el sufrimiento que acarreaba el percance y trataba de quitar importancia a lo sucedido. Pocas fueron las veces que pudo atribuirse el percance al miedo y me alegro por ello.

Hoy he leído la noticia de la reciente detención de Aitzol Iriondo, considerado como actual jefe militar de ETA. Según la agencia de noticias Vasco Press, el etarra se orinó en los pantalones tras ser arrestado. Lejos de producirme risa la noticia, pienso que por primer vez podemos descubrir en el terrorista a un hombre que tiene miedo. Hasta ahora me habían parecido solo máquinas de matar carentes de todo sentimiento. El terrorista ha tenido miedo como cualquiera de las personas inocentes que han caído en su poder y a las que han asesinado sin piedad.

Esto me ha hecho llegar a una conclusión optimista: Ellos también tienen miedo ¡No son invencibles!

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09/12/2008 15:38 elalmaalaire Enlace permanente. Retazos No hay comentarios. Comentar.

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Cartas a Dios

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Hace dos o tres días escuché una noticia curiosa primero a través de internet y después en la televisión.

En las oficinas de Correos de Jerusalén se reciben muchas cartas dirigidas a Dios. Los remitentes le piden en ellas las cosas más variadas. Desde aquellos que están pasando dificultades económicas y solicitan su ayuda hasta el que le pide perdón porque durante su estancia en un hotel arrampló con un albornoz propiedad del establecimiento.

El precio de los sellos de las misivas ronda los tres euros. Quieren que esas cartas sean colocadas en el Muro de las Lamentaciones, la pared del antiguo Templo en la que muchos judíos apoyan su frente mientras desgranan sus oraciones a Dios.

La noticia me ha hecho sonreír. En estos tiempos en el que tantos progres se emplean a fondo para enterrar a Dios y tratan de ridiculizar a los creyentes, sigue habiendo mucha gente que siente en su interior la necesidad de ponerse en contacto con Él.

Lo que parecen desconocer los autores de estas cartas - a no ser que tengan la fe judía, en cuyo caso no tengo nada que decir y cuentan con todo mi respeto- son las palabras que Jesús dirigió a la mujer Samaritana en el encuentro que tuvieron junto al pozo de Jacob, mientras sus discípulos iban a la aldea de Sicar a comprar comida.

-" Señor, veo que eres profeta" -dijo la mujer. "Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio vosotros, los judíos, decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto a Dios".

-" Créeme mujer" - le respondió Jesús- " está llegando la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que para dar culto al Padre no tendréis que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Ha llegado la hora en que los que rinden verdadero culto al Padre lo adoran en espíritu y en verdad…"

Basta con buscar en nuestro interior para poder encontrarnos con Él. En nuestra habitación, en el silencio de la montaña, en la orilla del mar, en la inocencia de un niño, en la belleza de una flor… Así lo creo.

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Soltando lastre

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"Siempre ve la botella medio llena". Es frecuente escuchar o decir esta expresión al referirnos a una persona que enfrenta la vida con optimismo. Yo fui una persona así hasta no hace mucho tiempo. A pesar de haber coronado cumplidamente los cincuenta estaba llena de proyectos. Muy ocupada con mi profesión y con las tareas propias del ama de casa, de esposa y madre, siempre albergaba la ilusión de que me quedaban por delante largos años que vivir y muchos proyectos que realizar. Entonces llegó la larga y dolorosa enfermedad de mi marido que exigía todo mi cariño y mis cuidados y esos proyectos, acariciados durante años, quedaron aparcados sin ponerles fecha de iniciación. "Esto para cuando pueda" "Ya se verá" - me decía.

Cuando hace ahora un año llegó la difícil hora de su marcha, mi corazón quedó tan dolorido que no tenía fuerzas mas que para tratar de lamerme las heridas, y los proyectos siguieron quietos, a la espera de tiempos mejores. Pero la superación del duelo se alarga y mi estado de salud ha empeorado más de lo que sería mi deseo. A la espera de una intervención que pueda mejorar mi situación actual, intervención que se está haciendo esperar mucho, demasiado diría yo, soy consciente de que he empezado a ver la botella medio vacía, y de que esos proyectos que tanto me ilusionaban han perdido una buena parte de su interés. No es bueno, lo sé, pero no he podido evitarlo.

Una de estas largas tardes de forzado reposo en el sofá, sentí el mordisco de la nostalgia y coloqué junto a mí la gran caja que guarda las incontables fotos que no llegaron a ser colocadas en el álbum familiar porque nunca quedó tiempo para ello.

Recordé mi infancia y mi juventud. Contemplé con inmenso amor las fotos de mis hijos, muchas en las que aparecían como unos preciosos bebés y otras en las que se les ve convertidos en los adultos que ya son. Vi a mi marido y a mis padres, a los que ya no puedo besar porque se fueron, a mis hermanos, a mis familiares y amigos, algunos de los cuales no veo desde hace largo tiempo, a mis alumnos antiguos, hoy ya padres de familia, y a los más recientes, todavía niños, incluidos los del año de mi jubilación. Reviví momentos importantes de nuestra familia y anécdotas divertidas o curiosas que habían quedado en el olvido.

Entre los papeles y fotografías aparecieron dos folios escritos a máquina, fechados en el año 1968, que contenían información sobre la enfermedad y muerte de la Madre Mercedes Castanedo, una religiosa perteneciente a la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús que era la responsable de las alumnas internas del colegio de Valladolid en el que realicé mis estudios. Murió de cáncer cuando todavía no había cumplido los cuarenta años de edad.

Quizás fuese la persona que más influyó en mi durante los siete años que permanecí en el internado. La recuerdo con sus hermosos ojos castaños, andando con garbo por los pasillos de aquel gran edificio, consolando o amonestando, según tocase. Era alegre y cercana, con una fe profunda en Dios.

"Acepto todo y me entrego a ti, Dios mío. Sé que un día resucitaré. Sé que mi Salvador vive". Eso fue lo último que escribió en su libreta de apuntes el 9 de septiembre de 1967, ocho meses antes de su muerte.

¡Capó!

Pero esta lectura produjo en mí una reacción muy especial. De repente me encontré pensando en mi diario, en todos los pensamientos, sentimientos y emociones que día tras día desparramé entre sus páginas, en las libretas y papeles desperdigadas aquí y allá, con retazos de mi vida personal y familiar, en los relatos y poesías que un día me salieron del corazón y que alguna vez, ingenua de mí, soñé ver reproducidas con letra de imprenta en alguna librería. Y de repente, no sé bien cómo fue, decidí que no quería que nadie pudiese traspasar un día la puerta de mi intimidad. Así que a la mañana siguiente, después de revisar uno por uno los cajones de mi hogar, me dirigí con todos los cuadernos y cuartillas que había emborronado a través de los años entre mis brazos al corral de la parte trasera de mi casa. Al cabo de un rato todo estaba convertido en cenizas.

En algún momento pensé que me dolería. No ha sido así. Ahora mismo siento como si mi vida fuese un viaje en globo en el que es necesario ir soltando lastre.

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En lo más profundo de todo ser humano late el deseo de alcanzar la felicidad. Sin embargo son muchos los que la han buscado o la buscan en el lugar equivocado.

Hace más de 2000 años un niño recién nacido en la humildad de un pesebre, nos trajo las pistas para encontrarla. Sólo es posible llegar a ella siguiendo la senda del amor.

¡Feliz Navidad, amigos!

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