Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.

05/02/2008

¡Viva San Roque y el perrín!

20080205211933-roque.jpg

Mi padre fue el más pequeño de todos sus hermanos, llevándose bastantes años de diferencia con el hermano anterior. A la familia le vino un " tardanico", como se dice por estos pagos. Yo también he sido la menor de mi casa. Esto, ha sido la causa de que haya sucesos familiares desconocidos por mí, y algunos otros de los que no me enteré hasta hace no muchos años. Ahora que nos vamos haciendo mayores, con frecuencia nos vienen a la memoria recuerdos de la niñez. Esa niñez preñada de nostalgia a la que habremos ido adornando con detalles que, casi seguro, han alejado un poco la realidad de lo que nosotros recordamos. ¡Ay, esa infancia, que nos parece lo mejor de toda nuestra vida…!

Mi hermana, cinco años mayor que yo, recuerda bastantes cosas de las que yo nunca oí hablar, o que quizás por tener menos años que ella, ya las he olvidado. Pero por una vez, hoy le guardo una sorpresa. Sé algo que ella ignora. Ayer me llamó por teléfono mi prima María, una mujer a punto de cumplir los 94 años. Se interesaba por mi salud y a la vez quería saber cómo llevaba la ausencia de mi marido. Tuvimos una larga conversación. Durante muchos años me costó un gran esfuerzo acostumbrarme a tutearla porque ella tenía los mismos años que mi madre. Es la hija mayor del hermano mayor de mi padre y yo soy la menor del mío. Soy por tanto la más joven de todos los primos, varios de ellos ya muertos por su avanzada edad.

Pertenezco a una familia humilde. Mi abuelo era pastor y también lo fueron sus hijos. Así que puede decirse que no tenían una residencia fija, sino que cambiaban de pueblo según dónde viviera el amo que los contrataba. Mi padre se quedó huérfano de padre a los ocho años pero, antes de ocurrir la desgracia, debieron de residir durante algún tiempo en un pueblo cercano al mío llamado Almazul, cosa que yo desconocía. Y aquí viene la anécdota. Yo sabía que a mi padre le llamaban "el ferroviario," porque cuando se casó, recién acabada la guerra, volvió a mi pueblo y trabajó durante años en el mantenimiento del ferrocarril, hasta que por motivos de su trabajo nos trasladamos a Zaragoza cuando yo tenía alrededor de los doce años. Lo que nunca llegué a saber es que mi padre había tenido otro mote del que nadie nos habló.

Sucedió la cosa en Almazul, para las fiestas de San Roque. Sacaron al Santo sobre su peana, con el perro a sus pies, y fueron recorriendo en procesión las calles del pueblo. (Por cierto, siento curiosidad por saber el por qué de la compañía del animal.) Durante el recorrido, la gente, yo me imagino que sobre todo las mujeres porque solemos ser más espontáneas, se dirigían al Patrón en voz alta con sentidos piropos: ¡Viva San Roque! ¡Viva! ¡Que San Roque nos proteja! ¡Así sea! Una, otra, y otra vez. Hasta que de pronto mi abuela gritó: ¡Viva San Roque y el perrín!

A la gente le hizo tanta gracia la salida, que desde aquel día con Perrina se quedó. Y ¿cómo se le llamaría al hijo de la Perrina? Perrín, claro que sí. ¡Ojalá viviera todavía mi padre para poder hablar con él sobre este sucedido recién descubierto!

Nunca me hubiese imaginado que yo fuera una Perrina. ¡Ja,ja,ja!

05/02/2008 21:20 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos Hay 2 comentarios.

12/02/2008

Yako y los gatos

20080212220959-perro-y-gato.gif

Llevo ya bastantes tardes saliendo a andar con mi perro Yako. Tantos meses sin apenas moverme de casa debido a la enfermedad de mi marido, casi han conseguido que olvidara cómo se camina, y mi columna vertebral, sobre todo la zona lumbar, está hecha una verdadera pena. A veces tengo dudas sobre mi posible recuperación. Quizás me quedaré así mientras viva.

Vamos por el camino ancho, tantas veces recorrido a lo largo de los años. Una vez que hemos cruzado la carretera, verdaderamente peligrosa por el enorme tráfico, suelo soltarle la cadena y él corre feliz por delante de mí, revolcándose sobre la verde hierba de los ribazos. Al principio íbamos por la ruta familiar a puro de tanto recorrerla. Dejábamos a un lado el camino principal y continuábamos nuestro agradable paseo por senderos estrechos, que lindan con algunos campos de viñas desnudas y con otros de color pardo, recién labrados. Silenciosos los dos. Pensativa la dueña, olisqueándolo todo, yendo y viniendo el animal.

Una tarde, el viento me impidió oír los balidos de las ovejas que me avisan siempre de la cercana presencia del rebaño. Sólo escuché las voces broncas de un hombre, y entonces empecé a correr. Sin que lo hubiese advertido, mi perro había subido ribazo arriba. Cuando llegué, éste era el panorama: las ovejas, asustadas, se habían ido corriendo y estaban agrupadas en el lugar más alejado de la finca. Desde allí, miraban asustadas lo que sucedía en la parte opuesta del lugar. Y allí estaba Yako moviéndose entre los perros, olisqueándolos con curiosidad, mientras éstos se encontraban en una difícil disyuntiva. Defender valientemente al rebaño como era su obligación, o salir pitando de allí para alejarse de aquel congénere que al lado de ellos parecía un gigante. Y el pastor gritando para poner orden en aquella desbandada. Até al perro, me disculpé por lo ocurrido y nos fuimos de allí. Ya no hemos vuelto por aquel lugar. Ahora torcemos a la izquierda del camino para seguir por otro transversal que salva el paso de las vías del tren por medio de un paso elevado recientemente construido. En los días que llevamos andando por el nuevo recorrido, hemos visto varios gatos, enormes, con pinta de estar bien alimentados. No sé si se tratará de animales asilvestrados o pertenecerán a alguna de las granjas cercanas. El primer tropiezo de Yako con uno de ellos terminó con el animal trepando rápidamente a lo alto de un árbol corpulento. Una vez libre del peligro, miraba tranquilamente a mi perro que daba vueltas alrededor. "No me cogerás" - parecía decir. Desde aquel día, cuando pasamos por allí, mira siempre, esperando tropezarse con él.

Esta tarde íbamos tranquilamente, el perro atado con su correa y, al llegar a lo alto del paso elevado, justo cuando iba a empezar el muro de protección, Yako ha retrocedido un poco, mientras olisqueaba y miraba hacia el borde de la cuneta con gran atención. Me he vuelto para mirar. No veía nada, pero él no bajaba la guardia, hasta que he visto una bola redondeada, que muy bien podía confundirse con una piedra. Pero, no. ¡Era un gato! El mismo u otro, eso no lo sé, pero sí que era un hermoso animal.

¿Quién me habrá mandado a mí hacer la mención de agacharme y coger una pequeña piedra para espantarlo? El gato ha salido disparado, y tras él Yako que me ha dado un enorme tirón y se ha soltado de mi mano llevando arrastras su correa. Los dos han descendido como flechas por la pendiente rampa de losas y cemento que baja hasta el borde de las vías.

Mi corazón ha empezado a latir como alocado. ¡Dios mío! ¡Que no pase ningún tren! He gritado como una loca pronunciando su nombre invadida por sentimientos contrarios. Había a la vez en mi voz rabia y amor. Al fin, ha aparecido. Había perdido a su presa, como le pasaba en verano cada vez que descubría algún corzo, cuando caminábamos por la pista forestal que serpentea monte arriba hacia la Tonda.

No podía subir. Sus patas se resbalaban una y otra vez sobre las pulidas piedras de la pendiente. ¡Arriba Yako! ¡Sube! Lo ha intentado después por el estrecho canalillo que sirve como desagüe del paso elevado durante los días de lluvia. ¡Y tampoco! Al fin ha buscado la parte cubierta de hierbas y matorral y ha logrado llegar a mi lado. Me miraba. Sabía que había hecho algo malo. Yo he cogido rápidamente la correa y me he desahogado con él diciéndole mil insultos ¡Mal perro! ¿No te da vergüenza? ¡Hacerme a mí esto! ¡No te sacaré más!

Hemos hecho el camino de ida en silencio y yo casi medio en volandas, casi arrastrada por él. Luego a la vuelta, ya más tranquilos, al levantar la vista hacia la distancia, he visto algunos almendros que empiezan a florecer. La savia se agita ya en el corazón de las plantas y el campo barrunta la llegada de la primavera. Dos aviones van dejando en el cielo su estela dorada por el sol del atardecer. Durante unos segundos parece que van a chocar en el aire, pero se trata tan solo de una ilusión óptica. Al momento las estelas se cruzan y los dos pájaros de acero siguen su ruta por el camino invisible allá en lo alto.

12/02/2008 22:10 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos No hay comentarios. Comentar.

14/02/2008

¡Siempre te amaré!

20080214121251-ramos-rosas-rojas.jpg

 

Hoy es San Valentín. Y yo no dejo de pensar en ti. No podré besarte, ni tomar tus manos entre las mías. Pero sé muy bien que desde el sitio en el que estés, que yo me imagino cercano, recibirás mis palabras de amor y tú me enviarás las tuyas.

¿Recuerdas, amor mío? El tiempo se acababa. Quizás por eso, vivíamos momentos de una intimidad muy especial.

- Te quiero mucho - me decías una y otra vez.

- Yo también te quiero. ¡ Mucho! ¡Mucho!

- ¿Qué sería de mí sin ti?

- No te preocupes, estoy aquí, cariño.

- Cuando me muera nunca me olvidaré de ti.

- Yo tampoco podré olvidarte. Eres mi hombre. El dueño de todos mis besos de amor.

Tenías inquietudes. Querías saber cómo sería el otro lado y yo no sabía darte certezas.

- Yo no sé cómo será. Pero será bueno. Un Padre quiere para sus hijos lo mejor. Será un sitio con mucho amor.

Tú te callabas. Yo también. Y venía un prolongado silencio. Hubiera querido poder leer dentro de ti.

- Háblame - le decía.

- No te lo creerás, pero no me quedan fuerzas para hablar.

Claro que lo creía. Y miraba hacia otro lado para disimular mis lágrimas.

¿Sabes? No lloro mucho. Puede decirse que acompañarte durante tu largo sufrimiento casi acabó con mi llanto. Pero estoy llena de recuerdos. Recuerdos que en su mayoría guardo para mí  sola como el más precioso tesoro.

¡FELICIDADES AMOR!

14/02/2008 12:14 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos No hay comentarios. Comentar.

23/02/2008

Un día distinto

20080223010203-pilar1.jpg

Todavía sigo de médicos. Parece el cuento de nunca acabar. "Esto es que me estoy haciendo vieja", les digo a mis hijos. Salimos de casa alrededor de las nueve de la mañana. Mi hija refunfuñaba porque no me había encontrado preparada cuando tocó al timbre. Yo estaba un poco mosqueada. ¿Cómo puede ser que haya hecho tarde si puse el despertador a una hora lo suficientemente temprana como para que me diese tiempo de hacer todo lo que se suponía que tenía que hacer sin tener que correr? (He descubierto la causa de mi retraso) La pila del despertador estaba a punto de gastarse, y el reloj llevaba un retraso de un cuarto de hora que me pasó totalmente desapercibido. ¡Con lo que me gusta ser puntual! En fin, así son las cosas.

Bajamos por la autopista para recuperar el tiempo perdido. Después de aparcar, mi hija se fue a sus ocupaciones a paso ligero y yo, bajé caminando por la Avenida César Augusto, sin prisa, como no lo hacía en mucho, mucho tiempo. Me crucé hacia la Plaza del Carbón y desde allí seguí por la calle Teniente Coronel Valenzuela. Hasta me tomaba tiempo para mirar las placas de las calles. Observaba el ir y venir de la gente, los locales comerciales, el imponente edificio que ocupa el final de la calle, con su fachada principal y su entrada por la calle del Coso. Incontables veces a lo largo de los años he pasado por allí, pero había olvidado a que organismo pertenecía el palacete. Es la sede del Banco de Santander. Tenía que ser algo así, me dije… Crucé el Coso y seguí por la calle Alfonso, convertida desde hace unos años en vía peatonal. Había tranquilidad a esas horas de la mañana. No tardas mucho tiempo en descubrir que la ciudad se ha vuelto multiracial: Gente del este de Europa, latinos, de raza negra… Al llegar a la Plaza del Pilar encontré un grupo de turistas asiáticos, muchos de ellos con la cámara fotográfica en la mano.

Están reparando la fachada. En esta enorme Basílica siempre hay algo que reparar. "Esto es más largo que la obra del Pilar"-  se suele decir para quejarse de la larga duración de una obra. Entré en el templo. Recordé a mi madre que siempre se dirigía a la primera capilla de la derecha donde se venera un Cristo crucificado que lleva en la cabeza pelo natural. Me acerqué hacia los bancos frente al altar de la Pilarica. ¡Cuánto tiempo sin verla! La miré, con su manto color malva y su corona brillante. Recordé cuando puse a mis hijos recién nacidos en manos de los infanticos para que los pasaran por el manto de la Virgen, deseando tenerlos de nuevo en mis brazos, por miedo a que los monaguillos sufrieran un tropezón en las estrechas escaleras que suben hasta el Camarín.

Y recé. Le recé por mi marido, presente a todas horas en mis pensamientos, y por cada uno de mis hijos… Entonces apareció un sacerdote para celebrar la Eucaristía y me fui. Necesito silencio para rezar. Besé la columna por la parte posterior del altar. Esa columna de la que dicen que los labios de miles y miles de personas han ido desgastando hasta formar un hueco en el mármol. Cuántas esperanzas, cuántos sufrimientos, cuántas alegrías descansarán allí junto a los incontables besos depositados en ella a lo largo de los años!

Salí. Las palomas caminaban nerviosas en busca de las migas de pan o los granos de maíz, y alzaban el vuelo, espantadas por la proximidad de un niño que corría tras ellas. Llegué hasta la cascada artificial, situada en la esquina izquierda de la enorme Plaza. Me dirigí al Paseo de Echegaray, junto a la ribera del Ebro. La sequía ha convertido al orgulloso río en un afluente, con grandes trozos del cauce al descubierto. Sólo hay en ellos arena, algunos hierbajos, y restos de madera arrastrados por el agua que se han quedado varados como viejas barcas. Caminé hacia la casa de mi hermana, cruzando la Plaza de Europa mirando a lo lejos los esqueletos de las obras de la Expo.

Me gustó el paseo. No hace mucho, con motivo de la próxima celebración del  2º Centenario de los Sitios de la ciudad de Zaragoza por las tropas francesas, durante la guerra de la Independencia, me animé a leer, de la obra de Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, la parte correspondiente a los Sitios de Zaragoza, que ya había leído hacía tiempo y que tenía olvidada en su mayor parte. Yo viví durante bastantes años en la calle Heroísmo, que supongo lleva ese nombre en recuerdo de aquellos valientes que dieron su vida por defender la ciudad, calle por calle, casa por casa. Me impresionó la lectura. Y los nombres de calles como San Agustín, Palomar, Manuela Sancho, las Eras, Barrio Verde, Tenerías… que más de una vez se nombran en la obra, eran para mí harto familiares. Así que un día, no sé cuando, visitaré la Zaragoza de mi juventud. Me pararé ante la casa en la que viví durante más de doce años, aunque ya no quede nada de ella, y recorreré despacio toda esa zona que hace doscientos años defendieron aquellos valientes.

Y me pregunto: ¿Seríamos nosotros ahora capaces de hacer otro tanto? Me temo que no.

23/02/2008 01:02 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos No hay comentarios. Comentar.

27/02/2008

Mamá no puede hacer yoga

20080227012308-bebemamando.jpg

He recibido un correo de una amiga. Traía un archivo. ¡Pero qué archivo! Ojalá pudiera compartirlo con vosotros. Al verlo, hace que te reconcilies con el mundo de internet, que como todo invento humano encierra una parte positiva y otra negativa, depende del uso que hagamos de él. Puede arrastrarnos hasta la parte más oscura del ser humano, facilita que una persona sin escrúpulos pueda delinquir, puede convertirnos en ludópatas en nuestra misma casa, provocarnos una adicción que haga que nos encerremos en nosotros mismos y nos convirtamos en unas personas individualistas, antisociales e insolidarias…

¡Ah! Cualquiera podría pensar al leer estas líneas que me he convertido en un ser negativo con ribetes apocalípticos. Y no es así. Internet tiene un montón de cosas buenas. Siempre recordaré la alegría que sentí la primera vez que fui capaz de meterme por mí misma en este mundo, que se me antojaba difícil y misterioso. Este mundo que nos permite conocer a personas de cualquier rincón del mundo, visitar museos, leer libros, escuchar música, escribir… y poder ver archivos como "Mamá no puede hacer yoga"

¡Qué cosa más dulce! Quizás alguno de los que leéis estas líneas ya hayais podido disfrutar de él. Para los que no lo hayan visto, trataré de explicarlo, aunque sea torpemente. No sé quien dijo: " Vale más una imagen que cien palabras" y en este caso al menos, resultará cierto.

Veréis. Comienza a sonar la música. La acción transcurre en una habitación de la casa, quizás en el cuarto de estar. Una mujer joven estira los brazos y se lanza al suelo para ponerse en la posición del pino. Después, apoya la cabeza en el suelo y va abriendo lentamente las piernas, mientras mueve graciosamente los pies. Un bebé se acerca gateando por el pasillo. Entra en la habitación y durante unos momentos observa a su mamá. A mamá se le va bajando la camiseta y va quedando a la vista, primero su cintura, luego parte del pecho… El bebé gatea hasta acercarse a ella y con una de sus manitas comienza a explorar la parte descubierta. Por fin aparece un seno. Lo toca, lo manosea, agarra el pezón, intenta llevárselo a la boca. ¡Intento fallido! Sigue observando. ¿Tal vez se haya dado por vencido? ¡Qué va! Hay que probar de nuevo. Juguetea de nuevo con el seno, lo menea, lo agarra, trata de inmovilizar ese pezón en movimiento… Ha llegado el momento decisivo. Se pone a rebuscar como cualquier cachorrillo, hasta que lo tiene en su poder. Entonces, acerca su carita al pecho de mamá, se acomoda un poco y allí se queda feliz, saboreando el tibio y preciado líquido…

Y yo me quedé contemplándolo arrobada, y con unas ganas enormes de comerme a besos a aquel bebé desconocido.

27/02/2008 01:27 Autor: elalmaalaire. Enlace permanente. Tema: Retazos No hay comentarios. Comentar.




El alma al aire

¡Bienvenid@! Me siento muy feliz de que estés en mi blog.

Temas

Archivos

Enlaces


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con iCities, 1001 relatos y el I Encuentro Rural de Blogs.]