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Hola y adiós

Llevo incomunicada del mundo de internet durante todo el mes de julio. Este año me es imposible establecer la conexión desde el pueblo en el que paso el verano. Sólo hoy, porque he tenido que desplazarme hasta mi domicilio habitual, he podido acceder a mi correo y a esta página. Pensaba que el mono del ordenador me resultaría insoportable de sobrellevar. ¡Pero no! Sí que sentí un poco de rabia los primeros días, pero sé por experiencia que no puede controlarse todo en la vida. Creo que hay un proverbio oriental que dice que el secreto de la felicidad se encuentra en la ausencia de deseos, puede que tenga razón. Tengo otras cosas que hacer. Disfrutar de la naturaleza, jugar con mi perro, pasear con la gente conocida, reírnos un poco de nuestros propios achaques y del considerable número de años que sumamos entre todos los jubilados que nos sentamos al atardecer en los bancos de la carretera a la entrada del pueblo, leer, hacer crucigramas y sudokus... Hablar por teléfono con mi familia, disfrutar de sus visitas, regar el pequeño rosal que coloqué junto a la tumba de mi marido, recordarlo todos los días porque él me dijo que se acordaría de mí... hablar con él, y seguir amándolo.
Mañana vuelvo otra vez a mi silencio forzoso. Los pueblos pequeños andan escasos de servicios.
¡Hasta la vista! ¡Feliz verano!










