Diario de una convaleciente

Me pregunto si alguien me habrá echado en falta durante este mes y medio de silencio forzoso. La blogosfera es tan inmensa que resulta difícil conseguir unos lectores fieles, todos lo sabemos. Pero, a pesar de ello, los que un día sentimos el impulso de expresarnos a través de la red, nos resistimos a dejar de hacerlo, aún a riesgo de no resultar nada más que "una pobre voz que clama en el desierto…" El día 16 de enero llegó, ¡por fin! Llevaba tanto tiempo esperando ese momento… Año y medio de infecciones de orina recurrentes a consecuencia de un prolapso. ¡Qué palabreja! Lo que aprende una cuando se pone en manos del médico como consecuencia de una enfermedad. Hablando a la pata a la llana, eso significa que mi vejiga, seguramente como consecuencia de mis cuatro embarazos se había rebajado del punto en el que debería estar, y por ello una pequeña cantidad de orina quedaba permanentemente estancada dentro, lo que me producía la infección. Pero no una infección ni dos. ¡Qué va! Una tras otra, hasta llegar a vivir con ella durante año y medio. Y todo por culpa de unos "profesionales" que no se atrevían a intervenir, pero que tampoco fueron nunca lo suficientemente sinceros para decirme: No hay garantías de éxito y no quiero hacerlo, pero pruebe usted con el Dr….. , o con el Dr…., que realizan estas intervenciones a menudo. ¡Bendito sea el Doctor Elizalde, al que casi descubrimos por casualidad a través de internet ¡Cuando aquel señor me confirmó que mi caso era de operar, sentí unas ganas desmedidas de besarlo, de cantar, y hasta de saltar y bailar, si mis partes bajeras me lo hubiesen permitido. Antes de pasar por admisión para hacer los pertinentes trámites de ingreso, entré un momento en la pequeña capilla. - ¿Qué te ha dicho tu Jefe? - me preguntó mi hijo en plan de chufla. - Me ha dicho que me quiere mucho - le contesté. Esa fue mi corta preparación espiritual ante las dificultades que pudieran presentarse. Esperé durante un rato en la habitación hasta que vinieron a buscarme para bajar al quirófano, y con un "hasta luego" que sonó francamente alegre me despedí de mi hermana y de mis hijos. El reloj colgado en una de las paredes del quirófano marcaba las siete menos veinticinco de la tarde. Los ayudantes y doctores, con sus batas verdes y sus mascarillas, iban y venían, conversando y haciendo chistes en lo que para ellos representaba solamente una rutina diaria. - Le pondremos anestesia epidural - me explicaron. Además le inyectaremos un sedante para que pueda permanecer tranquila. Y así, aproximadamente una hora más tarde, ya tuve conciencia de que el trabajo estaba terminado. - Todo ha ido muy bien - escuché medio adormilada la voz del cirujano. - ¡Dios mío, que hayan acertado! - fue mi corta plegaria. Pasé la noche en la UCI, porque según me dijeron estaría más controlada. He de reconocer que esas 24 horas no fueron una perita en dulce, en parte por mi alergia al Nolotil. Supongo que los calmantes que me administraron no resultaron todo lo efectivos que hubiesen podido ser debido a esa limitación. personal. A los tres días justos me enviaron a casa. Está claro que entre los objetivos de las Clínicas privadas no figura la caridad en primer lugar. Llegué a casa de mi hermana "hecha unos zorros", permítaseme la expresión. Cuando me miraba al espejo, una silueta blanca como la harina me devolvía una triste expresión, como si la sangre se hubiese escapado de mis venas hacia un destino desconocido. ¡Ah! Pero eso ya pasó. Cuidada como una reina por mi hermana del alma, por prescripción médica ya puedo andar. Recorro la Zaragoza de los Sitios en las fechas que coinciden con el Bicentenario de los mismos, hago incontables fotografías. Y ya me he planteado, tras la próxima revisión médica programada para el día 23 de febrero, dejar la ciudad y volver a mi pueblo. Eso sí, cumpliendo a rajatabla las indicaciones del médico. Después de tanto sufrimiento, durante aquellos largos días en los que llegué a pensar que no habría remedio para mí, me siento más viva y ¡muy, muy, muy feliz!
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Autor: Lídia
Me alegro que vayas notando mejoría. A veces es más lenta de
lo que debería,(como el caso de mi madre) pero lo importante es que siempre vaya a mejor.
Besos.
Fecha: 25/04/2009 11:17.
Autor: Toria
Fecha: 28/04/2009 17:24.
Autor: Consue
A veces es triste que para ver la vida hermosa, tenga que pasar algo grave para valorarla...
Me alegro por tí y por tu familia, que todo te salga super hoy y siempre.
Fecha: 19/05/2009 19:07.








