El diario

Da gusto tener amigos ¿verdad? Sobre todo en el caso de que te encuentres malita. Mi amiga Rosa llegó a verme una tarde con un envoltorio que tenía cierto parecido con un libro. - Toma - me dijo. Para que escribas poesía. - No lo sé - le contesté. Ya sabes que llevo mucho tiempo en dique seco. Y allí se quedó el diario ¡tan chulo él! Y mira por dónde. Durante mi convalecencia, casi todas las mañanas, metida en la cama, guardando fielmente mi correspondiente reposo, me he encontrado con el librito en una mano y el boli en la otra, y nunca me ha faltado un tema para escribir, aunque no se tratara de nada importante. Mi cabeza parecía una olla en continua ebullición: tenía planes, proyectos, ilusiones, deseos de mejorar, sueños… Y creo yo que es algo bueno. ¡Me siento viva! Y eso que hubo un tiempo no demasiado lejano en el que tuve mis dudas al respecto…
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