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En el Segundo Centenario de los Sitios

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Suelo entrar con frecuencia en la página web del Heraldo de Aragón. Esta tarde, he pinchado en el blog "Los desastres de la guerra" de Gervasio Sánchez, ese magnífico periodista que remueve nuestras conciencias con sus palabras y sus fotos, acercando hasta nuestra cómoda existencia los horribles atropellos cometidos en los incontables conflictos armados que sufre nuestra doliente Tierra.

He encontrado en él, un artículo sobre los Sitios de Zaragoza que me ha interesado mucho.

Con motivo del Segundo Centenario de los mismos, explica brevemente lo que fue aquel cruel enfrentamiento entre el ejército más poderoso del mundo y los habitantes de una ciudad de unos sesenta mil habitantes, la mayoría sin ningún conocimiento de las artes de la guerra, y su aguante durante los dos Sitios a los que se vio sometida, hasta que las epidemias y la superioridad de los atacantes consiguieron doblegar su valor.

Durante mi convalecencia, leí todo lo que cayó en mis manos sobre el tema, y cuando ya se me permitía pasear, dediqué dos tardes a buscar por la ciudad los rastros visibles relacionados con aquella contienda.

Miré con otros ojos La Aljafería; el mural que recuerda a la desaparecida Puerta Sancho; la iglesia del Portillo en el que reposan algunas de las heroínas: Agustina Zaragoza, conocida como Agustina de Aragón, Casta Álvarez y Manuela Sancho; el magnífico monumento en su honor, obra de Mariano Benlliure en la misma Plaza. La estatua ecuestre del General Palafox; el Noviciado de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en el que reposa el cuerpo de la Madre Rafols, que tan importante papel desempeñó en la atención de los heridos y enfermos del Hospital General de Nuestra Señora de Gracia. Un gran mural en el que aparecían los nombres de todas las puertas de la ciudad, de las que sólo la puerta del Carmen queda en pie; Santa Engracia y San Miguel de los Navarros. Paseé por la calle Heroísmo, muy querida por mí porque en mi juventud viví más de 10 años en ella, antes llamada La Quemada, por encontrarse junto a la puerta de ese mismo nombre; el Real Seminario de San Carlos, en el que se produjo una masacre al estallar el polvorín instalado allí; las iglesias de Santa Mónica y San Agustín, dentro de la cual se produjeron terribles combates cuerpo a cuerpo entre los contendientes de ambos bandos; la hermosa iglesia mudéjar de la Magdalena, en la que contraje matrimonio y bauticé a mi hija; el mural que recuerda la Puerta de Valencia y el otro de la Puerta del Sol; la Iglesia de San Cayetano, en cuyas proximidades colocaron recientemente una placa en recuerdo de María Blázquez, la mujer que encontró al Cristo de la Cama - alojado ahora en el interior de dicha iglesia - entre las ruinas del convento de San Francisco, y que, ayudada por varios hombres, trasladó la imagen hasta el Pilar. El Pilar, esperanza y refugio de cientos de personas que lo perdieron todo durante los Sitios; y el mural de la Puerta de Toledo; y el recuerdo de la Torre Nueva, desde donde se avisaba de la llegada de las tropas francesas; y el Palacio de los Gigantes, la actual Audiencia Provincial; y el Puente de Piedra, donde se levanta el pequeño monumento rematado por una cruz de piedra que recuerda el lugar en el que fueron fusilados por los franceses tras las capitulaciones, el padre Basilio Boggiero y el Cura Sas, cuyos cuerpos fueron arrojados al Ebro…

He aprendido mucho sobre los Sitios en estos días.

Quiero terminar, con una coplilla famosa que habla de aquellos tiempos y con una pregunta.

                                                               Adiós Zaragoza noble,

                                                                adiós sus ocho portales,

                                                                Tripería, la de Sancho

                                                                El Portillo y la del Carmen

                                                                Santa Engracia, La Quemada,

                                                                 La del Sol y la del Ángel.

Me emocionó sobremanera la contemplación de un cuadro de grandes dimensiones expuesto en el Palacio de Sástago, en una de exposiciones organizadas con motivo de la celebración del Segundo Centenario de Los Sitios. Fue el que lleva por título: "Los defensores de Zaragoza saliendo de la ciudad el día 21 de febrero de 1809", de Maurice ORANGE.

Sentí que las lágrimas arrasaban mis ojos.

Y ahí va mi pregunta: ¿Seríamos capaces lo zaragozanos de ahora de repetir una hazaña como aquella?

Tengo mis dudas. Pero por lo menos, sí creo que deberíamos conocer aquellos hechos y no olvidarlos nunca. Constituyen una condecoración extraordinaria para nuestra ciudad.

"La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo…. Pero, entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde".

Con estas palabras definió aquella hazaña Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales.

 

 

 

 

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