El deseo de la inmortalidad

En el fondo de todo ser humano anida el profundo deseo de que la vida no se acabe. Quisiéramos que la vida no tuviese fecha de caducidad. De niños y de jóvenes estamos llenos de esperanza. La vida se nos presenta como una larga carretera a la que no le vemos el final. Tenemos ilusiones, emociones que vivir, metas que conquistar... ¡Mejor no pensar en la muerte! En la edad adulta, cuando hemos conseguido algunos de nuestras metas y muchos sueños se quedaron hechos trizas por el camino, empezamos a ver a la muerte más de cerca. Se nos van los seres queridos, los amigos, los conocidos…Y aquella carretera que en nuestra juventud parecía no tener final empieza a desdibujarse en lontananza. Y, cada año que pasa, comprobamos que los límites se acortan de una forma más rápida y visible. Entonces, llegados a esta encrucijada, pocos habrá que no se hayan planteado en alguna ocasión esta pregunta: ¿Cuándo me tocará a mí? Y, ante ella, cada cual reacciona a su manera. Los hay que intentan encerrar ese pensamiento desagradable en lo más profundo de su corazón, tratando por todos los medios de mantenerlo allí amordazado, como si no existiera. Otros tratan de vivir la espera de este acontecimiento desde su fe, si la tienen, y los que no, la afrontan desde la convicción de que un día llegará la Señora de la Guadaña y será el fin de todo. Y por fin, hay otro grupo, cada día con más adeptos: son aquellos que antes de que llegue el momento, hacen las gestiones necesarias para que sus cuerpos, sean conservados a la espera de que la ciencia pueda devolverlos a la vida. Hace escasos días leí esta noticia. Hay ya empresas que, por el módico precio de 10 euros semanales, durante todo el tiempo que el difunto deje establecido, conservan su cuerpo en un depósito de nitrógeno líquido, a la espera del "milagro". ¿Puede ser que algún día la ciencia avance tanto que esté en condiciones de devolverles la vida y solucionar la enfermedad que les produjo la muerte? He imaginado ser yo una de esas personas "resucitadas" y he fantaseado un rato sobre lo que traería consigo esa posibilidad. Encontrarme con un mundo extraño, quizás inimaginable, sin tener a mi lado ninguna persona querida, o tan siquiera conocida… He llegado a la conclusión de que no podría sentirme feliz. Así que lo tengo claro. No voy a engrosar la lista de estas personas. Esperaré mi hora como lo hace la mayoría de los seres humanos. ¡Ojalá La Enemiga no se ensañe demasiado al llegar! Eso sí, espero vivir este acontecimiento con la bendita esperanza que un día anidó en mí.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Honestidad Brutal
La inmortalidad posiblemente sea el peor castigo que pudiese existir.. ;)
Fecha: 29/03/2009 22:35.








