Las buenas noticias

Cada día, ya abras el periódico, enciendas el ordenador, escuches la radio o veas la televisión, lo normal es enterarte de malas noticias: guerras, catástrofes naturales, accidentes mortales, asesinatos, robos, violencia de género, hambre, sida, gripe… Da la impresión de que vivimos en un mundo en el que todo es malo, tanto, que a veces una se levanta por la mañana preguntándose un poco asustada: ¿me tocará hoy a mí? Es cierto. La vida es dura y el que intente convencerse a sí mismo de que la vida es de color de rosa se equivoca. Pero, por suerte, no todo es malo. Hay muchas cosas buenas. Hay muchas personas desprendidas que actúan con el corazón en la mano y que la mayor parte de las veces pasan desapercibidas. Parece ser que esa clase de noticias interesa menos a los medios de comunicación y por eso no se publican. O quizás sea porque las mismas personas que hacen el bien prefieren no airear sus buenas obras por aquello de "Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha…" Gracias a Dios hay mucha buena gente en el mundo, aunque haga menos ruido que la mala. Esta reflexión viene a cuento de una noticia que he leído hoy en un medio de prensa. "Un mecánico de 56 años residente en el municipio de Arrecife, en la isla de Lanzarote, que tiene dos pisos vacíos, en un acto de generosidad que lo honra, los ha ofrecido para que sean ocupados de forma gratuita por dos familias necesitadas. Sólo pide a los ocupantes que se los cuiden bien y al ayuntamiento de la localidad que corra con los gastos de luz y agua". Ni que decir tiene que los afortunados casi no pueden creerse que esto les haya podido ocurrir a ellos que estaban pasando por una situación económica muy apurada. No muchos, y me incluyo a mi misma, hubiésemos sido capaces de hacer un acto semejante. Y por eso hoy, a ese hombre generoso del que ni siquiera conozco su nombre, yo quiero decirle: ¡Chapó!
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