La muerte andaba rondando

Hace unos días falleció la primera enferma de la gripe A en España. Se llamaba Dalilah, una joven marroquí de 19 años que estaba embarazada de 28 semanas. Tuvieron que extraerle al bebé mediante una operación de cesárea cuando los médicos llegaron a la conclusión de que no podían salvarle la vida. Ese bebé, al que su familia puso por nombre Rayan, fue acogido por todos, desde los trabajadores del hospital hasta los que nos enteramos de las circunstancias especiales de su nacimiento, con gran cariño. Fue como si con esa pequeña vida hubiésemos logrado un triunfo sobre la Enemiga que espera agazapada en cualquier rincón. Pero no ha durado mucho la alegría. Cuando todavía no se habían apagado los ecos de la noticia, estando presente y vivo el dolor de los familiares por la muerte de la joven madre, un error fatal nos ha arrebatado al pequeño, dejándonos el regusto amargo de la derrota. No habrá dinero en el mundo que pueda compensar a ese esposo y padre, joven e ilusionado, que en tan corto espacio de tiempo ha perdido todo lo que más quería.
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